María Elena Vieira da Silva

(Lisboa, 1908 - 1992) Pintora portuguesa, conocida composiciones de carácter abstracto en las que las líneas y los colores generan espacios sugerentes. Fue hija única de Marcos y Maria Gracia Vieira da Silva. Desde el momento de su nacimiento y hasta que cumpliera dos años, viajó con su familia por diversos lugares de Europa, entre ellos Inglaterra, Francia, Suiza. En este último país falleció su padre en 1911, durante su estancia en Leyssin. A su regreso a la capital portuguesa, Maria Helena inició su formación artística. Tuvo entre sus maestros en la Escuela de Bellas Artes de Lisboa a Armando Lucena, y simultaneó sus estudios junto al maestro con clases de anatomía en la Universidad de Medicina.

Cuando consideró finalizada su formación en Portugal, Vieira se trasladó a París en 1928, donde inició una prolongada estancia. Ese mismo año viajó por primera vez a Italia. De hecho, si hay algo que caracterizó la vida de Da Silva fue su intensa actividad viajera, que no interrumpió hasta poco antes de su muerte. De todos modos, la mayor parte de su producción, menos la breve estancia en Brasil, corresponde a sus estancias en Portugal y Francia.

Tras su llegada a la capital francesa, se interesó en principio por la escultura. Por ello se matriculó en la academia de la Grande-Chaumiere, donde siguió estudios con Bourdelle. A pesar de haber empezado con la práctica de la escultura varios años antes (1924), da Silva dio un giro a su carrera y la orientó decididamente hacia la práctica de la pintura. Por ello, al año siguiente, tras asistir a clases de escultura en la Academia Escandinava con Despiau, tuvo como maestros en pintura a Dufresne, Warokier y Friesz, formación que complementó con visitas a la academia de Fernand Léger y la de Bissière.

En 1930 contrajo matrimonio con el también pintor de origen húngaro Arpad Szenes, lo que se tradujo en la ampliación del círculo artístico en el que se desenvolvió la pintora en el período de entreguerras. Su primera venta la realizó al pintor italiano Massimo Campigli, al que vendió un óleo en 1934, como consecuencia del éxito de su primera exposición en la galería de Jeanne Bucher. Antes de trasladarse en 1935 a Lisboa, el matrimonio produjo obras que abarcaron desde el diseño textil hasta la ilustración de libros infantiles. Aunque la carrera de ambos fue en ascenso durante esos años, la proximidad del conflicto bélico hizo que se embarcasen rumbo a Brasil en 1940.

Durante los siete años que duró su estancia brasileña, la casa de ambos artistas se convirtió en lugar de encuentro de intelectuales y pintores nativos, como Martin Gonçalves, Navarra o Sciar. Su obra fue valorada en el país sudamericano, puesto que fue expuesta tanto en la galería Askanasy de Río de Janeiro como en el Palacio Municipal de Belo Horizonte. A la vez llegó el reconocimiento internacional de la nueva capital mundial del arte; en 1946, Jeanne Boucher organizó con éxito la primera exposición de da Silva en Nueva York.

En marzo del año siguiente finalizó su estancia en Brasil, y ambos se instalaron alternativamente en Lisboa y París. Su obra de este período, en la que se percibe claramente la influencia de Fernand Léger y de Paul Klee, fue pronto valorada en la capital francesa. Así, en 1948 fue adquirida una obra suya, La partida de ajedrez (1948) por el Estado francés. Durante la primera década de los años cincuenta expuso periódicamente en la galería de Jean Boucher en París; a la vez, su obra recibió distinciones en la Bienal de Sao Paulo (1953), Bienal de Caracas (1955) y en el Stedelijk Museo de Amsterdam (1955). El Estado francés volvió a adquirir otra obra suya, La biblioteca (1949), para el Museo Nacional de Arte Moderno, como hizo posteriormente con la obra Jardines suspendidos (1955) destinada al mismo museo.

El 15 de mayo de 1956, el matrimonio adquirió la nacionalidad francesa, aunque alternaron su estancia en París con frecuentes desplazamientos a Lisboa. Durante la década de los cincuenta realizó también trabajos que abarcaron desde el diseño textil (premiada por la Universidad de Basilea) hasta ilustración de libros para obras de Marie-Catherine Bazaine o René Char. La década de los sesenta comenzó con el reconocimiento de su obra pictórica por su patria de adopción, siendo nombrada Caballero de la Orden de las Artes y las Letras (1960). Comenzó en este año la publicación de sus grabados, editados por Jeanne Boucher y por F. Hazan.

En 1963 realizó su primera vidriera destinada a Saint Jacques de Reims; contó para ello con la colaboración del artesano Jacques Simon. Ese mismo año recibió el Gran Premio Nacional de las Artes en París, y el resto de la década se multiplicaron sus exposiciones, a nivel nacional en la galería de Boucher, y a nivel internacional en Nueva York, Lisboa, Rouan, Marsella, Rotterdam y Oslo. A la vez, continuó no sólo con el encargo de las vidrieras de Reims (trabajo que finalizó en 1969), sino que también realizó dos tapices en el taller de Beauvais.

En 1970 se le dedicó la primera retrospectiva en el Museo Nacional de Arte Moderno (París), seguida de exposiciones en Montpellier, Museo de Bellas Artes (Ruan), Museo de Arte e Historia (Orléans), Museo de Bellas Artes (Dijon), entre las más representativas. Portugal reconoció el valor de su obra y fue nombrada miembro de la Academia Nacional de Bellas Artes de ese país. Hasta su fallecimiento, en marzo de 1992, su obra recibió numerosas distinciones y fue expuesta en múltiples ocasiones. Aparte de las condecoraciones mencionadas, recibió también la Gran Cruz de Santiago (Portugal). A principios de los años ochenta filmó, junto a su marido Arpad Szenes, una película sobre su obra.

La obra de Viera da Silva se inscribe en la corriente pictórica que se denominó "paisajismo abstracto", que dentro del contexto artístico del momento significó una aproximación lírica hacia formas de expresión no figurativas. Su preocupación por captar la luz y el espacio devino en la construcción, por medio del color, de arquitecturas oníricas que se sirven de éste y la línea para configurar perspectivas imposibles.

La obra temprana de da Silva denota la influencia de Paul Klee. Al igual que el pintor suizo, la pintora aborda la temática de sus obras desde un punto de vista poético. A la vez, la ejecución de los lienzos se realiza de forma muy parecida a la de Klee; da Silva se sirve de superficies reticulares sobre las que las gradaciones cromáticas y la yuxtaposición de colores complementarios representan su particular universo. De esta época temprana de su carrera, podemos citar obras representativas como La máquina óptica (1938, Museo Arte Moderno, Nueva York), Habitación ajedrezada (1935, Colección Trevelyan, Londres), La mesa redonda (1940, Colección particular, París) o La partida de ajedrez (1943, Museo Nacional de Arte Moderno, París).

De 1948 es una de sus obras más representativas, pues significó un punto de inflexión en su producción artística, La batalla de los cuchillos (Boymans-Van Museo, Rotterdam). En ella se definen ya las características de la obra madura de da Silva: utilización de perspectivas geométricas complejas, sobre las que se despliegan manchas de color, generando un conjunto irreal ante el que el espectador no puede fijar la vista en un sólo punto. Al igual que su contemporáneo Pollock, la vista vaga por todo el lienzo sin encontrar un punto fijo de vista; pero mientras el dinamismo de Pollock es fruto del azar, el de da Silva se basa en una compleja yuxtaposición entre dibujo y color.

A la vez, da Silva empezó en esta época a realizar series sobre temas que serán recurrentes hasta el final de su carrera, tales como paisajes, bibliotecas, ajedreces, naipes y, sobre todo, vistas de ciudades. Buenos ejemplos son París de noche (1951, Colección particular, París); La ciudad colgada (1952, Museo de Bellas Artes, Lausana); Las pistas (1953, Colección particular, Lisboa); Los diques inundados (paisaje de Holanda) (1954, Colección Marion Lefebvre, Nueva York) o La biblioteca (1955, Colección particular, París).

En la obras maduras de la pintora portuguesa, se simplifica el dibujo y se reduce la gama cromática de los cuadros, llegando incluso al empleo de uno o dos colores por lienzo, como ocurre en Estela (1964, Museo Nacional de Arte Moderno, París). Otras obras representativas son Roma (1969, Colección particular, Lisboa); Nueva Amsterdam II (1970, Colección particular, Lisboa); El acontecimiento (1973, Colección particular, Suiza) o Colina repartida (1974, Colección particular, Suiza).

Vieira da Silva no sólo practicó el óleo y el temple, su producción también abarcó el grabado, la ilustración de libros, los tapices y el diseño de vidrieras. En sus tapices, realizados por encargo de la Universidad de Basilea para decorar su aula magna, da Silva siguió el mismo esquema compositivo que en sus cuadros. Las vidrieras fueron realizadas en colaboración con el maestro Charles Marq, por iniciativa de Joseph Sima. El conjunto está compuesto por catorce ventanales que recorren el coro de la basílica de Saint-Remi de Reims, en los que desplegó su fértil imaginería plástica, dando al vidrio calidades de piedras preciosas por medio de un inteligente empleo del color.