Manuel Ventura Figueroa

(Manuel Ventura Figueroa Barreiro; Santiago de Compostela, 1708 - Madrid, 1783) Eclesiástico y político español. Negoció en Roma el Concordato de 1753 y apoyó en 1767 la expulsión de los jesuitas. Fue presidente del Consejo de Castilla (1773-1783) tras la caída de Aranda.


Manuel Ventura Figueroa

Graduado en leyes por la Universidad de Santiago (1727), Manuel Ventura Figueroa completó sus estudios de derecho en la de Valladolid, donde también se graduó en cánones (1733). Posteriormente obtuvo la licenciatura y el doctorado en derecho canónico en la Universidad de Ávila, y ganó por oposición una plaza de profesor en la de Valladolid. Ejerció en la Chancillería de Valladolid, donde tuvo como maestro a Manuel Patiño, afamado abogado y miembro del Consejo Real. Después de obtener por oposición la canonjía doctoral del obispado de Orense en 1733, fue designado subdelegado de Cruzada del mismo obispado en 1734 por el comisario general Gaspar Molina, obispo de Barcelona. Fue ordenado sacerdote en 1737.

Nombrado gobernador de la diócesis de Orense por el obispo Agustín de Eura, en 1742 fue enviado a Madrid como representante de la diócesis en un pleito suscitado por motivo de diezmos, viaje que Manuel Ventura Figueroa aprovechó para entrar en contacto con algunos consejeros del Consejo Real y de la Cámara y tratar sobre cuestiones relacionadas con el Patronato Real. En 1746 fue escogido superior de la abadía de Covarrubias (Burgos), destino que permutó un año después por el de la abadía de la Santísima Trinidad de Orense, y en 1748 se le nombró visitador general de todas las iglesias y obras pías del Real Patronato del reino de Granada. Estos últimos cargos le relacionaron con el marqués de la Ensenada y con el padre Rávago, confesor del rey.

Junto con el marqués de los Llanos, Gregorio Mayáns y Bias Jover, Manuel Ventura Figueroa fue encargado de emitir un informe sobre el Concordato de 1737 que había sido ratificado por el rey Felipe V y el papa Clemente XII, informe que fue entregado al secretario de Estado en 1749. En el mismo expresó su convencimiento de que no podía llegarse a un acuerdo entre el Gobierno español y la Santa Sede si no se resolvía de antemano la cuestión del Patronato Real (ante el cual la monarquía española mantenía una postura regalista) y la de los excesivos tributos y exacciones que pagaban las iglesias y los feligreses españoles a la Dataría romana. La vigencia del Concordato de 1737 fue nula y la llegada al poder de Fernando VI exigió la firma de un nuevo concordato que diese respuesta a las exigencias del nuevo monarca de extender el Patronato Real vigente en Granada e Indias a toda la Península y de reducir la cuantía de los tributos que la Santa Sede recaudaba en España.

Frustrados los primeros contactos entre el papa Benedicto XIV y, por parte de España, el cardenal-embajador Joaquín Fernández Portocarrero y el ministro de Estado José Carvajal y Lancáster, Manuel Ventura aconsejó al rey emprender una negociación privada paralela a la oficial, ya que “con alegatos y documentos no se conseguiría nada de Roma”. Ésta fue llevada a cabo en secreto y encomendada al marqués de la Ensenada y a Francisco Rávago, quienes eligieron a Ventura Figueroa como su brazo ejecutor en la Santa Sede.

Para no levantar sospechas a nivel oficial, en 1749 Ventura Figueroa fue nombrado auditor de la Rota en Roma en substitución de Alfonso Clemente de Aróstegui, quien fue designado miembro del Consejo Real. Ventura llegó a la capital italiana en julio de 1750 y paulatinamente se fue ganando la confianza del papa, del secretario de Estado, cardenal Valenti, y del datario de la Santa Sede.

Ajeno a las negociaciones de Figueroa, Portocarrero le encomendó hacerse cargo de los libramientos de la Escuela de Bellas Artes de Roma y de impulsar la Academia de Historia Eclesiástica, en cuyas sesiones ocupó la presidencia. Para no suscitar recelos en el cardenal-embajador respecto a las continuas visitas que realizaba al papa, fue elegido para gestionar la bula de la Cruzada. Figueroa realizó las negociaciones de forma personal con Valenti, y fruto de ellas fue la redacción de un primer proyecto de acuerdo a finales de 1750, que no llegó a ser presentado a Benedicto XIV al considerarse que no estaba totalmente desarrollado. Tras una serie de reformas, el proyecto fue entregado al papa en febrero de 1751.

Los principales temas sobre los que los interlocutores tuvieron que limar asperezas fueron los relativos al Patronato Real, a las reservas pontificias de rendimientos eclesiásticos y a las cédulas bancarias; Ventura Figueroa tuvo que recurrir, además de a su ingenio diplomático, a grandes cantidades de dinero para obtener por medio de regalos el beneplácito de las autoridades eclesiásticas. El Concordato fue firmado en 1753 en el Palacio Apostólico del Quirinal y recibió la ratificación papal en la basílica de Santa María la Mayor.

Los puntos más importantes de este nuevo acuerdo fueron la cesión del papa a Fernando VI y sus sucesores del derecho universal para presentar obispados y arzobispados; la conservación por parte de la Santa Sede de 52 beneficios eclesiásticos en España; y el pago a la Santa Sede de una compensación por aquellos beneficios que iba a dejar de percibir. El Concordato fue muy importante para los intereses de la Corona española y tuvo vigencia hasta 1833, fecha en la que fue suspendido por la ruptura en las relaciones diplomáticas con motivo del inicio de la Primera Guerra Carlista.

A su vuelta a España, Manuel Ventura Figueroa fue recompensado por sus servicios con nombramientos para altos puestos administrativos y eclesiales. Designado miembro del Consejo de Castilla (cargo desde el que apoyó la expulsión de los jesuitas de 1767), accedió luego a la presidencia de dicho Consejo en substitución del conde de Aranda, y frenó los intentos renovadores de los ilustrados durante los diez años que permaneció a su frente (1773-1783).

Ventura Figueroa ocupó además los cargos de patriarca de las Indias, protector del monasterio de El Escorial (Madrid), vicario general de los Ejércitos, gran canciller de la Orden de Carlos III, procapellán y limosnero mayor de Su Majestad, comisario general de la Cruzada, colector general de los arzobispados y obispados del Reino, arcediano de Nendos y arzobispo de Laodicea in partibus, puesto para el que fue consagrado en 1783; fue asimismo protector de la Sociedad Económica Matritense.

Una semana antes de su muerte, causada por una hidropesía, firmó su testamento, del que hay que destacar su voluntad de crear una fundación para la concesión de dotes, becas de estudio y ayudas a sus parientes, fundación que inició su actividad un año después de su deceso. Actuaron como testamentarios Campomanes, Floridablanca y Gálvez, y se le destinó la suma de 6.037.000 reales. La fundación alcanzó gran popularidad en toda Galicia y todavía existe en la actualidad.

De los textos escritos por Manuel Ventura Figueroa se publicaron, en 1784, la Escritura de fundación del patronato laical y memorias del Excmo. Sr. D. Manuel Ventura de Figueroa, y, en 1862, el Discurso sobre el Concordato de 1737. En el Archivo Histórico Nacional y en el de Simancas (Valladolid) se conserva la numerosa correspondencia que mantuvo con la Corte durante su misión diplomática en Roma.

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