Diego de Valera

(Cuenca, 1412-Puerto de Santa María, 1487 o 1488) Escritor castellano. Fue doncel de Juan II y luchó contra los nazaríes (1431) antes de iniciar su periplo por las embajadas españolas en Europa. En 1462 fue nombrado justicia mayor de Palencia y en 1477 consejero de Fernando el Católico. Su orientación humanista ha quedado plasmada en sus obras político-morales, entre las que destacan Defensa de las virtuosas mujeres, Espejo de verdadera nobleza (1441), Tratado de las armas (1458-1467), Ceremonial de príncipes (1462) y Doctrinal de príncipes (1475). Escribió una serie de Epístolas destinadas a los Reyes Católicos (editadas en 1878), poemas y notables obras históricas, como la Crónica abreviada (1482), la Crónica de los Reyes Católicos (editada en 1927), o el Memorial de diversas hazañas (editado en 1941).

La obra del cronista y moralista Diego de Valera es una importante fuente de consulta sobre los reinados de los últimos Trastámaras. Nació en el seno de una familia de judíos conversos y era hijo del médico del rey Juan II. Pese a su condición de cristiano nuevo, Valera fue miembro de la corte de Juan II y Enrique IV, y consejero de los Reyes Católicos. Participó en la guerra de Granada (1431), luchó contra el condestable Álvaro de Luna y desempeñó misiones diplomáticas ante reinos europeos.

Como cronista reveló su voluntad de narrar los hechos desde su propia individualidad y no en función del rango social, porque todo hombre, como criatura de Dios, tiene derecho a ser oído. En este sentido, las obras de Valera de carácter histórico, como Crónica abreviada (1482), Crónica de los Reyes Católicos (1927) y Memorial de diversas hazañas (1941), y también las moralistas, como Tratado en defensa de las virtuosas mujeres (1441), Tratado de las armas (1458-1467), Ceremonial de príncipes, Tratado de las epístolas, Providencia contra fortuna (1462), Doctrinal de príncipes (1475), etc., constituían una intrínseca defensa de la voz de aquellos que sólo tienen "un arnés y un pobre caballo".

Esa voz lega debía servir tanto de consejo para los monarcas, con lo que abogaba por "democratizar" el tradicional género de regimine principum, como para que los poco leídos conociesen los hechos que acontecían en los reinos y pudiesen participar de los asuntos públicos. Sus crónicas y tratados, si bien carecían de un método sistemático, configuraron una propuesta original a partir de textos seleccionados de otros autores o de fuentes documentales con los añadidos surgidos de su propia experiencia. La misma elección del género supuso una declaración de principios acerca de la función divulgativa que le confirió a la literatura y del propósito de satisfacer las necesidades espirituales de un público. Valera asumió así el papel de instructor profano, y sobre estos principios que sustentó su aspiración a servir de nexo con el mundo se articuló su estilo sencillo, directo y popular.