El misterio de Marie Rogêt

Las Narraciones extraordinarias, recopilación de relatos del escritor estadounidense Edgar Allan Poe, contienen tres cuentos considerados fundacionales de un género que desde finales del siglo XIX conocería una inmensa popularidad: la novela policial o detectivesca. Los tres relatos (Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Rogêt y La carta robada) tienen un mismo protagonista: el caballero C. Augusto Dupin, que con el simple enlace de sus deducciones resuelve el misterio de un crimen.


Edgar Allan Poe

Descendiente de una familia francesa noble y que en otro tiempo fue ilustre, Augusto Dupin vive de su escasa renta, sin preocuparse de recuperar la antigua fortuna familiar y sin apenas otro dispendio que el de los libros que adquiere. Hombre culto, de mucha lectura, en su aspecto general se aviene con el concepto, en parte creado por él mismo entre sus semejantes, del genio excéntrico. El narrador de los tres relatos entabla con él una compenetrada amistad, y terminan compartiendo vivienda: una decrépita y solitaria mansión en el Faubourg Saint Germain.

Lo extraordinario de las aptitudes de Dupin para el puro raciocinio procede en parte de que su inteligencia se ha mantenido autónoma; no está sujeta a coacciones, reservas, vínculos ni errores comunes, como tampoco a las debilidades humanas a las que inevitablemente le arrastraría una participación directa en la vida, a la que asiste como espectador. No le interesa la justicia (capturar al culpable), sino el raciocinio: los delitos son meros pretextos y todo pretexto es tan despreciable o tan interesante como otro cualquiera. Como detective literario, el personaje de Dupin haría fortuna como primer modelo de una larga serie de investigadores "intelectuales", que permanecen al margen del mundo y la moral.

Lo mismo que Los crímenes de la calle Morgue, El misterio de Marie Rogêt es un modelo de relato policiaco "puro". La atmósfera, tan importante en los relatos de terror del autor, no tiene aquí ninguna intervención. Poe sitúa su historia en un París de fantasía, lo cual, según Baudelaire (brillante traductor de sus relatos), no perjudica el valor del análisis: en el cuento asistimos al triunfo del espíritu geométrico, ya que lo que el autor nos propone no es otra cosa que un problema de ajedrez.

La historia de la víctima se reconstruye a partir de las informaciones divulgadas por los periódicos. Marie Rogêt vivía en casa de su madre, una viuda que tenía una pensión en la calle Pavée Saint André. Un domingo por la mañana salió de su casa e hizo saber a su pretendiente, el procurador de los tribunales Jacques Saint-Eustache, que tenía la intención de pasar el día en casa de una de sus tías que vivía en la rue des Drômes. Por la tarde cayó una abundante lluvia y Saint-Eustache, creyendo que Marie permanecería toda la noche en casa de su pariente, no juzgó necesario ir a buscarla al anochecer del domingo, según ellos habían convenido de antemano.

El lunes supo que Marie Rogêt no había ido a casa de su tía. Hasta el cuarto día de su desaparición no fue informado el señor Beauvais, que con un amigo buscaba el rastro de Marie Rogêt a lo largo de los muelles del Sena, de que un cuerpo de muchacha fue encontrado por los marinos flotando sobre el río. Beauvais identificó este cuerpo como el de Marie Rogêt. El cadáver ofrecía numerosas señales de violencia física: el cuello cortado por un lazo, los puños hinchados, etc. Sus vestidos estaban destrozados y en el mayor desorden.


Ilustración de El misterio de Marie Rogêt

La investigación instruida no dio ningún resultado y el prefecto de policía encargó a Dupin que se ocupara del asunto. Poco días antes, dos muchachos habían descubierto junto a la Barrière du Roule una falda azul y un chal de seda colocados sobre piedras que servían de asiento, una sombrilla y un pañuelo que llevaba el nombre de la víctima. La madre de los niños, una tal señora Leduc, afirmó haber oído gritos de mujer no lejos del lugar en que ella se albergaba. El descubrimiento de estos objetos, el estado del lugar y las demás circunstancias probaban que Marie Rogêt había sido asesinada allí tras haber sostenido una lucha con su agresor.

Partiendo de estos elementos, de los testigos y de las opiniones de los diferentes periódicos, y sometiendo todo ello a una severa crítica, Augusto Dupin, deducción tras deducción, llega a una solución que se revelará exacta: la joven ha sido asesinada por un oficial de marina con el cual ya había huido en una ocasión, cuando trabajaba en casa de un perfumista.

Después de haber atado a su víctima para poder arrastrarla hasta el bosque, el asesino la condujo en barca hasta el centro del río y allí arrojó el cadáver al agua, sin haber tenido la precaución de atarle un peso; de regreso a la orilla, el asesino abandonó la barca al capricho de las aguas y huyó, sin preocuparse de borrar las huellas de su crimen. El interés del relato reside en el rigor matemático con que el investigador conduce el hilo de sus razonamientos; tanto es así que el cuento termina con la explicación del caso, sin que llegue a saberse si el criminal es detenido.

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