Dennis Tito

(Nueva York, 1940) Millonario estadounidense que fue el primer turista espacial de la historia. Dennis Anthony Tito nació el 8 de agosto de 1940 en Forest Hills, Queens, Nueva York, donde creció, en el seno de una familia de iletrados emigrantes italianos. Su padre era empleado de una imprenta, y su madre, costurera, por lo que el excéntrico y acaudalado turista espacial representa la personificación del llamado «milagro americano». Fue un niño despierto y muy aplicado en el estudio, pero también muy soñador y divertido.


Dennis Tito

Cursó los estudios secundarios en un instituto neoyorquino y, en 1962, se graduó en ingeniería astronáutica y aeronáutica por la Universidad de Nueva York, estudios que completó en 1964 con un máster en ingeniería científica en el Renssalaer Polytechnic Institute. A fines de aquel mismo año, su brillante expediente académico le permitió entrar a trabajar como ingeniero en el Caltech Jet Propulsory Laboratory de la NASA, en Pasadena, California, donde participó durante cinco años en proyectos como las sondas espaciales Mariner IV, que fotografió Marte por primera vez, la Mariner V, que viajó a Venus, o la Mariner IX, que consiguió rodear el planeta Rojo. Su trabajo específico consistía en calcular las trayectorias de las sondas.

Tito calibró en aquella época sus posibilidades de convertirse en astronauta, un sueño que acariciaba desde los diecisiete años, cuando en 1957 contempló por televisión el lanzamiento del Sputnik I soviético, que sería el primer satélite colocado en órbita. Pronto comprobó que muchos eran los llamados y pocos los elegidos. Le quedó una frustración, que precisamente borraría al cambiar de rumbo en su profesión.

A partir de los años setenta se dedicó a las finanzas, como consultor en Wall Street, trabajo que le convirtió en un hombre acaudalado. Aun así, a principios de 1972 fue reclamado de nuevo por la NASA para desarrollar nuevos cálculos en el análisis de los riesgos de despegue de cohetes.

A fines de aquel mismo año, decidido a hacerse multimillonario, creó un fondo de inversiones y fundó Wilshire Associates, una empresa de inversiones con sede en Santa Mónica, California. En 2001 administraba ya más de 95.000 millones de pesetas en activos y contaba con unos trescientos clientes fijos. Antes de cumplir los cuarenta años, ya había ingresado su primer millón de dólares.

En aquella época fue gerente de la Ópera de Los Ángeles y director de la Comisión de Agua y Energía de la misma ciudad. Se integró además en el Partido Republicano, donde se le asignó la función de recaudar fondos para las campañas electorales. Experto e investigador en mercados de riesgo, es mentor del índice bursátil Wilshire 5000, uno de los más relevantes para el seguimiento de la actividad bursátil y de las tendencias de la economía.

El sueño del multimillonario

Desde 1990 empezó a mostrar un deseo especial de viajar al espacio, ante la sorpresa de sus familiares y amigos, quienes estaban convencidos de que su buena posición económica y su ya avanzada edad le habrían hecho olvidarse de su sueño.

En 1991, durante un viaje de negocios a la Unión Soviética, se interesó por el llamado «programa de invitados», un plan para llevar civiles a la estación espacial Mir. Su sueño se vino abajo con la caída de Mijail Gorbachov y la consiguiente desmembración de la Unión Soviética. Sin embargo, en 2000, MirCorp, una sociedad holandesa que intentaba comercializar el acceso de civiles a la estación espacial rusa Mir, llegó a un acuerdo firmado con Tito, cuyo anhelo se vio de nuevo frustrado por la decisión de desmantelar cuanto antes la estación construida quince años antes.

Fallido el viaje a la Mir, los rusos le prometieron que lo llevarían a la estación Alpha. El módulo Alpha de la Estación Espacial Internacional (ISS) estaba habitado desde el 2 de noviembre de 2000 por tres cosmonautas, el ruso Yuri Usachev y los estadounidenses James Voss y Susan Helmes. La ISS es un proyecto en el que participan 16 países, con Estados Unidos como principal socio inversor.

Para ello, Tito llegó a un acuerdo con la agencia espacial rusa Rosaviakosmos (RKA). A pesar de que los rusos comprobaron que Tito era «listo y sabía absolutamente todo sobre tecnología espacial», su viaje se mantuvo en la cuerda floja por la oposición de Estados Unidos, el país que más invertía en la ISS. Sin embargo, Tito, haciendo caso omiso de las críticas que aparecían en los medios de comunicación estadounidenses, siguió durante varios meses su metódica preparación en el centro de entrenamiento de cosmonautas de la Ciudad de las Estrellas, cerca de Moscú, lo que le permitió encargarse de las comunicaciones cuando tripuló la nave Soyuz TM-32.

A última hora la NASA se opuso frontalmente a su deseo de viajar a la ISS en una nave rusa. No obstante, el empeño de Tito, la ayuda que le prestó en las negociaciones con la NASA su gran amigo el ex astronauta Edwin Aldrin y, sobre todo, la suculenta suma de dinero que acordó pagar a los rusos (20 millones de dólares) allanaron todos los obstáculos, y la agencia espacial estadounidense alcanzó un principio de acuerdo con la rusa.

De paseo por el espacio

El 28 de abril de 2001, la nave rusa Soyuz TM-32 despegó del cosmódromo de Baikonur, en Kazajstán, con el objetivo principal de reemplazar a la Soyuz TM-31. Nueve minutos más tarde la nave tripulada se separó del cohete portador y siguió hacia su destino, a unos 320 kilómetros sobre la superficie terrestre. Durante el trayecto, que duró dos días, Tito se mareó y vomitó, pero se mostró feliz, eufórico. «¡Jorosho! (‘¡bien!’)», dijo, el 1 de mayo, un Tito emocionado en la primera sesión de comunicaciones con el centro de control de vuelos de Rusia, en la ciudad de Kovaliov, cerca de Moscú.

Era el final de una larga lucha para lograr su sueño, pero también el principio de una nueva era en la historia aeroespacial. Tito fue, además, la segunda persona de mayor edad en viajar al espacio, tras el ex astronauta John Glenn, quien fue lanzado por segunda vez a los setenta y siete años de edad.

El 6 de mayo Tito aterrizó en la estepa de Kazajstán completamente eufórico: «Vengo del paraíso», enfatizó. Después, lanzó una manzana al aire y «comprobó» entusiasmado la fuerza de la gravedad, emulando el gesto de Isaac Newton en el siglo XVII. Se había movido a sus anchas en dos de los tres módulos de la ISS, habitada por una tripulación permanente de tres personas y por sus dos compañeros de viaje, los astronautas rusos Talgat Musabayev y Yuri Baturin. Su cámara fotográfica y sus siete discos compactos de ópera predilectos le acompañaron en esta experiencia única.

En la nave, Titov, como lo llamaban sus compañeros, se encargó de las comunicaciones, pero ocasionalmente hizo también de camarero y de cocinero. Todo un personaje que se mostró dispuesto a lo que fuera con tal de caer bien a los astronautas, que de hecho se convirtieron en sus amigos, no se sabe si interesados, dada la privilegiada posición económica de su pupilo.

Con su viaje espacial, Dennis Tito, un hombre ya mayor y de complexión física más bien normal (1,64 metros y 63 kilos), desmitificaba en buena medida la imagen de superhombres que proyectan los astronautas, y abría el camino para que otros civiles pudieran emularlo en un futuro próximo, si no inminente.

La fortuna que Tito ha amasado le permite habitar en una villa de tres kilómetros cuadrados en la cima de una pequeña montaña, en Pacific Palisades, donde sus vecinos le conocen como «el Rey de la Colina». También le ha abierto la posibilidad de coleccionar coches de lujo, como un Ferrari Spider y un Titanium F-355, y embarcarse en varios proyectos filantrópicos, entre los que destaca la construcción de un laboratorio de investigación en cáncer en la Universidad de California.

Es un hombre hedonista, aunque adicto al trabajo. Parece que se trata de una persona que no ha querido privarse de nada en la vida («sólo se vive una vez», no se cansa de repetir). Su amigo más cercano, el alcalde de Los Ángeles Richard J. Riordan, dice que «es como un niño que nunca termina de crecer, que siempre está buscando cosas excitantes que sólo los ricos pueden permitirse».

Divorciado dos veces, hasta 2001 no se había vuelto a casar, pero fanfarroneaba de sus múltiples novias, como confesó en una entrevista que concedió a la revista Worth. En la época de su viaje espacial, convivía con Dawn Abraham, una joven rubia que fue identificada por la prensa cuando rompió en llantos poco después de que despegara el cohete que transportaba la Soyuz TM-32. De su primera esposa y socia de negocios, Suzanne, tiene dos hijos, Michael, nacido en 1974, y Brand, nacido en 1977, y una hija, llamada como su madre. Entre sus aficiones sobresalen la ópera, los automóviles de velocidad y el aeromodelismo.

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