Joanot Martorell

(Gandía, actual España, 1413/1415 - id., 1468) Caballero y escritor valenciano, autor de la novela de caballerías Tirant lo Blanc (Tirante el Blanco, 1490), una de las mejores del género. De noble linaje, Joanot Martorell pertenecía a una familia de caballeros belicosa y activa. En 1433 aparece citado en un documento como caballero, y en 1437 se tiene la primera noticia de su enfrentamiento con Joan de Monpalau, un primo suyo que había deshonrado a su hermana Damiata al no cumplir su promesa de casamiento.

Joanot Martorell lo desafió a muerte y durante ocho meses intercambiaron letras de batalla, escritas según los cánones jurídicos y militares del género, en las que se pone de manifiesto el dominio, por parte de ambos, de la prosa y del uso de la ironía y el sarcasmo. Finalmente, en 1438 Martorell decidió buscar un juez que los emplazara para el duelo, y lo encontró en Enrique VI de Inglaterra, por lo que emprendió viaje a Londres. Una vez allí, el encuentro se aplazó, siendo más tarde zanjado mediante una suma de florines.


Portada de la traducción castellana de Tirant lo Blanc (1511)

Martorell aprovechó para permanecer un año en la corte inglesa, donde estuvo en contacto con caballeros de toda Europa y tuvo la oportunidad de dedicarse a la lectura. Enrique VI le había dejado un valioso manuscrito que contenía una refundición francesa de la novela Guy de Warwich; el escritor la adaptó al catalán con el título de Guillem de Vàroic, intercalando en el mismo episodios del Llibre de l'ordre de cavalleria de Ramon Llull.

A su regreso, protagonizó un nuevo cruce de letras de batalla, esta vez con el comendador Gonçal d'Íxer, que se resolvió ante la jurisdicción civil por influencia del rey de Navarra. En el Guillem de Vàroic se encuentran muchos elementos que aparecen en los primeros 39 capítulos de Tirant lo Blanc, obra maestra de Martorell y pieza fundamental en la evolución de la narrativa europea, que empezó a redactar en Valencia el 2 de enero de 1460 y que no llegaría a concluir. La obra fue publicada en Valencia en 1490, y según consta en el colofón fue completada por otro valenciano llamado Martí Joan de Galba.

Tirant lo Blanc

Todavía en nuestros días son valorados como las mejores realizaciones de la literatura caballeresca el Amadís de Gaula de Garci Rodríguez de Montalvo y el Tirant lo Blanc de Joanot Martorell. La sistemática parodia de las novelas de caballerías trazada en Don Quijote de la Mancha no impidió a Miguel de Cervantes señalar su valor: sabido es que, en el escrutinio de la biblioteca del hidalgo que llevan a cabo el cura y el barbero (Don Quijote de la Mancha, I, 6), ambos libros son salvados de la hoguera. Por boca del barbero, Cervantes afirmó que la obra de Martorell contenía "un tesoro de contento y una mina de pasatiempos", y, frente a las disparatadas fantasías de los mediocres continuadores del género, estimó su verosimilitud: "aquí comen los caballeros, y duermen y mueren en sus camas, y hacen testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los demás libros de este género carecen".

La trama de esta novela de aventuras caballerescas se articula en una estructura equilibrada y compleja, donde se alternan pasajes que van desde relatos puramente de batalla hasta disquisiciones de tono más reflexivo y carácter doctrinal, narrados con gran número de recursos prosísticos y con un dominio del lenguaje que abarca todos los niveles expresivos. Joanot Martorell dedicó Tirant lo Blanc al príncipe Fernando de Portugal (hijo del rey Duarte), informando que había traducido la novela "de la lengua inglesa a la portuguesa y, después, de la portuguesa en vulgar valenciano", declaración que parece aludir a su antigua versión del Guy de Warwich.

La primera parte se desenvuelve en Inglaterra, y narra la ultima gesta del conde Guillem de Vàroic, que se retira luego a la vida eremítica. Los sarracenos invaden Inglaterra y derrotan a su rey; Guillem deja entonces la ermita y salva la situación; el rey se casa con la hija del rey de Francia, y tienen lugar fiestas grandiosas a las que acuden caballeros de todas partes del mundo. Martorell describe las fiestas con colorida vivacidad; como se sabe que estuvo varias veces en Inglaterra, se supone que narra aquello a lo que asistió realmente, es decir, las celebraciones del matrimonio de Margarita de Anjou (año 1444).


Fotogramas de Tirante el Blanco (2006), de Vicente Aranda

Entre los caballeros que se dirigen hacia los torneos de Londres, uno se retrasa y encuentra a un ermitaño que está leyendo un libro caballeresco. El caballero rezagado no es otro que Tirant lo Blanc, así llamado por ser hijo de una duquesa bretona llamada Blanca. Desde este punto en adelante, en torno a su persona se instaura, pese a su origen bretón, una atmósfera típicamente catalana. El ermitaño, en efecto, le alecciona en las reglas caballerescas, inspirándose en el Libro de la orden de caballería de Ramon Llull; pero éste es sólo el primero entre una serie de pasajes que atestiguan la constante y hábil utilización de fuentes literarias catalanas.

Al regresar de las fiestas y celebraciones de la boda real, Tirant, acompañado de otros caballeros, vuelve a visitar al ermitaño y le cuenta ordenada y vivamente todo lo que ha visto, interrumpiéndose únicamente cuando tendría que hablar de sí mismo o de sus propias gestas. Entonces lo sustituye en la narración el caballero Diafebus, que informa extensamente al ermitaño acerca del pasado caballeresco de Tirant. Diafebus relata cómo obtuvo de la bella Agnés un broche para estímulo a obrar bien; cómo se desafió con otro caballero y lo venció, pero quedó herido gravemente; cómo se probó con un alano del príncipe de Gales; cómo en singular combate mató dos reyes (los reyes imaginarios de Fusia y de Apolonia) y dos duques; cómo, en fin, venció a Tomás de Muntalba, el cual, viéndose vencido, entró en la orden franciscana.

Las dos largas narraciones retrospectivas de Tirant y de Diafebus ocupan cerca de doscientas páginas. Una vez informado el lector acerca del pasado del protagonista, se reanuda la acción: Tirant lo Blanc y los suyos se despiden del ermitaño y vuelven a Bretaña; van a visitar al duque de Nantes, y en aquella corte se enteran de que la isla de Rodas ha sido asaltada primero por los genoveses (hecho no histórico pero que muestra la animosidad que los catalanes tenían contra aquellos emprendedores mercaderes) y después por el sultán de Egipto (ataque que ocurrió realmente en el año 1444).

Tirant decide ir a socorrer a los caballeros de Rodas. Arma una gran nave (en la cual se embarca a escondidas Felipe, el menor de los hijos del rey de Francia) y emprende el viaje. La acción de la novela se traslada de este modo hacia las orillas del Mediterráneo, para no dejarlas ya. Hacen escala en Lisboa; en el estrecho de Gibraltar combaten contra una flota sarracena, y atracan en Palermo, donde surge un idilio entre Felipe y la bella Ricomana, hija del rey de Sicilia. La nave de Tirant, en la cual se embarcan también Felipe y su futuro suegro, zarpa de Sicilia cargada de víveres, rompe el bloqueo de la flota genovesa en torno a Rodas y avitualla a los caballeros asediados; después, Tirant ataca solo a los infieles, mata parte de ellos y desarma a otros, y los obliga así a levantar el asedio.

Una vez liberada la isla de Rodas, Tirant y los suyos parten en dos galeras venecianas hacia Tierra Santa; después de visitarla, en Alejandría de Egipto rescatan centenares de esclavos cristianos; regresan a Palermo y allí celebran con gran pompa las bodas de Felipe y Ricomana. Pero el rey de Sicilia recibe un mensaje del emperador bizantino de Constantinopla, el cual, hallándose amenazado por las fuerzas conjuntas del sultán de Egipto y del Gran Turco, pide la ayuda del célebre y valeroso caballero bretón.

Tirant lo Blanc se traslada entonces a la capital del imperio bizantino, dando así comienzo a una gloriosa aunque fantástica carrera en el próximo Oriente, la cual parece inspirada en las gestas de Roger de Flor, el caudillo de la "campaña catalana" asesinado en Adrianópolis en 1305. Durante unas ochocientas páginas, esto es, hasta el final de la novela, Tirant realiza prodigios de valor militar, todos ellos más o menos semejantes entre sí y distintos solamente en cuanto a la diversidad de sus enemigos, a menudo imaginarios, y a la libertad de lugares y circunstancias.

Así, Tirant vence al pérfido duque de Macedonia; mata al rey de Egipto; asalta y desbarata los ejércitos del Gran Caramany (el sultán de Konia) y del rey de la India, y al regreso de esta victoria efectúa una entrada triunfal en Constantinopla. Se cura de sus heridas, se embarca, y su nave es arrojada por una tempestad a las costas de Berbería; en tierras de África tiene tratos con los reyes musulmanes de Tlemecén, Túnez, Bugia y Fez. De allí vuelve a tiempo para salvar a Constantinopla del asalto conjunto del sultán de Babilonia y del Gran Turco. Finalmente se casa con Carmesina, la bella princesa bizantina de la que se había enamorado desde el primer día en que la vio, y es nombrado sucesor del trono imperial, pero muere de enfermedad durante las fiestas nupciales.

Con las aventuras de Tirant se enlazan las de sus fieles compañeros; con todo, el interés de la obra no reside únicamente en las empresas caballerescas o las aventuras amorosas, sino también en la presentación de las costumbres y en el relato de las estancias en la suntuosa corte bizantina, en la que predomina una atmósfera de sensualidad oriental y de refinada inmoralidad. Personajes como las doncellas Plaerdemavida (Placer de mi vida) y Estefanía, la Viuda reposada e incluso la Emperatriz, que toma un amante, no desentonarían en las páginas del Decamerón por el modo en que siguen el dictado de los sentidos. Al mismo Tirant no le parece incompatible la ley de caballería con el placer amoroso; con todo, consigue permanecer fiel, entre muchas tentaciones, a su Carmesina, de manera que la conmovedora muerte de ambos imprime al final de la novela un aliento patético.

Diversos son los rasgos que distinguieron y distinguen la novela de Joanot Martorell entre decenas y decenas de narraciones del mismo género y que señalan sus dotes como escritor: por ejemplo, el gusto por el pormenor decorativo y por las ceremonias y los esplendores de las cortes; una capacidad de realismo argucioso, que a veces parece tratar irónicamente las rígidas normas caballerescas; y, en general, una ligereza de toques verdaderamente mediterránea.

El Tirant lo Blanc penetró pronto en Italia. En 1500 Isabel de Este, marquesa de Mantua, lo leía en su original, y al año siguiente, para complacerla, Niccolò da Corregio comenzó una traducción del libro, que permaneció inédita; Boiardo y Ariosto sacaron de episodios del Tirant lo Blanc el tema y la materia para dos episodios de sus poemas. En 1511 se publicó en Valladolid una traducción castellana; en 1583, en Venecia, una traducción italiana al cuidado de Lelio di Manfredi. La fama de que gozó el libro a lo largo del siglo XVI es comparable con la del celebrado Amadís de Gaula.

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