Étienne Falconet

(Étienne-Maurice Falconet; París, 1716 - id., 1791) Escultor francés. Fue discípulo de Jean-Baptiste Lemoyne. A través de Pierre Puget recibió la influencia de Gian Lorenzo Bernini, manifiesta sobre todo en su obra Milón de Crotona devorado por un león (1754). Su obra maestra es la estatua ecuestre de Pedro I de Rusia, que realizó en San Petersburgo por encargo de Catalina la Grande.

Artista predilecto de Madame de Pompadour, Étienne-Maurice Falconet fue uno de los grandes maestros de la escultura rococó francesa. Discípulo de Lemoyne y seguidor de Puget, aprendió de este último que al arte se llegaba más mediante un proceso de interiorización que por imitar a los antiguos. Su gran personalidad se expresa contundentemente en temas dramáticos y agitados como el Milón de Crotona devorado por un león (1754, Museo del Louvre, París), donde el personaje desnudo grita de dolor cuando un león clava las fauces en su muslo derecho, y en amables temas, como la Flora del Museo del Ermitage, encantadora joven desnuda de aspecto sereno.


El amor amenazante (1757), de Étienne-Maurice Falconet

Desnudo está también el niño alado que se lleva el dedo índice a los labios para pedir silencio (El amor amenazante, 1757, Museo del Ermitage, San Petersburgo), un gesto admonitorio que parece reclamar discreción y cautela en los lances amorosos, pero que se vuelve ambiguo si tenemos en cuenta que, con su mano izquierda, el travieso chiquillo toma una flecha de la aljaba. Fue, sin duda, el Cupido más famoso del siglo XVIII; además resulta incomparablemente más atractivo que el de Bouchardon.

Tan popular o más acabó siendo La bañista (1757, Museo del Louvre, París), de la que un crítico afirmó que era una "pieza agradable para adornar una estantería", acaso queriendo minimizar su valor, pero concediéndole, en realidad, su verdadero mérito. Levemente enroscado en forma de tirabuzón, el escorzo muestra a la muchacha en una actitud casta, concentrada en su quehacer, sin pudor ni coquetería. Gracias precisamente a esta asepsia, a esta ausencia de énfasis, a esta perfecta indiferencia de la figura con respecto a su espectador, este pequeño mármol se convierte en una placentera escultura, al mismo tiempo familiar y enigmática.

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