Catalina de Aragón

(Alcalá de Henares, 1485 - Kimbolton, Inglaterra, 1536) Noble española, reina de Inglaterra (1509-1533). Hija de Fernando II de Aragón y de Isabel I de Castilla, en 1501 contrajo matrimonio con Arturo, primogénito de Enrique VII de Inglaterra, como parte de la política de alianzas diseñada por sus padres para aislar diplomáticamente a Francia. Arturo murió al año siguiente, y los intereses de Estado llevaron a negociar el matrimonio de la viuda con el nuevo heredero, el príncipe Enrique, hermano del difunto, aunque la boda se pospuso hasta que el príncipe de Gales se convirtió en Enrique VIII (1509).


Catalina de Aragón (retrato de Michel Sittow)

De la unión de ambos nacieron seis hijos, aunque de todos ellos sólo sobrevivió María Tudor, futura reina de Inglaterra. Enrique VIII, preocupado por la necesidad de tener un sucesor varón, y a un tiempo enamorado de Ana Bolena, solicitó el divorcio a las autoridades eclesiásticas (1527) con el pretexto de la ilicitud del matrimonio celebrado entre cuñados. La reina defendió la validez del enlace por el hecho de que su matrimonio con Arturo no había sido consumado.

La actitud inicialmente favorable del papa Clemente VII se modificó ante la decisión de Catalina y las presiones del emperador Carlos V, que estaba poco dispuesto a ver comprometida su estrategia. En plena efervescencia protestante, la cuestión se convirtió en una viva polémica sobre la primacía papal en la que participaron teólogos y hombres de letras.

El Papa se mostró indeciso, y no se atrevió a conceder el divorcio debido al control político y militar que por entonces Carlos V ejercía sobre Roma; designó al cardenal Campeggio para que junto con el obispo Wolsey investigara la cuestión. Sin embargo, Catalina se negó a defender su postura negando la competencia del tribunal que había de decidir (1529). La declaración de ambos prelados, contraria a los deseos del rey, determinó la caída en desgracia de Wolsey, al igual que ocurriría posteriormente con Tomás Moro. Enrique VIII solicitó la opinión de las universidades europeas, que se manifestaron a favor del divorcio. El papa Clemente se pronunció al fin contra la pretensión del monarca, y le ordenó acudir a la Santa Sede. Aconsejado por Cromwell y Cranmer, Enrique VIII rehusó presentarse, negando la autoridad del papa.

Por último, Enrique rompió definitivamente con Catalina (1531) y se casó con Ana Bolena, ya embarazada de la futura reina Isabel I. En 1533 el arzobispo de Canterbuy, Cranmer, anuló el matrimonio del rey con Catalina; el monarca se separó de la obediencia a la Iglesia Católica de Roma (1534) y se hizo reconocer como jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra. La desobediencia de Enrique VIII hacia el papado desencadenó así la constitución de una iglesia nacional anglicana, aprobada por el parlamento, que hizo pública su renuncia a aceptar al papa como cabeza de la nueva Iglesia, papel que desde entonces debería desempeñar el rey de Inglaterra. Catalina fue confinada en el castillo de Kimbolton, pero nunca renunció al título de reina.