José Félix Uriburu

(Salta, 1868 - París, 1932) Militar y político argentino. De familia aristocrática, era sobrino del presidente José Evaristo Uriburu. Se educó en un colegio militar en Argentina, donde obtuvo cierta fama de soldado entusiasta y de firme valedor de los derechos y privilegios de los de su clase.

En 1890, cuando tan sólo contaba treinta y dos años y era un joven oficial, fue el cofundador de una sociedad militar secreta en Argentina dedicada a preservar la trascendencia política de la oligarquía militar en su país.

En 1896 formó parte de la comisión que dirimió el grave (y largo en el tiempo) problema fronterizo que existía entre Argentina y Chile. Pronto demostró un carácter enérgico y dotes de mando. Fue oficial y ocupó las agregadurías militares de Madrid, Londres y Berlín. Durante su estancia en Alemania tuvo ocasión de entrar en contacto con la guardia imperial del kaiser, donde se convirtió en un acérrimo defensor del militarismo prusiano.

Intervino en la revolución contra Juárez Celman en su país natal, y en 1907 llegó a ser el director de la Escuela Superior de Guerra alemana y, más tarde, inspector general del Ejército y miembro del Consejo Supremo de la Guerra y la Marina prusiana en 1919.

A su vuelta a Argentina, intentó implantar en su país sus ideas de cómo debía gobernarse una nación, imbuidas de los planes militaristas del régimen alemán y en la concepción del estado corporativo impuesto por Benito Mussolini en la Italia fascista. En 1923 fue inspector general de la Armada argentina, cargo que ocupó hasta su marcha del ejército en 1929.


Uriburu se dirige a la Casa de Gobierno (1930)

Durante la Gran Depresión, cuando era teniente general en la reserva, en 1930, Uriburu encabezó la sublevación contra el presidente Hipólito Irigoyen y se hizo cargo del poder provisional. En diciembre de ese mismo año hizo una denuncia pública contra la política liberal-radical de Irigoyen y demandó que una elite selecta debería reemplazar a la oligarquía liberal-democrática que había tenido el poder en el país desde 1916.

Tras este discurso alejó a los líderes radicales del poder de las administraciones nacionales y locales y disolvió las cortes, hizo una reforma de la constitución y de la ley electoral y se negó a que los antiguos líderes radicales participaran en las labores de gobierno, e incluso en la política en general.

En 1931 planificó una estrategia mediante la cual, con unas elecciones supuestamente boicoteadas por el Partido Radical de Irigoyen, consiguió que saliera elegido el general Justo, quien aseguraba la continuidad en el poder de la oligarquía militar, ya que gozaba del favor de los altos mandos del ejército.