Omar I ibn al-Jattab

(Omar o Umar ibn al-Jattab; La Meca, h. 581 - Medina, 644) Segundo califa musulmán. Era uno de los enemigos más acérrimos de Mahoma, pero desde que se convirtió al Islam se convirtió en su estrecho colaborador (e incluso casó a una hija suya con el profeta).

Al morir Mahoma sin dejar indicaciones sobre su sucesión al frente de los musulmanes, Omar apoyó la candidatura de Abú Bakr, a fin de evitar luchas por el poder (632); pero aquel primer califa murió dos años después y esta vez sí dejó definida la sucesión, que correspondió a Omar.


El califa Omar entrando en Jerusalem

Durante los diez años que ejerció el Califato (634-44), Omar ibn al-Jattab impulsó la expansión del Islam fuera de la península arábiga mediante la «guerra santa»: arrebató Siria, Palestina y Egipto al Imperio Bizantino (batalla de Yarmuk, 636), e impuso el dominio árabe sobre Irak (batalla de Qadisiyya, 637) y Persia (batalla de Nehavend, 642).

Las rápidas conquistas militares de Omar transformaron al Islam en un imperio teocrático que se extendía por todo Oriente Medio, al que el califa dotó de una nueva organización político-administrativa: los territorios conquistados serían gobernados por los jefes de los respectivos ejércitos de ocupación, considerados como delegados del califa para asuntos políticos, administrativos, jurídicos y religiosos; los árabes constituirían una casta dominante aislada de las poblaciones autóctonas, a las cuales no se intentaría convertir al Islam; y estas poblaciones no islamizadas sostendrían el Califato con sus tributos.

Omar murió asesinado por un esclavo persa; pero antes había nombrado un comité para que eligiera a su sucesor evitando confrontaciones civiles. El elegido fue Uthman Ibn Affan, primer califa Omeya.

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