Justine Henin

(Justine Henin-Hardenne; Lieja, 1982) Tenista belga, una de las jugadoras más regulares del circuito internacional, que alcanzó en 2006 el número uno del ranking de la WTA. Tenista menos mediática y musculosa que lo que se estila en los últimos tiempos (mide 1,67 y pesa 57 kg), la solidez de su juego, su deportividad y el respeto por los oponentes son las constantes de la trayectoria que la ha conducido a la cumbre del tenis mundial.

Justine Henin nació en la ciudad belga de Lieja, en el seno de una familia acomodada. El padre, Joseph Henin, era un hombre de negocios, y la madre, Françoise Rosière, profesora de francés y de historia. El fallecimiento de su madre en 1995, víctima de un cáncer intestinal, sumió en la depresión a todos sus hermanos: Sarah, Florence (que moriría atropellada) y David. Su relación con el tenis se inició cuando tenía poco más de dos años, porque residía a unos cien metros del Club de Tenis de Rochefort, donde, como un juego de niña, empezó a coger una raqueta. A partir de los cinco años pasó dos meses de vacaciones en un club de tenis, que sólo abandonaba para ir a comer.


Justine Henin

A los seis años era miembro del Club de Tenis de Ciney, donde descubrió el mundo de los entrenamientos sistemáticos y de las competiciones con niñas de su edad. Tras seguir las instrucciones de varios profesores, entró a formar parte de la Federación belga, donde tuvo como maestros a Jean-Pierre Collot y Luc Bodart, quienes pulieron en parte a aquel diamante en bruto.

Su progresión en la Federación fue tan rápida que a los dos años se dio de baja para entrenar en un club privado, el TC Géronsart, a las órdenes de Carlos Rodríguez. En aquella época compaginaba el tenis con el fútbol, hasta que a los doce años optó definitivamente por la raqueta. El padre estimó, equivocadamente, que con González ya no podía progresar más, y la puso durante dos años bajo la tutela técnica de Michel Mouillard.

A los catorce años, poco después del fallecimiento de su madre, Justine regresó a la Federación, donde se reencontró con Rodríguez, quien había fichado también por la entidad federativa y que imprimió a su tenis el sello de calidad que la caracteriza. Como se entrenaba principalmente en Mons, prosiguió sus estudios de bachillerato en el Ateneo de esta localidad. Los acontecimientos se precipitaron cuando en 1997 ganó el Orange Bowl, equivalente al campeonato del mundo júnior. A este título mundial sumó pocas semanas después el Roland Garros júnior. Ambos títulos le proporcionaron una proyección global.

El padre le hizo comprender que debía dedicarse en exclusiva al tenis y abandonó los estudios. Así, en 1999, se hizo profesional. Debutó jugando para su país la Copa Federación. Pero su entrada triunfal en el circuito internacional se produjo poco después al proclamarse ganadora del Torneo de Amberes, derrotando en la final a Sarah Pitkowkis. En este torneo intimó con Pierre-Yves Hardenne, que el 16 de noviembre de 2002 se convertiría en su esposo. Entonces adoptaría el apellido Hardenne (aunque siguió utilizando también el suyo porque la legislación belga no permite usar sólo el del esposo) durante cuatro años, hasta que se divorciaron a finales de 2006.

Tras un año 2000 complicado a causa de problemas familiares y enfermedades personales, en 2001 recuperó su mejor forma y ganó dos torneos consecutivos, en Gold Coast y en Canberra. Poco después, ese mismo año, su nombre alcanzó resonancia mundial con su semifinal en Roland Garros y, sobre todo, con la disputa de la final de Wimbledon, que perdió ante la entonces número uno Venus Williams, a la que logró ganar un set por 6-3.

En 2002 afianzó su progresión con victorias en las finales de Berlín, ante Serena Williams, y en el torneo austriaco de Linz, frente a Alexandra Stevenson. Esos buenos resultados la situaron en la cuarta posición del ranking de la Women’s Tennis Association (WTA).

La temporada 2003 consagró a Justine Henin como la tenista más temida por sus rivales. Tras alcanzar las semifinales del Open de Australia, ganó dos torneos consecutivos del grand slam, ambos ante la también belga Kim Clijster: su primer Roland Garros y el Open de Estados Unidos. Además, consiguió otros seis títulos del Grand Prix: Dubai, Charleston, Berlín, San Diego, Toronto y Zurich. Fue proclamada la mejor deportista belga del año; no en vano su triunfo en París suponía el primer triunfo de una belga en un torneo del grand slam. Justine dedicó la copa a su madre, a la que antes de morir le prometió que un día se proclamaría reina en la pista central de la capital francesa.

En 2004, tras derrotar a la francesa Amélie Mauresmo en Sydney, sumó el 19 de enero el segundo grand slam a su palmarés: el Open de Australia; una vez más, ante Clijster, a la sazón número uno del mundo. Afrontó la final tras haber sudado de lo lindo para superar las semifinales ante el ídolo local, Jennifer Capriati, en un partido que duró más de tres horas. Aun así, no acusó el esfuerzo en la final; con sus 54 pulsaciones por minuto, es una de las tenistas que mejor se recupera.

Ese mismo año ganó de nuevo en Dubai como número dos del mundo, y en Indian Wells ante Lindsay Davenport, que había vuelto por sus fueros. Pero sobre todo cabe resaltar su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas, donde superó en la final a Mauresmo por un contundente 6-3, 6-3. Fue la única medalla de oro de la delegación belga, por lo que ella le dio más valor que a un torneo grande. Además, se presentó en Atenas después de una larga inactividad debida a un virus que aún se ignora si ha dejado de atacar su cuerpo.

En 2005 creía que no podría competir porque el misterioso virus (cytomegalovirus) le había atacado una rodilla. De hecho sólo pudo disputar unos pocos torneos. Debutó el 17 de abril y en su primer torneo del año, en Charleston, ganó la final ante la rusa Elena Dementieva. Pero era evidente que jugaba mermada, como quedó patente con su derrota en la final del Open de Australia ante Mauresmo. Al mes siguiente, sin embargo, consiguió los títulos de Varsovia y de Berlín. Y tras un maratoniano partido de semifinales ante Conchita Martínez, el 4 de junio superó a la local Mary Pierce en la final de Roland Garros, por un contundente 6-1, 6-1.

Empezó la temporada 2006 con malos augurios por unos graves problemas estomacales. Pero desde su victoria en París se había dedicado a descansar y a reponerse física y mentalmente. El 13 de enero ganó de nuevo el prestigioso torneo de Sydney, y el 25 de febrero superó a Maria Sharapova en Dubai. Descansó de nuevo para preparar su torneo preferido; Roland Garros, donde en la final, el 28 de mayo, superó a la rusa Svetlana Kuznetzova por 6-4, 6-2. Era ya una de las pocas tricampeonas del mayor trofeo sobre tierra batida. Después llegaron los títulos de Eastbourne y de New Haven. No eran títulos mayores, pero coronó el año con otro grande: el WTA Tour Championship celebrado en Madrid, donde en la final derrotó de nuevo a Mauresmo. Era ya desde fines de 2005 la número uno del mundo.

En 2007 defendió a capa y espada su posición, con triunfos en Dubai, Doha y Varsovia, hasta que el 9 de junio se convirtió en la única tenista moderna que ostentaba cuatro títulos de Roland Garros. Hasta su triunfo en Roland Garros 2007, en su palmarés figuraban 33 títulos individuales y dos en dobles, con sólo veinticinco años. Además, tras su derrota en Wimbledon, donde compitió sin haber finiquitado los trámites de su divorcio, siguió ostentando la posición de número uno.

Justine Henin ha sido distinguida con varios premios y galardones. Sobresalen sus títulos de Campeona del Mundo ITF en 2003 y 2006 y su segundo galardón de Deportista Belga del Año, también en 2006. Pero entre todos, ella resalta su elección como Campeona de la Unesco, cuyo diploma se le entregó el 14 de diciembre de 2006 en la pista Central de Roland Garros, “en reconocimiento a su dedicación personal, a la preservación y defensa de los valores de excelencia, juego limpio e integridad a lo largo de su carrera”. Una carrera que se encontraba en su meridiano y que a buen seguro, cuando cuelgue las raquetas, terminará con un palmarés a lo Roger Federer, de quien podría considerarse su versión masculina.