John Fowles

(John Robert Fowles; Leigh-on-Sea, Essex, 1926 - Dorset, 2005) Escritor británico, uno de los más brillantes narradores de su generación, cuya obra incluye novelas tan aplaudidas como El coleccionista (1963) y La mujer del teniente francés (1969), llevadas respectivamente a la gran pantalla por William Wyler y Karel Reisz.


John Fowles

John Fowles frecuentó las escuelas de Londres y la Universidad de Oxford (New College), por la que se licenció en francés en 1950. Durante dos años enseñó en Francia y Grecia, y luego en Inglaterra, donde abandonaría la enseñanza para dedicarse enteramente a la carrera literaria. Su primera novela, El coleccionista (1963), conjugaba ya dos constantes de su producción: una trama extravagante, a medio camino entre la novela de intriga psicológica y el folletín, y una temática basada en la confrontación entre represión y vitalidad, en sus repliegues políticos, sociales y éticos, pero también existenciales y literarios.

El coleccionista tiene como personaje central y eje de la acción a un antihéroe: Frederick Clegg, un funcionario modesto, tímido, retraído y de escasas luces. Frederick alimenta un amor imposible por una estudiante de bellas artes llamada Miranda, que ni siquiera ha reparado en él. Este trivial asunto hubiera quedado confinado al mundo de los sueños irrealizables de Frederick de no haber sido porque resulta agraciado con un premio gordo de la lotería.

Enriquecido de repente, Frederick abandona su mediocre empleo y adquiere una casa de campo aislada, en la que realiza unas obras ya con la idea de mantener allí secuestrada a Miranda. Lleva a cabo su plan según lo tenía previsto: cloroformiza a la joven y la recluye en el sótano que había acondicionado. Frederick sabe que las diferencias sociales entre ambos y su propia falta de atractivo hacen imposible una relación de igual a igual, y opta por esa forma de dominio que compensa su asumida inferioridad.

La narración alterna el relato de Frederick y el diario de Miranda, enamorada en realidad de George Paston, un pintor mayor que ella y, en el fondo, tampoco mucho mejor que Frederick, pues parece tratarse de un seductor sin demasiados escrúpulos. Los diálogos entre raptor y víctima entran en ocasiones en el terreno de la literatura y el psicoanálisis. En esta relación amo-esclava, Frederick mezcla la sórdida realidad de un secuestro con sus fantasmas y sus delirios imaginativos de reprimido, y la joven retenida destila en su diario sus pensamientos más íntimos al tiempo que relativiza muchos de los prejuicios que arrastraba. Finalmente, Frederick deja morir a Miranda, la entierra en el jardín y se plantea la posibilidad de buscar a otra muchacha para hacerle correr la misma suerte. La novela vio reforzado su éxito por la inmediata y brillante adaptación cinematográfica de William Wyler.


Fotograma de El coleccionista (1965), de William Wyler

No menos extravagante que El coleccionista fue su siguiente libro, The Aristos (1964), en el que Fowles recoge aforismos, apuntes y notas de una "filosofía personal" influida por el existencialismo francés, que abre la puerta a la mezcla de realismo y fantasía presente en toda su producción. Tal vena tiene su expresión más cabal en El mago (1966). Su protagonista, Nicholas Urfe, acepta el puesto de profesor de inglés en un colegio privado de Grecia, situado en una isla en la que "reina" un misterioso multimillonario llamado Conchis, propietario de una finca próxima al colegio. El excéntrico personaje actúa como un auténtico mago, transformando la realidad ante los ojos de un desorientado Nicholas, mediante insólitas puestas en escena. El joven profesor traba una amistad particularmente íntima con dos muchachas que, en realidad, son comparsas de los malabarismos de Conchis.

El desvelamiento de los artificios del mago, de los misterios que envuelven su personalidad y del turbio episodio de su actuación durante la ocupación alemana son otras tantas etapas que Nicholas debe superar en una suerte de recorrido iniciático. Pero ni lo consigue por entero ni sabe adónde va a conducirle la elucidación de aquellos misterios. Tras abandonar la isla, y con ello aquel mundo a medias real y onírico, Nicholas regresa a Londres y busca a su antiguo amor, Alison, a la que había olvidado, absorbido por los embelecos de Conchis, el gran manipulador, y por la seducción de las jóvenes a su servicio. Todo queda en el aire, y el supuesto camino iniciático mantiene su impenetrable hermetismo.

La novela más famosa de John Fowles es La mujer del teniente francés (1969). En 1867, en Lyme Regis, una pequeña localidad portuaria inglesa, se produce el encuentro entre Sarah Woodruff y Charles Smithson. Sarah es una joven institutriz a la que apodan en el pueblo "la mujer del teniente francés", por considerar que años atrás fue deshonrada por el teniente en cuestión; por esta razón se encuentra sola, proscrita en una sociedad que rinde culto a las apariencias. Charles es un naturalista que recoge fósiles marinos y está prometido a la joven Ernestina Freeman, pero acaba enamorándose de Sarah.

La pasión que alimenta Charles es devastadora y tiene su adecuado marco en la naturaleza bravía en medio de la cual se halla enclavado el pueblo: acantilados y rompientes y un mar tempestuoso, todo ello inmerso en una atmósfera húmeda y brumosa. Charles está dispuesto a cortar sus vínculos sociales para vivir su amor con Sarah, pero ella desaparece. Finalmente la encuentra en Londres, donde Sarah vive con el poeta y pintor Rosetti. Ahora es una mujer que ha conquistado la libertad, que se ha emancipado, empresa imposible en el mezquino escenario de Lyme Regis. En estas nuevas condiciones Sarah sí podría aceptar una vida al lado de Charles, pero la rechaza. La libertad lleva a que cada uno sea dueño de su destino, y ahora que Sarah se ha convertido en una feminista convencida, no va a consentir que un hombre penetre en su territorio.

Este desengaño le sirve a Charles para encontrarse a sí mismo, para apuntalar su individualidad y conquistar la autoconfianza. Como fondo de esta historia de amores frustrados se despliega la sociedad de la era victoriana, y no faltan las alusiones a los formuladores de las grandes teorías de la época (Marx, Darwin) o a los escritores (Alfred Tennyson, Thomas Hardy). La novela no se limita a reconstruir un período histórico, sino que propone al lector reflexiones de validez intemporal sobre la libertad y el amor. En 1981 Karel Reisz firmó una elogiada traslación a la gran pantalla que fue interpretada por Meryl Streep y Jeremy Irons.

De la producción posterior de Fowles es preciso reseñar también La torre de ébano (1974), una colección de novelas cortas que ponen en evidencia de nuevo el choque entre la vitalidad individual y el orden social. Daniel Martin (1977) se centra en el mundo del arte moderno, Hollywood, el capitalismo y la familia. En Mantissa (1982), un escritor que ha perdido la memoria en un accidente se cura a través del despertar de los sentidos, o mejor, del apetito sexual. A Maggot (1985), ambientada en el siglo XVIII, se compone de historias contadas por cinco viajeros en una posada, con continuas mezclas de técnicas narrativas distintas. Otras obras posteriormente publicadas fueron Capricho (1985), Land (1985), con fotografías de Fay Godwin, Lyme Regis Camera (1991) y Tessera (1993).

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