Victor Riqueti de Mirabeau

(Victor Riqueti, marqués de Mirabeau; Pertuis, 1715 - Argenteuil, 1789) Economista francés. Partidario de la fisiocracia, se mostró favorable a la implantación de un impuesto sobre la tierra, se opuso al sistema de arrendamiento de los impuestos y fue el único miembro de la escuela fisiocrática que planteó la cuestión de la importancia de la industria. Entre sus obras hay que destacar El amigo de los hombres (1755), Teoría del impuesto (1760) y Cartas sobre legislación (1775).


Victor Riqueti, marqués de Mirabeau

Victor Riqueti siguió la carrera militar, y a los catorce años era ya alférez del regimiento de Duras, del cual su padre había sido coronel. Nombrado capitán, combatió valerosamente en las guerras de Flandes, de Italia y de Baviera, ganando la Cruz de San Luis. Abandonó el ejército en 1743, se casó con la viuda del marqués de Sauveboeuf, de dieciocho años, y se dedicó a la administración de las tierras heredadas de su padre. Una pasión por Madame de Pailly y su carácter despótico le enajenaron el afecto de su esposa, la cual, a pesar del nacimiento de numerosos hijos (entre ellos el gran Honoré Gabriel Riqueti, conde de Mirabeau), pidió la separación legal.

Desde 1735 había mostrado el marqués de Mirabeau un creciente interés por la ciencia económica. En 1747 publicó el Testament politique y en 1750 una Mémoire concernant l'utilité des Etats provinciaux rélativement à l'autorité royale, en la que afirmaba que la administración por medio de los Estados era mejor que la de los funcionarios reales. Pero fue El amigo de los hombres (1755) el libro que atrajo mayormente la atención de los fisiócratas, los cuales, si bien encontraron poca solidez en los principios, apreciaron el interés de muchas conclusiones. De este momento data su amistad con François Quesnay, que lo convertiría a la fisiocracia.

En 1760 publicó la Teoría del impuesto, que obtuvo un notable éxito por la audacia de las afirmaciones que afectaban directamente a la institución monárquica, a la que osadamente advertía que cada vez se iba haciendo más profundo su aislamiento. El libro lo llevó a la cárcel, y después al destierro en Binnon; pero la condena no le hizo abandonar las ideas que había adoptado. Hasta el último momento continuó defendiendo las doctrinas fisiocráticas en obras como Filosofía rural (1763), Cartas sobre el comercio de grano (1768) y Cartas económicas (1769); Riqueti fundó además una de las primeras revistas económicas, Ephémérides.

En la más célebre de sus obras, El amigo de los hombres, o Tratado de la población (publicada en París en 1755), el marqués de Mirabeau expone las doctrinas de la escuela fisiocrática de modo brillante aunque un tanto impreciso. Parte de la afirmación de que en el hombre existen dos tendencias principales: la sociabilidad, que impulsa al hombre a reunirse con sus semejantes, y la codicia, que le mueve a procurarse riquezas. Ambos instintos son opuestos: del primero nacen todas las virtudes y del segundo todos los vicios. La codicia nunca es rica, porque en la escala que va de lo necesario a lo abundante y de lo abundante a lo superfluo siempre le falta adquirir algún bien, mientras la sociabilidad se contenta con la simple presencia de otros seres humanos. Por lo cual el verdadero primer bien social es la población, y hay que preguntarse cómo hay que hacer para aumentarla.

Aquí Mirabeau establece que el aumento de la población depende de la agricultura, y también el principio recíproco: el progreso de la agricultura depende de la población. Apoya así la tesis fundamental de los fisiócratas, según la cual la agricultura es el origen de la riqueza de las naciones. La decadencia de la agricultura, debida al aumento del latifundio y del urbanismo, que sustrae brazos a la tierra y la grava con impuestos, es la primera causa de la decadencia de los Estados.

Lo que impulsa la agricultura no es la fertilidad del suelo sino la libertad, vagamente entendida en el sentido de libertad económica, de libre iniciativa en el disfrute de las tierras, en contraste con la industria y el comercio que, en tiempos del marqués de Mirabeau, estaban limitados por mil reglamentos y formas corporativas, consideradas entonces inseparables del ejercicio de los oficios. Pero Riqueti combate sobre todo la idea de que el oro constituye riqueza: lo que produce el oro es desproporción entre las fortunas individuales, y en consecuencia desórdenes en el Estado. La verdadera riqueza estriba en la agricultura y por ende en el "trabajo", que es función subsidiaria, como perfeccionamiento de las materias primas.

Todas estas ideas están dominadas, en la mente de Victor Riqueti, por el espíritu de clase: como miembro de la pequeña nobleza coloca la agricultura por encima de todo, porque la tierra y la nobleza se relacionaban estrechamente, según la concepción feudal, y defiende la existencia de una nobleza basándose en un concepto clásico de la sociedad. Combate el "lujo" que deriva de la abundancia de oro contrastándolo con el "fausto", que le parece útil como gasto "jerárquico", es decir, destinado a mantener las distinciones entre las clases sociales.

El marqués de Mirabeau insiste, sin embargo, en la importancia de la circulación de la riqueza en un Estado: el oro es sólo un medio con el cual el gobierno atrae (con los impuestos) las fuerzas vivas del campo; pero, al modo de las bombas, debería devolverlas luego al mismo campo. Así entiende la "circulación", que debe acompañarse con la "vivificación", es decir, con la manera de hacer fácil y rápida esa circulación, lo cual le parece difícil de alcanzar en Francia debido a la existencia de un capital demasiado grande que empantana la riqueza de la nación. Sobre todo porque el exceso de oro, o sea de dinero, lleva a un exceso de consumo individual y por consiguiente disminuye la población, arruinando así a la agricultura. Por ello Mirabeau propugna una disminución del interés y la abolición de la deuda pública, y desea la abolición de las barreras aduaneras, porque el comercio exterior sirve para "vivificar" la circulación interna.

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