Jerónimo Suñol

(Barcelona, 1840 - Madrid, 1902) Escultor español. Su formación se llevó a cabo en la Escuela de la Lonja y en el taller de Vallmitjana, actividades que simultaneó con el trabajo en un taller de imaginería y viajes por Roma y Florencia.

En 1864 presentó en la Exposición Nacional de Barcelona su obra Dante, escultura sobria y expresiva que ocupa por méritos propios un lugar relevante entre las obras significativas del Romanticismo español, que le valió la segunda medalla en la citada muestra y que fue adquirida por el Museo del Prado. En 1866 envió desde Roma las estatuas Petrarca e Himeneo, también de inspiración clasicista, por las que fue premiado en la Exposición Internacional de París con la primera medalla, con lo que se convirtió en uno de los primeros escultores de su tiempo.


Detalle del Monumento a Cristóbal Colón

En 1867 obtuvo una beca para estudiar en Roma, donde pasó varios años; a su regreso a Barcelona se encontró con la terrible realidad de que había sido olvidado por el mundo artístico, así que decidió instalarse en Madrid de forma definitiva a partir de 1879; allí recibió varios encargos y realizó algunas obras de categoría, como el Monumento al Marqués de Salamanca o el de Cristóbal Colón, que se halla en la madrileña plaza del mismo nombre, en lo alto del pedestal realizado por Mélida.

Su ingente producción se halla repartida principalmente entre Madrid y Barcelona. Entre sus obras destacan el Sepulcro del General O´Donnell, que se halla en las Salesas Reales, las estatuas de los Apóstoles de la Iglesia de San Francisco el Grande y el frontón para el Palacio de la Biblioteca y Museos nacionales que se realizó bajo proyecto suyo.

Fue profesor en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y académico de la Real de Bellas Artes. Uno de sus discípulos, el también escultor Marinas, que fue su sucesor en la citada Academia, trazó una acertada semblanza moral y artística de su maestro en su discurso de ingreso, encomió de forma verdaderamente elogiosa las obras de un hombre que, a pesar de ser un gran escultor, no pudo encontrar su lugar en la época que le tocó vivir, y cuya obra, de auténtica calidad, pasó bastante ignorada ante el deplorable gusto de su época debido a sus afanes renovadores.