Ofelia Uribe de Acosta

(Oiba, Santander, 1900 - Santafé de Bogotá, 1988) Política colombiana. Fue la mayor y única mujer de un hogar conformado por cinco hermanos. La influencia feminista procedió de las relaciones que mantuvo Ofelia en su niñez con su padre y con sus hermanos. Con ellos se inició en actividades prohibidas en aquella época para las niñas, tales como el tiro al blanco y la participación en el mundo intelectual.

Su familia se trasladó a vivir a El Socorro, donde estudió primaria en la escuela pública y luego magisterio en la Normal de San Gil. Debido a su origen liberal, le fue difícil conseguir empleo; sin embargo, fue maestra de primaria durante un año en Simacota. Con el apoyo de su madre, logró abrir allí un colegio, pero por falta de recursos económicos tuvo que cerrarlo.

En 1924 la familia emigró a Chiquinquirá y luego a Miraflores (Boyacá). Allí conoció a quien sería su esposo, el abogado Guillermo Acosta, del cual sería también su ayudante en el desempeño de su labor como juez de San Gil (Santander). Esta oportunidad la aprovechó para mejorar sus conocimientos jurídicos y de Derecho.

Su compromiso feminista no se limitó sólo a la vida institucional y social, sino que traspasó las barreras familiares, gracias a que contaba con el apoyo de su esposo y sus dos hijas, para las cuales Ofelia consiguió que el Colegio Boyacá iniciara la sección femenina. Ofelia utilizó algunos recursos, como la radio, para transmitir sus ideas a través de su programa La hora feminista.

Ocupó diversos cargos como el de Delegada por el Gobernador de Boyacá en el IV Congreso Internacional Femenino (1930) y el de directora de la revista mensual Agitación femenina (1944). En 1940 se trasladó a los Estados Unidos, donde se volvió a manifestar públicamente con la fundación del periódico Verdad, dirigido, administrado y escrito por mujeres.

Finalmente se vinculó al Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y desde allí impulsó tesis a favor de la justicia social y de las reformas económicas y políticas para transformar las prácticas del bipartidismo. Es reconocida como miembro de una generación de mujeres que irrumpieron en la vida nacional para luchar por el respeto a la dignidad de las mujeres colombianas, y por el reconocimiento de sus derechos civiles, económicos, culturales y políticos. Su libro Una voz insurgente (1963) reúne su propio testimonio y pensamiento feminista, y las aspiraciones y propuestas de aquella generación.

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