Miguel de Molinos

(Muniesa, 1628 - Roma, 1696) Teólogo y místico español. Doctor en teología, se estableció en Roma (1663), donde adquirió reputación como director espiritual. En 1675 publicó su Guía espiritual, que, una vez aprobada, fue traducida a todos los idiomas y alcanzó un éxito inusitado. El autor propugnaba una fácil contemplación y declaraba inútiles las prácticas exteriores de devoción. Esta doctrina, denominada quietismo (1682), fue atacada por los jesuitas, quienes consiguieron que Molinos fuera encarcelado. Se retractó en público (1687), pero a pesar de ello fue condenado y murió en una prisión romana.


Miguel de Molinos

Miguel de Molinos fue educado por los jesuitas y, ordenado sacerdote, obtuvo un modesto beneficio en la iglesia de San Andrés de Valencia. En 1665 fue delegado del reino de Valencia para patrocinar en Roma la beatificación del venerable Francisco Jerónimo Simón, y en Roma se quedó después de haber llevado a cabo su misión. Logró en breve tiempo adquirir una notable influencia en el ambiente romano, en la corte pontificia y sobre el mismo papa Inocencio XI.

Su prestigio se acrecentó después de la publicación del Breve tratado de la comunión cotidiana (1675), y especialmente de la Guía espiritual (1675), que formulaba los principios fundamentales del quietismo, mostrando la superioridad de la oración contemplativa sobre la de meditación y propugnando la inactividad espiritual para favorecer la absoluta pertenencia del alma a Dios. Huésped del papa en el Vaticano, Miguel de Molinos vio elevado a la púrpura a uno de sus primeros seguidores, el oratoriano Pier Matteo Petrucci, obispo de Iesi.

No faltaron los ataques, especialmente por parte de los jesuitas; la victoria de Molinos pareció asegurada cuando dos obras antiquietistas fueron incluidas drásticamente en el índice. No obstante, el 18 de julio de 1685, y de un modo inesperado, Molinos fue detenido y llevado a las prisiones del Santo Oficio.

Parece ser (las cartas del proceso todavía son inaccesibles) que el arresto fue consecuencia de varias cartas y declaraciones del inculpado. De ellas se infería que Molinos enseñaba de un modo privado que, en la cima de la vida de quietud, los mismos movimientos de la carne se hacen irresponsables, porque son estériles venganzas del demonio, y que, en todo caso, "el hombre tentado debe permanecer en su inactividad", sin tratar de oponer resistencia alguna a Satanás; también se deducía de esas cartas, al parecer, que Molinos obraba desde hacía largo tiempo de acuerdo con sus cómodas máximas.

Además de los jesuitas, solicitó también el arresto Luis XIV, por mediación del cardenal César d'Estrées, que había sido amigo de Molinos. El proceso terminó en verano de 1687 con la condena a prisión perpetua y la abjuración pública del reo en la iglesia de Minerva. Miguel de Molinos murió nueve años más tarde "con todas las apariencias del arrepentimiento".

La obra capital de Miguel de Molinos es la Guía espiritual, publicada en Roma en 1675 con el título completo de Guía espiritual que desembaraza el alma y la conduce por el interior camino, para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz. Traducida en seguida al italiano, latín y francés, tuvo un gran número de ediciones y una gran resonancia, ya que formulaba sistemáticamente aquel movimiento que, en oposición a la religiosidad formalista de la Contrarreforma, iba cundiendo por Europa, y fue más tarde llamado quietismo.

Partiendo de conceptos implícitos en Santa Teresa de Jesús y otros místicos españoles, para los que lo divino es la verdadera ciencia, Molinos ilustra en esta obra los distintos grados del conocimiento de Dios. Nos unimos a Dios con la meditación y con la contemplación. La meditación se ejerce mediante la penitencia y las obras y queda en el plan de la práctica; la contemplación, en cambio, rebasa los grados de la actividad distintiva y discursiva del intelecto y llega a la visión inmediata y beatífica de Dios.

A esta "unio mystica" se puede llegar por medio del esfuerzo humano sostenido por la gracia y por medio de la oración de quietud, gracias a la cual el alma se "sumerge en la nada" y deja de recibir cualquier impresión de los objetos terrenos; muerte mística en la que el hombre renuncia a sí mismo para reconocerse en Dios. Cuando el intelecto ha llegado a esta altura puede considerarse en las manos de Dios, y recibir las impresiones sensibles más opuestas a la ley divina sin pecar. No hay, por lo tanto, que turbarse de la ausencia de pensamientos píos, de la esterilidad del corazón, ni de las tentaciones: estas cosas no son obstáculos, sino los medios de los cuales se sirve Dios para purificar al fiel y conducirle a la perfección.

La preferencia dada a la contemplación sobre la meditación conducía al desprecio de la penitencia y de los caminos comunes de la perfección, y a preferir la actividad interior a la práctica de la virtud y de las obras. Sin embargo, la doctrina de Molinos formulaba con una ejemplar claridad de ideas y de método la exigencia de una más íntima religiosidad diversamente sentida en su época, y tuvo en seguida muchos partidarios.

Uno de los primeros fue el oratoriano Pier Matteo Petrucci, que defendió el sistema de Molinos en la obra De la contemplación mística adquirida (Iesi, 1681), y el mismo Pontífice concedió muchos favores a Molinos, que ocupaba habitaciones en el Vaticano. Pero pronto la doctrina fue atacada por los jesuitas, quienes le acusaron de hacer relativos los valores de la fe y de renovar la herejía de los "alumbrados", los cuales predicaban el pecaminoso consorcio de la sumersión del intelecto en el vacío conceptualizado con la unión carnal de los sexos. Molinos fue condenado y conducido a las prisiones del Santo Oficio; Inocencio XI confirmó la condena con la bula Coelestis Pastor (1687), que rebatía 68 proposiciones de Molinos y le condenaba a prisión perpetua.

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