Publio Papino Estacio

(Publius Papinius Statius; Nápoles, c. 45- id., 95 d.J.C.) Poeta épico latino. Su creación más destacada es el poema La Tebaida, que, dedicado a Domiciano, narra el ataque de los siete contra Tebas y, junto a su carencia de unidad, presenta como norma principal la ausencia de un protagonista que sirva de eje a la acción referida. Dejó sin concluir el poema La Aquileida, de menor interés que las Silvas, compilación de poesías originales.


Publio Papino Estacio

En su ciudad natal, Nápoles, tenía el padre de Estacio una escuela en la que se leían y comentaban las páginas de los más grandes poetas, y con preferencia Homero, Hesíodo, Píndaro y Safo, entre los principales de lengua griega. Todo ello explica la temprana vocación lírica en Estacio y el sello más helénico que latino que se advierte en sus composiciones.

Sus contemporáneos atribuyeron a Publius Papinius Statius (nombre latino del autor) una gran facilidad para improvisar y un perfecto dominio de los recursos poéticos, lo cual le llevó a abrirse cómodamente camino en la sociedad literaria de su tiempo y a cosechar grandes éxitos. Cuenta Juvenal que el público acudía en gran número a escuchar las lecturas en las que Estacio, dotado de una sugestiva y melódica voz, recitaba los versos de su obra mayor, La Tebaida.

Estacio supo sacar partido de sus dones naturales y, a diferencia de sus contemporáneos Silio Itálico y Cayo Valerio Flaco, para quienes escribir poesía era una necesidad o un alto lujo del espíritu, cultivó las letras como un medio de ganarse la vida y llegó a ser un profesional de la versificación. La vida social romana daba grandes oportunidades para ello, ya que la poesía se componía con frecuencia con motivo de conmemoraciones, y a menudo se encargaban elogios o consolaciones en verso.

Estacio participó asimismo en justas y competiciones poéticas, en las que alcanzó grandes victorias, como la merecida en los juegos albanos, en que recibió la corona de manos del emperador Domiciano por un poema sobre la guerra dacio-germánica que había sostenido el mismo emperador. De esta composición nació el poema Bellum germanicum, que con el Eucharisticon son sendas muestras de su deseo de distinguirse en la adhesión y alabanza al emperador.

Pero el poeta tuvo ocasión posterior de cantar, como muchos de sus colegas, los amargos avatares de la fortuna. Estacio no obtuvo el codiciado galardón en el certamen capitolino y se retiró a su Nápoles natal, donde encontró «un lugar de paz segura y un descanso imperturbable» (Silva 3,5, 85-94). Estacio escribió además La Aquileida, también dedicada a Domiciano; destinada en principio a ser leída en un teatro romano ante pública asamblea, la obra pretendía narrar la vida del héroe homérico, pero quedó inacabada.

Al igual que La Eneida de Virgilio, La Tebaida de Estacio se compone de doce libros y fue confeccionada durante doce largos años; en ella se relata la lucha a muerte por el trono de Tebas de los hermanos de Antígona, Eteocles y Polinices. Es una epopeya enojosa y voluminosa, que roza con frecuencia los tonos más terriblemente melodramáticos. En ella se reconocen demasiado claramente las fuentes en las que el autor nunca dejó de beber: Esquilo, Sófocles, Eurípides, Ovidio, Lucio Anneo Séneca, así como Virgilio, del que aparece exactamente calcado el episodio de Eurialo y Niso. La primera traducción al idioma español, elogiada por Lope de Vega, se debe a Juan de Arjona.

Como toda la de la época Flavia, la poesía de Estacio se resiente de confusión de estilos, poniendo él de su inspiración propia un abigarrado patetismo que resulta demasiado convencional y que no va muy de acuerdo con el temperamento de buen artesano de la retórica, al que no resulta muy convincente el empleo del tono sublime. No obstante, es constante en todas sus páginas una cuidada elegancia de lenguaje, fruto de un continuo trabajo de pulimento de la expresión.

En otro tipo de trabajos, Estacio ofrece un aspecto que su producción mayor no presentó: el intimista. Son las Silvas, poemas hechos sin proyecto previo, al correr de los días, y que no recopiló hasta los últimos años de su vida. Estas treinta y dos composiciones escritas en hexámetros se distribuyen en cinco libros, cada uno de los cuales (a excepción del último) está precedido de unas páginas en prosa que sirven de dedicatoria. Los temas que se tratan en ellas son múltiples y variados: celebraciones, epitalamios, epístolas consolatorias, descripciones de monumentos, referencias mitológicas, etc. Ni éstas ni las anteriores obras citadas sacan a Estacio del lugar en el que le ha situado la historia de la literatura, que lo considera uno de los autores menores de la poesía latina. A pesar de ello, Estacio fue muy popular y alabado en la Edad Media; lo ilustra el hecho de que Dante lo eligiera como uno de sus guías en el alegórico viaje de La Divina Comedia.