Prosper Mérimée

(París, 1803 - Cannes, 1870) Escritor francés cuya obra se sitúa en el tránsito del romanticismo al realismo. Es especialmente recordado como autor de Carmen (1845), novela ambientada en la España contemporánea que relata la irrefrenable pasión del brigadier don José por la indómita gitana Carmen. La ópera homónima del compositor Georges Bizet (1875), considerada una obra maestra del repertorio galo, contribuyó decisivamente a popularizar esta trágica historia de amor.


Prosper Mérimée

Tras formarse en el Liceo Henri IV, su padre lo disuadió de su intención de dedicarse a la pintura y lo orientó hacia el derecho. En la universidad se sintió atraído por la literatura, y entabló intima amistad con Stendhal, quien lo introdujo en los cenáculos literarios. El joven Mérimée frecuentó el salón Stapfer, donde conoció a Viollet-le-Duc, Delécluze, Victor Cousin, Sainte-Beuve y Émile de Girardin.

Ya abogado, ingresó en el Ministerio de Comercio; por aquella época leyó su primera obra en un circulo de amigos. Prosper Mérimée se dio a conocer con la publicación del Teatro de Clara Gazul (1825), que se fingía escrito por una actriz española, y el autor, en un prólogo firmado por Joseph L'Estrange, se presentaba como editor y simple traductor. Aunque se vendió poco, la obra tuvo un gran éxito, y Mérimée fue invitado de honor en todos los salones más en boga; especialmente en los de Madame Récamier y de Judith Pasta.

En 1827 repitió la mixtificación publicando La Guzla (anagrama de Gazul). Engañó una vez más a todo el mundo haciéndose pasar por un refugiado italiano que después de una estancia en Iliria traía de aquel país una colección de canciones populares. En realidad, Mérimée había compuesto la recopilación en quince días, ayudándose con dos o tres libros y con alguna palabra ilírica destinada a proporcionar el color local. El éxito de aquellas baladas fue inmenso; fueron traducidas al alemán y el mismo Pushkin, encantado de su originalidad, tradujo algunas al ruso.

En 1828 apareció La Jecquerie, formada por treinta y seis escenas dramáticas que evocaban la revuelta de los campesinos del Beauvaisis; ese mismo año publicó La familia Carvajal, romántica historia de un incesto en América del Sur. Ambas obras, echadas a perder por la facilidad y por las concesiones a la moda de la época, ofrecen un interés puramente anecdótico.

La Crónica del reinado de Carlos IX (1829), el más ambicioso de los primeros libros de Mérimée, hizo todavía más famoso el nombre de su autor y fue varias veces reeditada. Todavía hoy se lee con gusto, aunque no puede colocársele entre las obras maestras: pertenece a aquellas "lecturas amenas" que, desde Alejandro Dumas hasta Mauricio Druon, sedujeron a un público numeroso, atraído por las pasiones y las intrigas de la historia. Del mismo 1829 es La toma del reducto.

A partir de este 1829 empezó a publicar aquellos breves relatos en los que se impone la concisión, la sobriedad y, a veces, la violencia. Los primeros aparecieron en la Revue de Paris y en la Revue française: Mateo Falcone (1829), El vaso etrusco (1830), Tamango y La perla de Toledo. Aparecieron también dos pequeñas comedias: L'occasion (1830) y Le carrosse du Saint-Sacrament (1830). En esta época viajó a España, y en Granada conoció a la condesa de Montijo y a su hijita Eugenia de Montijo, futura emperatriz de los franceses. A su regreso, gracias a la protección de la familia De Broglie, llegó a ser jefe del gabinete del conde de Argout en el Ministerio de Marina, después en el de Comercio y finalmente en el del Interior.

En 1833 fue nombrado inspector general de los monumentos históricos. Publicó en este período El doble error (1833), La partie de tric-trac (1833), Las ánimas del Purgatorio (1834), La Venus de Ille (1840), Colomba (1840) y Carmen (1845); estas dos últimas son consideradas generalmente como sus obras maestras. A partir de 1835 se consagró a sus funciones cada vez con mayor empeño, y realizó frecuentes viajes a través de Francia. Gracias a las numerosas visitas de estudio y a su competencia en arqueología y en arquitectura, logró salvar de la destrucción muchos monumentos que representan buena parte del patrimonio francés del arte románico y gótico.

Desde 1840 hasta 1842 viajó por España y Turquía, y a su regreso publicó Études sur l'histoire romaine y Monuments hélleniques. En 1843 fue recibido en la Académie des Inscriptions et Belles Lettres, y sucedió, en 1844, a Charles Nodier en la Académie française. A continuación aparecieron la Historia de don Pedro, rey de Castilla (1848) y Los falsos Demetrios (1855).

En aquel tiempo se puso a estudiar el ruso y emprendió la traducción de Pushkin y de Gogol; corresponde a Mérimée, por tanto, el honor de haber introducido en Francia la literatura rusa. Desde 1853 hasta su muerte pareció abandonar la literatura para consagrarse a sus estudios y traducciones. Entretanto, Eugenia de Montijo se había convertido en emperatriz, y el escritor fue entonces uno de los íntimos de Napoleón III. En ese período, aparte de sus informes de inspección y de sus traducciones, sólo publicó Jules César, Les cosaques d'autrefois, La chambre bleue (1866) y Lokis (1868).

Se ha reprochado a Mérimée ser trivial, limitado y carente de imaginación; en realidad su obra, como reacción contra el romanticismo, buscó en la sobriedad y en la concisión un rigor que rechaza las seducciones fáciles. La publicación póstuma de sus Lettres à une inconnue (1873), escalonadas a lo largo de una treintena de años, revela su verdadera fisonomía. Desconfiando del sentimiento, Mérimée quiso ser desdeñoso e impersonal, a fin de disimular su propia tristeza y soledad; no dramatizó su escepticismo para adorno de su obra. En 1876 aparecieron sus Études sur les arts au Moyen âge.