Enrique Trillas

(Barcelona, 1940) Científico español experto en lógica borrosa e inteligencia artificial. Enrique Trillas Ruiz nació en Barcelona el 29 de mayo de 1940. Hijo de un ferroviario y de un ama de casa, cursó el bachillerato como alumno libre en el Instituto Ausiàs March.


Enrique Trillas

Cuando tenía la edad de catorce años le gustaba la historia, pero la casualidad quiso que con el dinero que le dieron para una fiesta de Reyes adquiriera un libro de análisis algebraico del matemático Julio Rey Pastor. «No tengo ningún recuerdo de por qué compre ese libro, pero me apasionó tanto que a los quince años ya había decidido que estudiaría alguna carrera relacionada con las ciencias matemáticas», contó el propio científico.

Por esas fechas, cuando su padre le preguntó a qué club quería que le afiliase le pidió que le apuntase a la Sociedad Astronómica de España y América, «y todavía me acuerdo de la cara que puso».

Pasión por las ciencias

Esta primera pasión por el firmamento le llevó a matricularse en los estudios de astronomía, que en aquellos años se cursaban en la licenciatura de matemáticas. Sin embargo, el tipo de formación no le satisfizo y en cuarto curso de carrera cambió el estudio de las estrellas por el de la estadística, licenciándose en ciencias (sección matemáticas) en 1964 con Premio Extraordinario.

A partir de ese momento compaginó la docencia y la investigación con cargos académicos y políticos sin solución de continuidad. Antes de redactar su tesis doctoral, Sobre distancias estadísticas, por la que obtuvo sobresaliente cum laude en 1972, ya ejercía como profesor encargado de curso, saltando de unas facultades a otras. Así, hasta que obtuvo en 1974, por oposición, la cátedra de matemáticas en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), había pasado por tres.

En 1983, por adaptación a la Ley de Reforma Universitaria, pasó a ser catedrático de ciencias de la computación e inteligencia artificial de la misma universidad. Se mantuvo en este puesto hasta 1989, año en que se trasladó a la Universidad Politécnica de Madrid en comisión de servicios; en 1990 tomó posesión de la cátedra del Departamento de Inteligencia Artificial de la Facultad de Informática en esta universidad.

Del CSIC a la secretaría general de la CICYT

A partir de 1984 Enrique Trillas compaginó la docencia y la investigación con el desempeño de cargos políticos, en la etapa de gobierno socialista. El primer ministro de Educación en los gobiernos de Felipe González, José María Maravall, le reclamó para hacerse cargo de la presidencia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). De ideología socialista -aunque tiene a gala no haber desempeñado sino altos cargos en la administración de tipo científico-técnico-, consideraba que su generación estaba llamada a desempeñar un papel fundamental en la modernización del país.

Su llegada al que se suponía uno de los principales lugares de producción científica de España supuso un revulsivo para un organismo que yacía anquilosado, y a él le tocó reflotarlo. En los cuatro años que estuvo al frente del CSIC procedió a la reorganización y concentración de centros, de tal manera que los 150 que se había encontrado se convirtieron en 90 y creó una decena más en disciplinas que tenían una gran pujanza científica, como la microelectrónica, la inteligencia artificial o los nuevos materiales.

Además, cambió el sistema de contratación de los científicos «tirando los bombos de las oposiciones por la ventana» y modificó la composición de los tribunales, lo que provocó una importante renovación de la plantilla de científicos, «y levantamos la moral de los investigadores del CSIC», ha relatado el propio Trillas.

Con el apoyo del CSIC se puso en marcha en aquellos años, por ejemplo, «la aventura antártica» para el establecimiento de la base científica española Juan Carlos I en la isla Livingstone. Con los gobiernos socialistas comenzó el despegue de la ciencia española a través del aumento de los presupuestos destinados a investigación y desarrollo (I+D) y el establecimiento de los primeros planes científicos. Aunque se había comprometido para permanecer sólo cuatro años en la administración pública, no se negó cuando le propusieron «revitalizar otro organismo público de investigación».

La experiencia acumulada al frente del CSIC le fue de extraordinaria validez cuando en 1989 fue designado director general y vicepresidente del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), que en aquellos momentos dedicaba buena parte de su actividad a la homologación de electrodomésticos de la «línea blanca» -neveras, lavadoras...- en un ambiente agonizante de instalaciones depauperadas y escaso presupuesto.

A pesar de estas condiciones logró poner en marcha el Programa Minisat, que culminó en 1997 con el lanzamiento del satélite. La importancia de esta iniciativa residía en que se trataba de un satélite diseñado, realizado y lanzado en España, y además mediante un procedimiento que permitía su fabricación en serie (a razón de uno cada diez meses) con un bajo coste de fabricación, y fácil de poner en órbita. «El Minisat fue algo similar a lo que representó el submarino de Peral para la ciencia española», explicaba Trillas, que sentía pesar por el abandono de este proyecto.

Tras dejar el INTA (1995), aún permaneció siete meses como secretario general del Plan Nacional de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico y como secretario general de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología (CICYT).

Regreso a la actividad docente e investigadora

El triunfo del Partido Popular (PP) en las elecciones de 1996 le devolvió a la vida docente y a su pasión por la investigación de la lógica borrosa, a la que ha dedicado sus esfuerzos investigadores desde que comenzara sus primeros estudios sobre esta disciplina hacia 1976, y con mayor dedicación a partir de 1989.

La lógica borrosa o lógica de la imprecisión aplicada a la inteligencia artificial pretende conseguir que los ordenadores no sólo sean capaces de responder ante significados precisos, sino que se comporten adecuadamente ante otro tipo de expresiones o de términos más propios del pensamiento humano, como las conjeturas o las diferentes formas de representar el antónimo de un término o de formular la negación «No». Del razonamiento aproximado, en suma.

Trillas ha plasmado su actividad investigadora en más de doscientos artículos de investigación en revistas especializadas españolas e internacionales, siendo además miembro del comité editor de algunas de ellas, como Journal on Intelligent Systems, y cuenta en su haber con varias obras, entre las que destacan las dedicadas a la lógica borrosa: Conjuntos borrosos (1980), Introducción a la lógica borrosa (1995), Primeras lecciones de lógica borrosa (1998), y otra de divulgación científica, La inteligencia artificial: máquinas y personas (1998).

Enrique Trillas pertenece a distintas sociedades científicas, como la Societat Catalana de Matemàtiques o la European Society for Fuzzy Logic and Technology, ha sido «Fellow» de la International Fuzzy Systems Association, y ha recibido importantes condecoraciones en Italia y Perú, además de la Gran Cruz del Mérito Aeronáutico o la Medalla Narcís Monturiol de la Generalitat de Catalunya (2000). En 1999 le fue concedido el European Pioneer Award, como reconocimiento a ser uno de los primeros científicos europeos dedicados a la lógica borrosa.

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