La vida exagerada de Martín Romaña

Publicada en 1981, esta novela del escritor peruano Alfredo Bryce Echenique es la primera parte de un díptico titulado Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire que sería completado en 1985 con una segunda novela, El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz. Bryce Echenique despliega en esta novela un genial sentido del humor para narrar las aventuras burlescas, tiernas o sencillamente increíbles que se suceden en la vida del peruano Martín Romaña en su estancia en París durante los años sesenta.

Nos introduce en la historia el mismo Martín Romaña, sujeto paciente de una crisis "positiva" de melancolía que le mueve a anotar en un cuaderno azul las peripecias de un latinoamericano en la Ciudad de la Luz. Hundido literalmente en su sillón Voltaire, el cuaderno azul le devuelve el sentido del humor olvidado, la imaginación y hasta la novela que siempre deseó escribir.

Martín empieza por narrar su infancia y adolescencia limeñas en el seno de una familia burguesa y por ende acomodada, y la concesión de la beca que le permitirá dejar el nido familiar y viajar a París, con Hemingway bajo un brazo y el propósito de convertirse en escritor bajo el otro. Sin embargo, fracasa ya en el inicio de su primer intento de navegación (será el primer náufrago del canal de Panamá). Los fracasos de Martín se sucederán sin tregua pero también sin que el narrador pierda su humor fino y sutil, provocando con ello no sólo la sonrisa sino la carcajada del lector, que no puede evitar una progresiva complicidad con la mirada irónica con que Martín contempla su vida exagerada.


Alfredo Bryce Echenique

Los primeros meses en París originan las primeras situaciones disparatadas (su bagaje cultural se hunde junto con la gigantesca sombrerera que lo contiene; le persigue la fama de burguesito sólo por atreverse a alquilar una habitación con baño; enferma de pulmonía el día de Año Nuevo, tras una borrachera colosal), que vienen a rozar el esperpento si se considera que Martín Romaña es a la vez ingenuo y burlón, un derroche de imaginación no exento de lucidez y un puro deseo de no molestar a los demás.

Las dificultades del protagonista por integrarse en el modus vivendi parisino crecen desmesuradamente con la llegada de Inés, su novia limeña. La dulce Inés no tarda en abandonar su furibundo catolicismo (e incluso la tan bien guardada virginidad) por el marxismo-leninismo más feroz. Desde su profunda conversión revolucionaria, Inés arrastra a un desconcertado Martín hasta una célula peruano-marxista (el Grupo, lo denominará él), cuyas reuniones semanales resultan, en la pluma del autor, absolutamente delirantes.

La lucidez risueña de Martín choca rápidamente con la ceguera pseudomarxista del Grupo (son incapaces de "vomitar un poco de alma", piensa Martín), si bien por amor a Inés aceptará la "tarea revolucionaria" de escribir a su pesar una novela sobre los sindicatos pesqueros en Perú, novela en la que los protagonistas se identifican sospechosamente con los vecinos que habitan la pobre buhardilla en la que vive y que dejarán en él una huella imperecedera. Mientras la adorada Inés lee a Marx o a Lenin y se mimetiza con el Grupo, la vida de Martín se enriquece con la más variada galería de personajes que, en un momento u otro, acaban por compartir con él sus desencantos, sus perversiones y sus borracheras.

La ruptura con Inés llega en la emblemática fecha de Mayo del 68: Martín pierde de nuevo el rumbo de su particular navegación (enferma de depresión neurótica, de hemorroides y hasta llega a ser el fecaloma más importante de un médico barcelonés). Inés, decepcionada de la izquierda revolucionaria peruana en París, decide poner rumbo a Lima, pero Martín no tarda en descubrir que en realidad se ha casado con un inversor brasileño, e incluso que ha tenido los hijos que sus "tareas revolucionarias" le impidieron tener con Martín.

En medio de la desesperación, aparecen de forma casi mágica en la vida del exagerado protagonista el sillón Voltaire primero y Octavia de Cádiz después. No obstante, el cuaderno azul se ha acabado y Martín ha sobrevivido, feliz, a su crisis melancólica: corre a comprar otro cuaderno, rojo esta vez, para narrar las partes más candentes de su vida exagerada.

La desmesura biográfica de Martín Romaña viene a ser un auténtico símbolo de la dificultad de un hombre sensible y lúcido para sobrevivir en un mundo que se va plagando de revolucionarios hipócritas, amigos estrafalarios y porteras perversas. Martín descubre la mala conciencia del latinoamericano de izquierdas, siempre con ansias de revolucionario que no acaban nunca de plasmarse; descubre también el escepticismo más absoluto, que toma tintes trágicos frente a la conversión ideológica hostil de Inés. Todo ello es narrado con sutil ironía por Bryce Echenique, que se revela en esta novela como un humorista inteligente y genial, contraponiendo la inocencia lúcida y risueña de Martín a la intolerancia de una humanidad decadente e hipócrita, haciendo de su vida exagerada un espejo en el que cualquiera puede reconocerse.

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