Todas las sangres

Publicada en 1964, Todas las sangres es una novela de amplio aliento (más de 500 páginas de extensión) en la que el elemento autobiográfico, también presente aunque en menor medida que en sus obras anteriores, cede paso a un ambicioso proyecto de representación de la realidad social del Perú. José María Arguedas presenta en este libro a Rendón Willka, personaje central de la narración cuya vida transcurre por unos cauces paralelos a la del novelista. Al igual que Arguedas, sufre las humillaciones de los primeros años de colegio, del que le quedará un recuerdo imborrable, quizá por haber estudiado en los suburbios de Lima y con medios económicos muy precarios.


José María Arguedas

Desde sus primeros años, Rendón Willka siente la injusticia de los potentados y señores, idea fija que le acompañará toda su vida. Esto le anima a que, una vez terminados los primeros estudios, regrese a su tierra chica, a su patria natal. Aquel pequeño chico que había abandonado un día todas sus pequeñas cosas personales, incitado por los suyos para conocer los adelantos del gran mundo, vuelve otra vez hecho un hombre y con una idea fija que ha madurado durante muchos años: luchar por la causa y liberación de los oprimidos.

Fue tan total la entrega de Rendón Willka que terminó con la muerte; es la inmolación de un héroe. Ante un pelotón de soldados, Rendón Willka elige valientemente su final: "Si quieres, si te provoca, dame la muertecita, la pequeña muerte, capitán". Y sacudido por las balas, cae de cara sobre el empedrado, vomitando sangre por la boca y por las orejas. Exactamente igual que en un atardecer de noviembre de 1969, en un sitio menos problemático y más tranquilo, el aula de la Universidad, cuando ya había salido el último alumno: Arguedas dio cumplimiento a una idea que desde joven le perseguía, su propia muerte, y con un revólver de pequeño calibre se levantó la tapa de los sesos. Con eso terminaba Arguedas de encarnar la figura del personaje que eligió para esta novela, la de Rendón Willka, que, como indio, tuvo una dolorosa y lenta agonía. Tal tónica es característica de muchas de sus novelas; todas ellas denotan un presagio de dolor y de amargura, refiriéndose a los sufrimientos del indígena comunero.

El mensaje de Todas las sangres es la denuncia de la opresión sobre los indios, en este caso ejercida por Don Fermín y Don Bruno, hijos del viejo Don Andrés, que ha levantado el pueblo indio y le quiere, y que se suicida ante la avaricia de sus descendientes. Don Fermín y Don Bruno se rigen por la explotación y el empobrecimiento. A raíz de esto surgen rebeliones y cabecillas tales como Rendón Willka, que luchan por los derechos de los suyos. Gráficamente se describe la situación: "La tierra del siervo es de la hacienda, por tanto el siervo es de la hacienda, vida y muerte. En tiempos del rey español, la tierra era del rey español y también la vida, al menos en los escritos. Desde la república, cada hacendado era un rey español." Estos señores estaban apoyados incluso por la figura del "Zar", que en cualquier momento enviaba un destacamento de soldados para sofocar los disturbios, anulando todos los derechos de los indios.