Agustín Durán

(Madrid, 1793 - 1862) Escritor español. Está considerado como uno de los introductores del romanticismo en España y como uno de los iniciadores de la crítica histórica de la literatura. Es autor de Discurso sobre el influjo que ha tenido la crítica moderna en la decadencia del teatro antiguo español (1828), de Trovas en antigua parla castellana (1829), de estudios sobre Lope de Vega y Tirso de Molina y de leyendas.


Agustín Durán

Estudió en el seminario de Vergara y luego en la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Ejerció la abogacía en Valladolid y más tarde profesó la enseñanza pública, donde alcanzaría una destacada posición. A la muerte de Fernando VII recibió varios ofrecimientos, pero prefirió sacrificar su carrera futura, que hubiera visto facilitada por su posición social, a los estudios filológicos. Llegó a director de la Biblioteca Nacional, cargo en cuyo ejercicio pudo dedicarse a su actividad de bibliógrafo e investigador y editor de textos. Discípulo de Lista y amigo de Quintana y de Gallardo, fue un seguidor del famoso hispanista Böhl de Fáber.

Numerosos críticos le juzgan introductor del Romanticismo en España debido al Discurso sobre el influjo que ha tenido la crítica moderna en la decadencia del teatro antiguo español (1828), en el que, antes que ningún otro erudito del país, destacó la importancia de los romances populares (que reunió en los tomos del Romancero general, aparecidos entre 1828 y 1832, y en una nueva edición ampliada en el período 1832-1844) y del teatro del Siglo de Oro. Más quizás que el prefacio de Alcalá Galiano al Moro expósito del duque de Rivas, el Discurso de Agustín Durán puede considerarse como el manifiesto del Romanticismo en España. Durán resume y pone término, en los inicios del nuevo movimiento literario y cultural, a toda la larga discusión sobre el teatro que había sido el centro de las batallas literarias de la segunda mitad del siglo XVIII entre "castizos" y "afrancesados".

El elemento más notable del Discurso es la convicción, general a todo el Romanticismo, de que la poesía brota del pueblo, en su primera constitución en unidad de los cantos épicos que luego gradualmente son absorbidos por el elemento culto, pero que continúan evolucionando (así, los "romances") en el pueblo, alimentando secretamente la vena de los poetas que a menudo sin saberlo toman algo del arte popular. Y creación del arte popular es todo el "teatro antiguo español", "el teatro clásico nuestro", según dice, teatro profundamente distinto del culto y frío teatro francés de los literatos, porque introduce sus raíces en los sentimientos, en las tradiciones y en las leyendas nacidas del pueblo.

Carente de profundas investigaciones filológicas, el texto del Discurso está sin embargo lleno de observaciones notables y precisas, aunque quizás desordenadas, y constituye una apasionada y viva defensa de la literatura española contra la crítica formalista de los franceses. Hay consideraciones filosóficas al lado de observaciones estilísticas, y sobre criterios antiguos se insertan los postulados del Romanticismo; crítica literaria y visión histórica se funden y alternan. Acertadamente, el Discurso fue incluido en la edición del Romancero general que Durán recopiló para demostrar la inagotable fuente de poesía de estos cantos populares que, derivados de los poemas épicos, se han continuado en la tradición oral durante siglos y han de considerarse como prueba de la "naturaleza poética" del pueblo.

Entre sus restantes obras cabe citar Trovas en antigua parla castellana (1829), Trovas a la reina (1832), Talía española (1843), Colección de sainetes de don Ramón de la Cruz (1843) y La leyenda de las tres toronjas del vergel de Amor (1856). En 1834 ingresó en la Academia.