Pau Claris

(Barcelona, 1586 - id., 1641) Político y eclesiástico catalán. Presidente de la Generalitat de Cataluña (1638-1641), durante el conflicto del Corpus de Sangre se puso de parte del pueblo y en 1641 proclamó la república catalana bajo protección francesa. Murió poco después de la batalla de Montjuïc.


Pau Claris

Tras doctorarse en derecho civil y canónico, Pau Claris fue canónigo de la catedral de La Seu d'Urgell (1612) y representante del síndico del capítulo en las Cortes generales de Barcelona (1626), en las que ya manifestó su oposición a la demanda real de soldados para la guerra. Trasladado en 1627 a Barcelona, fue nombrado visitador de la Generalitat y asistió de nuevo como sindico capitular a las Cortes de Barcelona de 1632, en las que defendió los derechos patrimoniales de su iglesia y se opuso al cobro del diezmo a los eclesiásticos, conflicto que dio lugar a incidentes armados en varias localidades catalanas entre 1634 y 1636. Protagonizó también un enfrentamiento abierto con el nuevo obispo de Urgell, Pablo Durán, quien apoyaba la causa real.

Elegido presidente de la Generalitat de Cataluña para el trienio 1638-1641, contó con el apoyo municipal, pero no con el de los representantes gubernamentales, con quienes sostuvo constantes pugnas originadas principalmente por los saqueos llevados a cabo en territorio catalán por los tercios del rey. El descontento popular con la actuación política, fiscal y militar en el Principado del Conde Duque de Olivares y del virrey Dalmau de Queralt, conde de Santa Coloma, aumentó a causa de una serie de acontecimientos encadenados que terminaron por romper las relaciones entre el gobierno de Cataluña y el poder central e hicieron necesaria la formación de la “dieciochava”, comité constituido “en beneficio de la constitución y de la defensa de la Generalitat”, al que Claris se integró en 1639.

La decisión real de detener a algunos miembros del Consell de Cent (18 de marzo de 1640) y al diputado Francisco de Tamarit, así como el proceso abierto por orden real contra él por los jueces apostólicos, impulsaron a Claris a iniciar relaciones con Francia. Todos estos acontecimientos y la excomunión dada por el obispo de Girona a parte de los tercios castellanos constituyeron los prolegómenos de una insurrección generalizada que, iniciada en Barcelona, tuvo su punto culminante el 7 de junio de 1540 en el llamado “Corpus de Sangre”.

En él falleció Dalmau de Queralt, a quien Claris y el resto de los diputados habían intentado salvar por miedo a la agitación social; a partir de ese momento, el gobierno pasó a una junta formada por 36 miembros liderada por Claris, a pesar del nombramiento de un nuevo virrey, cargo que recayó en el duque de Cardona; muerto éste, el puesto fue ocupado por el obispo de Barcelona, García Gil Manrique, y posteriormente por el militar Pedro de Fajardo y Zúñiga, Marqués de los Vélez.

Apegado a las tradiciones catalanas, Pau Claris mantuvo inicialmente una postura diplomática y conciliadora en el conflicto, que nunca abandonaría totalmente, aunque los acontecimientos le obligaron a recurrir a la guerra y a buscar una solución que pasó por solicitar, el 12 de diciembre de 1640, ayuda militar a Francia. Tras el intento de involucrar a Valencia en la rebelión, instauró bajo la protección francesa una república catalana que apenas duró seis días, del 17 al 23 de enero de 1641.

Fracasada ésta y debido al peligro que para Barcelona suponía la proximidad del ejército del Marqués de los Vélez, el 23 de enero hubo de reconocer, en nombre del Principado, al rey Luis XIII como conde de Barcelona. La victoria franco-catalana del 26 de enero en Montjuïc, que frenó el avance triunfal del ejército realista, parecía ser el primer paso del triunfo de la rebelión y también de Claris, quien no pudo ver resuelto el conflicto al fallecer súbitamente al mes siguiente.

El título condal pasó a Luis XIV, pero la experiencia francesa resultó negativa, pues los ejércitos francos se comportaron de forma parecida a como lo habían hecho los castellanos. Barcelona capituló ante las tropas dirigidas por Juan José de Austria el 11 de octubre de 1652; el monarca, a cambio, otorgó un perdón general y prometió respetar las leyes y privilegios del Principado. La Paz de los Pirineos (1659) supuso para Cataluña la pérdida de Rosellón y Cerdaña, que pasaron a Francia.