La Odisea

Atribuida junto a la Ilíada a Homero, la Odisea refleja con brillantez la grandeza de la remota civilización griega y ofrece un punto de referencia esencial en el ámbito de la poesía épica. Las fantásticas aventuras del héroe (Odiseo en griego y Ulises para los romanos) constituyen el marco de la Odisea, poema épico que inicia con la Ilíada la literatura griega y conforma una de las más grandes epopeyas de la literatura universal.

Frente a la Ilíada, la Odisea tiene una estructura menos lineal, pero no por ello menos unitaria. Si es posible distinguir tres núcleos narrativos (el viaje de Telémaco al Peloponeso en busca de noticias sobre su padre, las aventuras de Ulises narradas por él mismo durante su estancia en el país de los feacios y su regreso a Ítaca, y la venganza sobre los pretendientes de su fiel y paciente esposa Penélope), éstos están diestramente entrelazados y unidos por la entereza del carácter del héroe. En ambos poemas es innegable la mano de un poeta magistral, que dominaba la materia épica heredada del pasado, para ordenarla en un conjunto que, a pesar de las contradicciones e inconsistencias propias de la poesía oral, acaba cautivando al lector.


Homero

El poema está compuesto por 24 libros o cantos en hexámetros, división probablemente debida a los filólogos alejandrinos. La acción se inicia diez años después de la caída de Troya, en cuyo asedio Ulises había tomado parte en el bando griego. Al inicio de la trama, el héroe se halla en la isla de Ogigia, cautivo de la diosa Calipso, mientras que en su patria, la isla de Ítaca, su mujer Penélope, desconocedora de la suerte de su esposo y acosada por los pretendientes, envía a su hijo Telémaco a Pilos y a Esparta a averiguar noticias sobre él. Tal episodio ocupa los cuatro primeros libros, que conforman la Telemaquia.

Puesto en libertad por Calipso gracias a los ruegos de la diosa Atenea, Ulises huye en una balsa, pero una tempestad desencadenada por el dios Poseidón lo lanza a las costas de los feacios, donde encuentra a Nausica, hija del rey Alcínoo, ante el cual es llevado. Después de un banquete en el que oye a un bardo cantar sus propias hazañas y las de Aquiles en la Guerra de Troya, Ulises tiene ocasión de mostrar su destreza y su fuerza en unas competiciones deportivas, y de hacer un extenso relato de las peripecias de su viaje de vuelta, que lo ha llevado desde Troya hasta el país de los feacios.

Entre los más importantes hechos que el propio Ulises narra a los feacios se encuentran su estancia entre los lotófagos, o comedores de lotos; su lucha con el cíclope Polifemo, al que deja ciego; el episodio en que los compañeros de Ulises desatan el odre regalo de Eolo, dios del viento, lo que desencadena tremendas tempestades que los arrastran al país de los caníbales lestrigones, que despedazan a la mayoría de la expedición; la visita a la hechicera Circe, que transforma en cerdos a los acompañantes de Ulises; el paso del héroe por el país de los muertos, donde se encuentra con su madre y con figuras de la Guerra de Troya; la huida del canto de las sirenas; el tránsito entre Escila y Caribdis; y la muerte de todos los que iban con él por intentar llevarse de Trinacria el ganado del dios Helios.


Circe y Ulises (detalle de un óleo de J. W. Waterhouse, 1891)

Al principio del libro decimotercero, Ulises llega a Ítaca, después de despedirse de Alcínoo. Allí, introducido en su casa vestido de mendigo, es reconocido por su hijo Telémaco, por medio del cual persuade a Penélope de que anuncie a sus pretendientes que se casará con aquel que sea capaz de tensar el arco de su esposo. Después de fracasar todos ellos, sólo Ulises consigue hacerlo. Se revela así su identidad y se inicia una lucha en la que son muertos todos los vasallos traidores que perseguían a su mujer. Ulises es reconocido por Penélope y su propio padre, Laertes, y la historia termina cuando Atenea impone una reconciliación, en el combate entre Ulises y los familiares de los muertos, a los dos bandos.

La autoría de la Odisea, como en el caso de la Ilíada, ha suscitado numerosas controversias entre los investigadores. Tradicionalmente se atribuían ambos poemas a Homero. Ello planteó el problema de explicar las diferencias de estilo entre los dos libros, pero éstas pueden deberse sencillamente a lo distinto del tema. La Ilíada y la Odisea debieron componerse alrededor del siglo VIII a.C., cuando los griegos, tras un largo período en el que no habían dispuesto de ningún sistema de escritura, adecuaron el alfabeto fenicio a su lengua. Parece, en cualquier caso, que la Odisea es posterior a la Ilíada.

A pesar de la variedad de las aventuras narradas en el relato, la Odisea responde básicamente a una concepción unitaria, que hace probable que la obra sea debida a un solo autor. En ella aparecen hábilmente fusionadas y combinadas toda una serie de leyendas pertenecientes a una antiquísima tradición oral tras las cuales se encuentra un trasfondo de carácter histórico. La Odisea recoge, con toda probabilidad, leyendas de los tiempos en que los griegos exploraron y colonizaron las lejanas costas de occidente. En el Mediterráneo occidental se situaba un conjunto de mitos sobre seres fabulosos; y así, en la Odisea se habla del horrible cíclope, de la seductora Calipso, de la hechicera Circe, de las traidoras sirenas. Asimismo, los problemas de Ulises al regresar a su patria recuerdan, sin duda, el período histórico en que los reyes de la era micénica (anterior al siglo XII a.C.) hubieron posiblemente de luchar contra enemigos que socavaban un poder ya en decadencia.


El viaje de Ulises

La concepción del poema es predominantemente dramática. Pese a los peligros que le acechan en su travesía, Ulises quiere regresar a su pequeña isla, donde habrá de recuperar el trono. Hay, sin embargo, oscilaciones entre momentos de mayor tensión y momentos dilatorios. El drama se condensa al final, pero termina con un apaciguamiento. La Odisea carece tal vez de la grandiosidad de la Ilíada, pero posee el atractivo de una acción más variada y de la ingenuidad y de la exactitud en las descripciones en detrimento de la idealización, lo que se pone de manifiesto en la manera de exponer los episodios y los caracteres por medio de pormenores familiares, a todo lo cual se une la riquísima fantasía que subyace en los relatos que hace Ulises de sus aventuras.

La Odisea presenta además una serie de aspectos novedosos en relación con la Ilíada. En primer lugar, los sentimientos que despierta la belleza de la naturaleza. El segundo es la variedad de tipos humanos que ofrece, mereciendo especial atención la presencia de figuras femeninas. En tercer lugar, el poema está poblado de hechos maravillosos: monstruos marinos, naves encantadas, drogas misteriosas, metamorfosis, viajes al más allá, magos, etcétera. La paradoja reside en que estos acontecimientos maravillosos tienen como fin exaltar, pese a su fragilidad, la condición humana. Resulta muy significativo a este respecto que Ulises prefiera su esposa mortal a la inmortalidad que le ofrece Calipso si permanece a su lado. Los acentos morales del poema (los crímenes son castigados, la paciencia de Penélope en su espera y el coraje del héroe son recompensados) contrastan con el pesimismo que se desprende de la Ilíada.

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