Bettino Craxi

(Benedetto Craxi; Milán, 1934 - Hammamet, 2000) Político italiano que fue primer ministro del país entre 1983 y 1987. Perteneciente a una acomodada familia burguesa de origen siciliano, a los dieciocho años se afilió al PSI (Partido Socialista de Italia), al tiempo que ingresaba en la Universidad de Milán para estudiar derecho, carrera que no llegó a terminar a causa de su creciente actividad política en el seno del partido. En 1963, Craxi pasó a convertirse en miembro del Comité Central del partido y, dos años más tarde, presidente provincial del mismo. Anteriormente, Craxi logró ser nombrado concejal en el ayuntamiento de Milán, ciudad que acabaría por convertirse en su bastión personal y base de su futuro poder político.

El año 1968 fue el del encumbramiento político y social definitivo de Bettino Craxi; fue elegido diputado en la Cámara Baja de Italia, cargo en el que sobresalió por liderar la facción interna socialista denominada "autonomista", favorable a un progresivo distanciamiento político con respecto a los dos partidos más poderosos del panorama político italiano, el PCI (Partido Comunista de Italia) y la DC (Democracia Cristiana), para así poder desarrollar una política socialista de reforma con tendencia centrista y hacer del partido el tercero en discordia, lo que le permitiría salir de su habitual ostracismo en la vida política del país.

Tras conseguir, en 1968, la vicepresidencia del partido, en 1976 se hizo cargo de la presidencia del mismo, justo en el peor momento electoral de la formación en toda su historia, con un apoyo de los votantes por debajo del 10% en todo el país. A pesar de ser duramente criticado por su autoritarismo y concepción "bonapartista" de la dirección del partido, Craxi logró consolidar definitivamente el partido en el juego político italiano. En apenas cinco años y gracias a su eficacia a la hora de establecer alianzas políticas beneficiosas para los intereses del partido, tanto nacionales como locales (táctica conocida como "el poder de la coalición"), Craxi logró convertirse en el árbitro político de Italia, hasta el punto de que, entre 1979 a 1983, el PSI participó en seis gobiernos de coalición consecutivos, cosa impensables antes de su llegada.

Las elecciones anticipadas de 1983 proporcionaron a Craxi la oportunidad de hacerse con el poder, en buena parte debido al descalabro electoral de su socio político, la DC, a su excelente reputación en los medios de comunicación y a su popularidad en el electorado medio italiano. A pesar del modesto avance del partido, de mayor peso político y social que electoral, el presidente Sandro Pertini le encargó, en el mes de agosto, la formación del nuevo gabinete.

Craxi formó un gobierno de coalición, denominado el "pentapartito", pero con mayoría democristiana. Apodado "il tedesco" ('el alemán'), por su carácter imperioso, o bien el "rei Bettino" dada su poco disimulada arrogancia cuanto estuvo en el poder, el hombre del partido cedió el paso al hombre de Estado. Craxi prosiguió su estrategia de marginación del PCI negándose reiteradamente a firmar cualquier tipo de alianzas con dicha formación, al tiempo que estrechó más si cabe su colaboración con la DC y con varias formaciones minoritarias que le aseguraron el poder local o regional. El PCI nunca le perdonó semejante desplante político.

Demostrando grandes dosis de energía y decisión, Craxi logró la estabilidad suficiente en su Gobierno para colocar a Italia en el directorio mundial de los países industrializados tras haber superado a la mismísima Gran Bretaña en el PIB. Pero la política de recortes presupuestarios y la modificación del sistema de indización de salarios provocaron en todo el país una serie de huelgas generalizadas que acabaron por erosionar el crédito político del PSI y de su líder.

Su presidencia se caracterizó por la defensa de sus intereses y los de su partido más que por la línea de reformas políticas y fiscales que había prometido en la campaña electoral. Una vez que se consumaron las diferencias entre el PSI y la DC, Craxi dimitió como jefe de gobierno, el 9 de abril de 1987. Antes de abandonar el cargo llevó a cabo la renovación del Concordato con el Vaticano.

En 1992 fue destapado por los jueces del movimiento Manos Limpias el escándalo financiero conocido como Tangentópolis, que barrió de la escena política a la DC y al PSI de Craxi. A principios de ese año las autoridades judiciales ordenaron una exhaustiva investigación criminal contra la corrupción generalizada y los sobornos en la Administración Pública italiana, la política y los altos círculos empresariales.

Pronto se revelaron las conexiones entre la Mafia siciliana y más de cuatrocientos parlamentarios, así como el pago de fuertes sumas de dinero por parte de las grandes compañías italianas al Gobierno de la época de Craxi y a altas personalidades políticas para obtener a cambio sustanciosos encargos de trabajo por parte del Estado y privilegios fiscales y comerciales de todo tipo. Ese dinero pagado sirvió para financiar a los partidos políticos y, en algunos casos, para enriquecer personalmente a muchos políticos, entre ellos al propio Bettino Craxi.

Craxi, en un acto de valentía o quizá de soberbia, no negó haber recibido dinero ilegal para financiar al PSI, antes al contrario: dijo que esa era una práctica común y aceptada por todos los partidos políticos del país. También sostuvo que "robar para el partido no era un delito, sino como mucho una irregularidad".

El 15 de diciembre de 1992, los jueces de Milán abrieron un sumario contra él por presunta corrupción y participación en el escándalo Tangentópolis. Esto, evidentemente, forzó su dimisión al frente de la Secretaría General del PSI y del resto de cargos que ostentaba en la formación, el 11 de febrero de 1993, acuciado cada día más por todos los sumarios que se abrieron en su contra en el pequeño intervalo de tiempo transcurrido entre esos dos meses. En diciembre de 1993 la fiscalía de Milán pidió su procesamiento inmediato por la acusación de haber cobrado comisiones del grupo de carburos ENI y de la aseguradora SAI, ambas italianas.

Para proceder a su juicio, el Congreso italiano había retirado a Craxi la inmunidad parlamentaria y, además, el pasaporte, con objeto de impedir que se fugara del país; sin embargo, el italiano se adelantó y se refugió en la localidad tunecina de Hammamet, gracias a su buena amistad con el presidente de aquel país, Abidin Ben Alí.

El 29 de marzo de 1994 dio comienzo en Milán el juicio por las comisiones ilegales. Craxi fue condenado a cinco años de prisión. Juzgado en rebeldía por su huida, volvió a ser procesado el 29 del mismo año, tras lo cual fue condenado a una pena total de ocho años y medio de cárcel y a una inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos en Italia. Finalmente, el 11 de julio de 1995, un tribunal de Milán dictó orden de captura contra Bettino Craxi, acusado de los cargos de corrupción y financiación ilegal. Dos semanas después, fue declarado fugitivo de la justicia italiana.

Según rebelaron las investigaciones, el monto total que recibió el PSI en conceptos de sobornos y prebendas de todo tipo entre los años 1987 a 1990 (el único período de tiempo que se pudo calcular con exactitud), ascendió a unos 187.000 millones de liras (unos 16.000 millones de pesetas). Convertido en el símbolo de la "República de los sobornos", Craxi pasó todo su exilio tunecino enclaustrado en su villa de Hammamet, soñando con volver a Italia con una rehabilitación política y pública que nunca llegó, debido a la firme oposición del principal partido de la izquierda en Italia, el Partido Democrático de Izquierda (antiguo PCI), liderado por el actual primer ministro Massimo D'Alema.

Aquejado de una diabetes poco cuidada que le provocó una gangrena en una pierna y serios problemas cardíacos, la muerte repentina por infarto, acaecida la tarde del 19 de enero del año 2000, le impidió ver una posible rehabilitación política que el Parlamento venía discutiendo desde el mes de octubre del año anterior como consecuencia de la anulación por parte del Tribunal Supremo, en abril de 1998, de varias condenas que pesaban sobre él y también por razones humanitarias, habida cuenta del progresivo empeoramiento de su salud. La carrera política de Bettino Craxi se puede resumir en un ascenso vertiginoso y una caída profunda. Su estrella política decayó de una manera nuca vista antes en Italia; pasó de ser uno de los líderes con más proyección a vivir exiliado en su villa de Túnez, denostado por los que antes le habían encumbrado y alabado cuando estaba en el poder.

Al navegar por este sitio, aceptas el uso de cookies y los anuncios personalizados Entendido Más información