Vlad Tepes

(Vlad Tepes o Drácula; Schässburg, c. 1428 - cerca de Bucarest, 1476) Noble rumano, paradigma de las más terribles atrocidades, de cuyo nombre se sirvió el escritor irlandés Bram Stoker para la creación del protagonista de Drácula (1897), novela que dio forma definitiva al mito del vampiro. Príncipe de Valaquia, reinó entre 1456 y 1462 como Vlad III, aunque es más conocido como Vlad Tepes (que significa Vlad el Empalador) o como Vlad Drácula (Vlad, hijo de Dracul). El epíteto "Dracul" (en rumano moderno, "el Diablo") es para algunos el apodo que los súbditos habían dado a su padre, también célebre por su crueldad, mientras otros estudiosos lo traducen como "el Dragón", y lo consideran un título honorífco adoptado por su padre tras ingresar en la Orden del Dragón.


Vlad Tepes

Nacido en Schässburg, cerca de Valaquia, antiguo principado danubiano situado en los Cárpatos, Vlad Tepes fue uno de los tres hijos legítimos de Vlad Dracul, príncipe de Valaquia y miembro de la Orden del Dragón. Esta orden, en la cual ingresó Vlad por concesión de Segismundo de Luxemburgo en el año 1431, tenía como emblema una serpiente alada, símbolo del diablo en la cultura folclórica rumana, y en sus filas se encontraba una larga estirpe de fieros guerreros.

Vlad Tepes vivió una infancia traumática, hecho que sin duda resultó determinante a la hora de conformar su sádica personalidad. A la temprana edad de trece años fue entregado como rehén a los turcos por su propio padre. Durante su cautiverio, el joven Vlad fue adiestrado en las artes de la guerra, pero tras la muerte de su padre desertó de las filas turcas y reunió su propio ejército. En 1456 vio cumplido su sueño al convertirse en príncipe de Valaquia.

Fue entonces cuando empezó a forjarse la leyenda sobre el sadismo de Vlad Tepes, a quien se atribuyen más de cien mil muertes entre 1456 y 1462, período de su reinado. Los detalles que han trascendido a través de documentos y grabados de la época ponen de manifiesto la falta de escrúpulos con la que Vlad Tepes ejecutaba a sus enemigos. Así, era generalizada la práctica del empalamiento, consistente en ensartar los cuerpos moribundos de los opositores al príncipe en altas estacas de madera. También se practicaban la incineración y el desollamiento de los prisioneros, torturas todas ellas con las que el príncipe parecía disfrutar sobremanera.

La brutal ofensiva turca llevada a cabo en 1462 contra los disidentes de Valaquia obligó a Vlad Tepes a huir a Hungría. Una vez allí pidió asilo al rey húngaro, quien, lejos de atender sus peticiones, lo encarceló durante doce años, alegando falsas acusaciones. Pero ni siquiera durante su cautiverio logró Vlad Tepes reprimir sus impulsos sádicos, y al parecer sobornaba a menudo a sus carceleros para conseguir aves a las que desplumaba sin piedad. La fortuna volvió a sonreírle en 1475, cuando el rey de Hungría puso a su disposición un ejército a fin de recuperar para su reino el territorio de Valaquia. Un año más tarde, en noviembre de 1476, Vlad Tepes volvía a hacerse con el control del principado. Sin embargo, apenas unas semanas después, cayó en una emboscada de los turcos, que lo asesinaron y exhibieron su cabeza en Estambul.