Alfonso V de Portugal

(También llamado Alfonso V el Africano; Sintra, 1432-1481) Rey de Portugal (1438-1481). Hijo del monarca Eduardo I de Portugal y de Leonor de Aragón, casó con Isabel de Portugal, con la que tuvo a Juan II el Perfecto; fallecida Isabel, contrajo segundas nupcias con su sobrina Juana la Beltraneja, hija y heredera de Enrique IV de Castilla, y luchó contra Isabel la Católica por la corona de Castilla. Llevó asimismo a término diversas campañas militares en Marruecos (1458-1471), no siempre victoriosas.


Alfonso V de Portugal

Fallecido su padre cuando sólo contaba seis años de edad, la madre de Alfonso, Leonor de Aragón, se hizo cargo de la regencia, pero pronto tuvo que avenirse a un acuerdo establecido por las Cortes según el cual el infante Pedro (hijo de Juan I y tío de Alfonso) se encargaría de la defensa del reino, el conde de Arrayolos de la administración de justicia y Leonor de la tutela de su hijo. A pesar de ello, la oposición aumentó, alentada por la actitud de Leonor: sintiéndose postergada en sus derechos, comenzó a formar su propio partido con la ayuda del arzobispo de Lisboa, del conde de Barcelos y del infante Juan.

Ante este giro, las Cortes nombraron único regente a Pedro y dejaron a Leonor únicamente la tutela de su hijo, de la cual fue también exonerada rápidamente por entenderse que el heredero debía recibir una educación enteramente nacional. Durante su regencia, el infante Pedro estrechó los lazos de amistad con Castilla; no prosiguió las conquistas africanas, pero apoyó la penetración pacífica en sus costas (llegada a Senegal y Cabo Verde); y trató de borrar pasadas rencillas admitiendo de nuevo en el reino al obispo de Lisboa y al conde de Barcelos.

Al cumplir los catorce años de edad, Alfonso V se hizo cargo del gobierno, reteniendo al infante Pedro como consejero. Poco duró esa situación: el conde de Barcelos, resentido aún de su antiguo fracaso, comenzó a intrigar contra el antiguo regente y, a pesar de la marcha de éste a Coimbra y del apoyo que le prestaron su hermano Enrique y el conde de Abrantes, consiguió ganarse la voluntad de Alfonso V, logrando que el rey marchase con su ejército contra Pedro, quien fue derrotado y muerto en unión de sus principales compañeros en Alfarrobeira el 21 de mayo de 1449. Poco después, el propio monarca hubo de reivindicar el nombre de los vencidos al comprobar personalmente la falsedad de los cargos que se les habían imputado.

Alfonso V recibió el sobrenombre de el Africano por la envergadura de las empresas que emprendió en África. El fracaso de la organización de la cruzada predicada por Calixto III a la caída de Constantinopla (1453) dejó a Alfonso V con su ejército dispuesto, pero sin objetivo contra el que dirigirlo. Fue entonces cuando decidió emplearlo en el norte de África. La primera expedición (1458) partió de Setúbal y, tras tocar en Sagres, puso rumbo a Marruecos. La escuadra (unos doscientos veinte barcos) tenía como objetivo Tánger, pero hubo de dirigirse contra Alcazarseguir, ante las noticias de que Tánger se había preparado para el asedio. Tras apoderarse de esta localidad, el rey emprendió el regreso.

Embriagado por éxito tan fácil, Alfonso V intentó una nueva expedición en 1460, pero la oposición de la corte le detuvo hasta 1463. Ya en este año la fortuna no le acompañó; atacada Tánger en tres ocasiones por Fernando, tío y compañero del monarca, los musulmanes resistieron e incluso lograron romper las filas enemigas, acabando con la flor de la nobleza portuguesa y, a poco, con el propio rey si no le hubieran protegido con sus vidas el conde de Viana y otros compañeros de armas.

Apenas vuelto a Portugal, Alfonso V equipó una nueva escuadra que puso bajo el mando de Fernando. La victoria de éste en Anafé animó al monarca, que decidió unirse en persona a los combatientes (15 de agosto de 1471). El asalto y conquista de Arcila, a pesar de las ingentes pérdidas cristianas, sembró el pánico entre los musulmanes; Tánger se entregó, Larache fue abandonada, varias tribus se sometieron y el mismo rey de Marruecos solicitó la paz. En 1472 Alfonso V regresaba a Portugal.

Entretanto, la situación de Castilla le proporcionó la ocasión de intervenir en sus asuntos internos, si bien no se decidió a actuar hasta que, a la muerte de Enrique IV de Castilla (1474), quedó crudamente planteada la cuestión sucesoria, fuente del inmediato enfrentamiento entre los partidarios de Juana la Beltraneja, hija al parecer ilegítima de Enrique IV, y los que apoyaban a Isabel (futura Isabel I de Castilla, llamada la Católica), hermana de Enrique IV.

La facción de Juana la Beltraneja, que había sido nuevamente reconocida como heredera por el rey poco antes de su fallecimiento, se formó con la mayoría de los nobles, con el apoyo militar de Alfonso V (oficializado por el matrimonio de Alfonso V y Juana la Beltraneja el 25 de mayo de 1475) y con la alianza con Francia para neutralizar la intervención de Aragón. Los portugueses penetraron por Extremadura y, tras atravesar el Sistema Central, cayeron sobre la meseta del Duero con un doble propósito: unirse a Arévalo, protector de Juana, para contar desde el principio con ella, y acercarse a Francia, en cuya ayuda confiaban. Pero tal idea fue un tremendo error, puesto que, alejados de los dominios de los grandes nobles (sus partidarios), cayeron de lleno en el centro de la burguesía castellana (simpatizante con sus enemigos), con lo que la alianza con los nobles fue siempre precaria y perdieron la ventaja inicial.

Aunque los invasores consiguieron algunos éxitos, Fernando II de Aragón, que había contraído matrimonio en secreto con Isabel la Católica en 1469, ganó el tiempo necesario para crear un ejército de nueva planta, gracias a los recursos obtenidos por Isabel y a una pequeña parte de los ofrecidos por la Iglesia católica (la mitad del oro y la plata de los templos). Al fin, la batalla de Toro (1476) fue un rotundo éxito castellano, logrado a pesar del socorro y de la actuación de Alfonso V de Portugal, que logró retirarse imbatido.

Convencido de que sin apoyo extranjero nada lograría, Alfonso V decidió solicitarlo personalmente del rey francés, para lo cual se embarcó rumbo a Francia, mientras sus tropas luchaban aún en la frontera castellana (1476); pero sus gestiones fueron inútiles. A su llegada a Portugal (1477) intentó reanudar las hostilidades con los reyes castellanos; el partido de Juana, profundamente debilitado durante los meses de inactividad, no pudo prestarle el apoyo necesario, y así, tras la nueva derrota de La Albuera (1479), Alfonso V hubo de aceptar el definitivo Tratado de Alcaçovas (4 de septiembre de 1479).

En virtud de este tratado, Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla eran reconocidos reyes de Castilla y Aragón; las fronteras de ambos reinos no sufrían variación, pero se preveía la posibilidad de una futura unión de los reinos peninsulares por enlaces matrimoniales. En cuanto a la expansión atlántica, Castilla alcanzaba derecho sobre las islas Canarias y Portugal lograba el predominio en el reino de Fez y en Guinea. Terminado el conflicto castellano, Alfonso V decidió abdicar en favor de su hijo Juan II de Portugal y retirarse a un monasterio. Falleció poco tiempo después en Sintra, víctima de una epidemia de peste.

Cómo citar este artículo:
Fernández, Tomás y Tamaro, Elena. «». En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea [Internet]. Barcelona, España, 2004. Disponible en [fecha de acceso: ].

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