Horace McCoy

(Pegram, Tennessee, 1897 - Beverly Hills, 1955) Escritor estadounidense. Después de una adolescencia azarosa, marcada por las estrecheces económicas que le obligaron a desempeñar toda suerte de trabajos (vendedor ambulante, taxista) durante unos años de errante existencia por Estados Unidos, se trasladó a Francia a los 25 años para luchar en la aviación durante la Primera Guerra Mundial. De regreso a su país, publicó sus primeros relatos cortos en la revista Black Mask (1927) y colaboró con otras publicaciones periódicas. En 1931 se inició como guionista cinematográfico.

Su primera novela fue They Shoot Horses, don't they?, título que ha sido traducido como Los caballos se matan a tiros en algunas versiones y como ¿Acaso no matan a los caballos? en otras. La famosa adaptación cinematográfica que rodaría Sydney Pollack en 1969 se tituló en español Danzad, danzad, malditos o Baile de ilusiones. Publicada en 1935, ¿Acaso no matan a los caballos? definió la pauta que seguiría toda la obra de Horace McCoy: denuncia, desde un ambiente de novela negra (crudo y realista, a menudo brutal) de los abusos de los poderosos sobre los débiles, y de la avidez y mezquindad de aquéllos, y la lucha de éstos por revertir la situación.


Horace McCoy

El protagonista de ¿Acaso no matan a los caballos? es Robert Syberten, que, mientras se pronuncia su condena a muerte, rememora los hechos que le han llevado ante el juez. Robert se encontraba en Hollywood sin blanca, pero con grandes esperanzas de triunfar, cuando conoció por casualidad a Gloria, una comparsa sin demasiadas ilusiones, en busca, como tantas otras, de fortuna. No se quieren, pero los mantiene unidos la miseria, y se inscriben en un maratón de baile con mil dólares de premio para la pareja ganadora. El maratón, en el que participan ciento cuarenta parejas, concede cincuenta minutos de baile y diez de descanso por cada hora; esos diez minutos son también para dormir, afeitarse, leer o lavarse, y así durante días y días.

Gloria tiene una idea fija: la vida no vale nada. Se repite continuamente a sí misma esta idea, y se enfada con todo aquél que la contradice, haciendo profesión de cinismo. Al cabo de 752 horas quedan en la pista veintiséis parejas. Alrededor, la muchedumbre de espectadores, la música, los gritos de los locutores, los desfiles de "vedettes"; cada noche se repite el ritual del "derby", una carrera de los bailarines agotados alrededor de la pista ovalada. El público grita de contento, y los competidores se consumen, embrutecidos, mientras el maratón continúa. Lo mismo que en la vida, hay dramas y peleas; hay que resistir para ganar los mil dólares. Los que ceden son despertados con una palangana con agua fría preparada de antemano.

Para animar el espectáculo casan a una de las parejas participantes y aparece el pastor que lee la Biblia. El baile continúa, pero una noche se producen desórdenes: alguien dispara, hay dos muertos y el maratón se suspende; se decide que cada bailarín cobrará cincuenta dólares. Gloria y Robert salen fuera y miran el océano; después Gloria busca algo en su bolso, y sacando una pistola le dice a Robert: "Mátame, es la única manera de salir de toda esta miseria". A Robert se le representa una escena de su infancia, cuando su abuelo disparó contra una yegua herida y le dijo para consolarle: "Ya no servía para nada. Es la única manera de librarla de su miseria"; y Robert coge la pistola y dispara.

La acción de la novela se describe mediante frases cortas, secas, precisas; se vive en un mundo de locura, no existe otro y la miseria consiste en continuar, en ir cayendo cada vez más bajo, pero seguir viviendo. No saber que todo está perdido, negarse a saberlo, o bien morir. El mérito de ¿Acaso no matan a los caballos? consiste sobre todo en su capacidad de sumergir al lector en su mundo mediante la simple descripción de una situación absurda, que se convierte espontáneamente en la imagen de una alienación colectiva.

En las novelas de Horace McCoy, la violencia se genera siempre desde una situación de degradación económica; la denuncia de esta situación le causó dificultades para la publicación de su siguiente novela, No Pockets in a Shroud (Un sudario no tiene bolsillos, 1937), que apareció en Inglaterra y que no fue publicada en Estados Unidos hasta 1948. Es importante también destacar la obra Kiss tomorrow good-bye (Di adiós al mañana), de 1948. McCoy murió en medio del olvido general.

Al navegar por este sitio, aceptas el uso de cookies y los anuncios personalizados Entendido Más información