Jaume Matas

(Palma de Mallorca, 1956) Economista y político español. Jaume Matas Palou nació en Palma de Mallorca el 5 de octubre de 1956. Allí pasó su infancia en el seno de una conocida familia de exiliados republicanos, socialistas y laicos. De sus primeros años en la capital balear recuerda perfectamente cómo su padre, en plena época franquista, festejaba el Día de la República, cerrando su negocio cada año con una excusa diferente, y le permitía no asistir al colegio para celebrar el 14 de abril.

Esa fecha también le recuerda a su abuelo, fundador de la Unión General de Trabajadores (UGT) que tuvo que exiliarse en Argentina. Fue precisamente en aquella época cuando estableció su primer contacto con la naturaleza, al formar parte de un grupo de boy scouts, lo que le supuso «un importante bagaje humano», como reconoce siempre.

Estudios y vida política

Concluido su periplo escolar, y superado con buenas calificaciones el bachillerato, Jaume Matas se trasladó a Valencia, donde se licenció en ciencias económicas y empresariales, especialidad de economía general, en 1978. Allí conoció al que, años más tarde, sería su homólogo en la Generalitat Valenciana y colega de partido, Eduardo Zaplana, con el que compartió múltiples momentos a lo largo de su carrera académica y política.


Jaume Matas

Ya con el título, Jaume Matas se presentó a las oposiciones del cuerpo de funcionarios de la comunidad autónoma, donde consiguió la plaza de jefe del Servicio de Financiación Autonómica.

En 1989 inició su carrera política. Comenzó su militancia, perfectamente meditada y sin complejos, en el PP, y solicitó la excedencia del cuerpo de funcionarios del gobierno balear cuando fue nombrado director general de Presupuestos de la Consejería de Economía y Hacienda, cargo que ocupó hasta 1993. En ese año ascendió en el área en que se había desenvuelto durante los últimos cuatro años y fue nombrado consejero de Economía y Hacienda, cargo que ejerció hasta junio de 1996, cuando ocupó la presidencia de la comunidad autónoma tras la sesión de investidura del día 14.

Jaume Matas accedió a la presidencia de la comunidad autónoma después de dos presidentes del PP que dimitieron, Gabriel Cañellas y Cristòfol Soler, y en medio de una profunda división y de un clima de escándalo permanente en el seno del partido de Baleares, a pesar de ocupar el sexto puesto en las listas de las elecciones autonómicas de 1995, por la renuncia de sus predecesores.

Al frente de la presidencia autonómica se esforzó por marcar distancias respecto a su mentor, Gabriel Cañellas, implicado en el llamado «caso Sóller», haciendo del centro reformista su bandera política. Pero su principal ocupación se centró en que los ciudadanos recuperasen la confianza en sus gobernantes y en que entendiesen que las personas que habían elegido trabajaban «por defender los intereses de los ciudadanos y para llevar a cabo un profundo proceso de modernización de las islas Baleares», como reiteraba al inicio de su mandato.

Modernizar las islas protegiendo el entorno

Una vez superadas aquellas vicisitudes, se ocupó de hacer valer la insularidad de las Baleares, tanto en Bruselas como en Madrid, para reclamar más fondos, al entender que la financiación de la comunidad dependía de ello. Durante su gobierno, comenzó a demostrar su interés por las cuestiones medioambientales al aprobar las Directrices de Ordenación del Territorio y de la Ley General Turística, con las que pretendía frenar el crecimiento urbanístico incontrolado en las islas. Además, firmó con el gobierno central un plan de carreteras por valor de 57.000 millones de pesetas y otro de 23.000 millones para financiar obras hidráulicas.

En 1999 volvió a optar a la presidencia del gobierno balear, como candidato del PP. Durante la campaña electoral, los periodistas que le siguieron aseguraban que se hizo más de 30.000 fotos con ciudadanos del archipiélago, paseó por todos los rincones su sonrisa y su voz, y adoptó un tono populista que extrajo de una visita del ex presidente estadounidense Bill Clinton a Palma de Mallorca que, posteriormente, mostró en su vídeo electoral.

A pesar de haber obtenido el 43% de los votos en las elecciones autonómicas de 1999, su triunfo fue estéril, porque un pacto de izquierdistas y nacionalistas, que se agruparon en torno a un «multipartido anti-PP» encabezado por el socialista Francesc Antich, le arrebató el poder el 23 de julio de 1999. A partir de ese momento, se convirtió en jefe de la oposición de la comunidad y portavoz del Grupo Parlamentario Popular Balear. El 2 de octubre de 1999 fue elegido presidente del PP de Baleares durante la celebración del IX Congreso Regional del partido.

En el ministerio «verde»

Jaume Matas confesaba que el miércoles 26 de abril de 2000 se quedó de piedra, mudo y emocionado cuando el presidente del gobierno, José María Aznar, le llamó por teléfono para anunciarle que le quería en su gobierno para que fuera «el responsable de que llueva», es decir, para que asumiera la cartera de Medio Ambiente en sustitución de Isabel Tocino y se convirtiera en el segundo ministro de esa área de la democracia española. Matas no lo dudó ni un momento, y se trasladó a Madrid.

En su gestión al frente del ministerio «verde», Jaume Matas demostró ser un político hábil, implacable con el adversario y con fama de trabajador. Su carácter dialogante fue una de las cualidades que desplegó en uno de los mayores retos que tuvo que afrontar en esta etapa de su vida política: la aprobación del Plan Hidrológico Nacional (PHN). Después de jurar su cargo ante el rey Juan Carlos declaró: «la aprobación del PHN es uno de los compromisos del presidente del gobierno para su segunda legislatura y, por tanto, esta será mi principal obligación a partir de ahora».

El Plan Hidrológico Nacional

Matas consiguió sacar adelante el PHN, al que se destinaron un total de tres billones de pesetas, con un amplio consenso. No obstante, fueron necesarios cinco meses de intensas negociaciones en las que todas las comunidades dieron su apoyo a excepción de Aragón, que veía su río Ebro como «la fuente de la que iba a salir el agua con la que se regaría toda España», pero el ministro siguió adelante con su idea de homologar la España húmeda a la España seca, a pesar de provocar dos de las manifestaciones más concurridas de la vida política nacional.

Aunque el PHN protagonizó la mayor parte de su gestión, no por ello descuidó otros aspectos inherentes a su cartera. A su llegada al ministerio, intentó que la política medioambiental del gobierno fuese la estrella en el ámbito europeo y mundial. Entendía que el bienestar que ofrece el desarrollo de las sociedades debía ser compatible con la preservación del patrimonio natural, e instó a todos a proteger el medio ambiente.

Su habilidad como gestor y como político le permitió sobrevivir a la reforma del gobierno emprendida por Aznar en julio de 2002 y mantenerse en el cargo. No obstante, en su gestión también aparecieron algunos nubarrones que hicieron temer por su carrera política. Matas vivió sus horas más bajas tras el hundimiento, en noviembre, del petrolero Prestige, que provocó el vertido de más 50.000 toneladas de fuel frente a las costas de Galicia.

La tardía reacción de su ministerio ante la catástrofe y la escasez de medios ofrecidos por el gobierno para limpiar las costas contaminadas provocaron el descontento de los ciudadanos y erosionaron gravemente su imagen. A fines de año, las encuestas señalaban a Matas como uno de los ministros peor valorados por los ciudadanos.

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