Willem Duisenberg

(Willem Frederick Duisenberg; Heerenveen, Países Bajos, 1935) Economista y político holandés, presidente del Banco Central Europeo durante la transición al euro.

Licenciado en ciencias económicas por la Universidad de Groninga, se doctoró en 1965 (después de haber estado cuatro años como asistente de profesor) con una tesis sobre «Las consecuencias económicas del desarme» y se especializó en relaciones económicas internacionales, materia en la que profundizó ampliamente a lo largo de su carrera. Su formación se completó con los cuatro años que pasó en Washington, trabajando para el Fondo Monetario Internacional (FMI).


Willem Duisenberg

De regreso en su país, su primer trabajo fue el de asesor del banco central holandés, antes de empezar a ejercer en 1970 como profesor de macroeconomía en la Facultad de Economía de Ámsterdam, cargo en el que permaneció durante tres años, antes de ser nombrado ministro de Economía en el gobierno presidido por Joop Den Uyl.

Aunque su experiencia ministerial no fue muy bien vista públicamente, sobre todo por intentar instaurar la regla del 1 %, por la que el gasto público no podía crecer más que ese porcentaje del producto interior bruto (PIB), su carrera no sólo no se estancó sino que prosiguió imparable. Nada más dejar su cartera, en 1977, pasó a dirigir el Banco de Pagos Internacionales, y cinco años más tarde fue nombrado director del Banco Nacional de Holanda, cargo que seguiría desempeñando y que compatibilizó con la presidencia del consejo de dirección del Banco Internacional de Pagos, con sede en la ciudad suiza de Basilea.

A lo largo de los últimos quince años anteriores a la llegada del euro, como presidente del Banco Nacional de Holanda, no sólo consiguió mantener estable el florín, sino que, gracias a su línea de austeridad a ultranza, también logró situar la inflación holandesa entre las más bajas de Europa y posibilitó que la economía de su país fuera una de las más estables de la Unión Europea, rebajando el déficit, que estaba muy cerca del 10 % del PIB, a un 3 %. Entre sus éxitos habría que situar, además, el hecho de que el crecimiento de empleo fuera mucho más rápido que el que se dio en cualquier otra época.

Autor de numerosos estudios económicos, entre los que destacan El FMI y el Sistema Monetario Internacional (1966), El equilibrio británico de pagos (1969) o Comentarios sobre la inflación importada (1970), este holandés, casado, padre de dos hijos y gran amante del golf, designado por la Corona miembro del Consejo Económico y Social, fue miembro del Instituto de Investigación de La Haya, presidente de la Fundación Guillermo I y presidente de la Fundación del Premio Erasmus.

En 1993 consiguió seguir ampliando su currículo, al ser nombrado una vez más presidente de otro organismo bancario de gran relevancia, en este caso del Comité de Gobernadores de Bancos Centrales Europeos. Apenas un año después ya era miembro del consejo directivo del Instituto Monetario Europeo (IME), el embrión del futuro BCE, pero tendría que esperar casi dos años para ser nominado para un nuevo cargo.

De acuerdo con las bases constitutivas, el Banco Central Europeo (BCE), el llamado banco de los bancos, está regido por un comité ejecutivo y los gobernadores de los bancos centrales nacionales. Dicho comité consta de un presidente, un vicepresidente y de dos a cuatro consejeros, todos ellos nombrados de común acuerdo por los gobiernos de los países participantes en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM).

A la hora de ser elegido como sucesor de Alexandre Lamfalussy, el 14 de mayo de 1996, el holandés Willem Duisenberg contó con el apoyo de los integrantes de los Quince. Su intención declarada era conseguir «vender» el euro a los alemanes de la misma forma que con anterioridad lo hizo con éxito a sus propios compatriotas. Ello, unido a su larga experiencia como gestor, le colocó en inmejorable posición para ocupar el sillón ejecutivo del BCE a partir de 1999. Las demostradas dotes de buen comunicador de Willem Duisenberg (domina cinco idiomas a la perfección), una estrategia que se apoyaba sobre todo en los desafíos potenciales de los desarrollos informáticos, su afán por mantener el nuevo orden y su gran capacidad de juicio fueron las bazas que tuvo a su favor para convertirse en el máximo responsable del futuro BCE.

Culminados los pasos previos previstos en el proceso de la UEM, Duisenberg presentó el 30 de agosto de 2001 en la ciudad alemana de Frankfurt, sede del BCE, los billetes y monedas reales de euro que iban a sustituir, a partir del 1 de enero de 2002, las monedas nacionales utilizadas por 300 millones de ciudadanos de la Unión Europea. «El euro -dijo a los periodistas- es mucho más que una moneda: es un símbolo de la integración de Europa; países tantas veces arrasados por la guerra se comprometen ahora a mantener la libertad, la democracia y los derechos humanos

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