Federico Rubio y Galí

(Puerto de Santa María, 1827 - Madrid, 1902) Médico español. Estudió medicina en la Facultad de Cádiz, donde obtuvo el título de licenciado en 1850. Tuvo entre sus maestros a Manuel José de Porto y a José de Gardoqui, en unos años en los que había comenzado ya a declinar la importante escuela anatomoclínica gaditana, encabezada durante las décadas anteriores por Francisco Javier Laso de la Vega. Fue un alumno brillante, que ganó la plaza de ayudante disector en 1845 e incluso publicó un Manual de Clínica Quirúrgica (1849) antes de graduarse.


Federico Rubio y Galí

Terminados sus estudios se asentó en Sevilla, ciudad en la que no tardó en adquirir un gran prestigio como cirujano. Al mismo tiempo se relacionó con sus ambientes intelectuales y políticos más progresistas. Desde el punto de vista filosófico, resultó principalmente influido por Federico de Castro Fernández, discípulo del krausista Julián Sanz del Río y catedrático de metafísica de la Universidad de Sevilla. Dicho influjo se refleja en El libro chico (1863), folleto que Rubio dedicó a resumir sus ideas filosóficas y psicológicas, que desarrolló después en un volumen de casi trescientas páginas, titulado El Ferrando (1864), publicado para defenderse de una crítica adversa.

Seguidor de ideas políticas radicales desde su época de estudiante, se adhirió al republicanismo federal de Francisco Pi y Margall a partir de la revolución de 1854. Las medidas represivas de los gobiernos derechistas le obligaron a ausentarse de España en 1860 y 1864. Supo, sin embargo, convertir su exilio político en ocasión de completar su formación científica. En la primera de las fechas citadas, trabajó en Londres como cirujano junto a William Fergusson. En la segunda, tras una breve temporada en Montpellier, residió en París, donde completó su preparación quirúrgica en los servicios hospitalarios de figuras como Alfred Velpeau, Pierre Paul Broca y Auguste Nelaton. También asistió allí a los cursos de microscopia del venezolano Eloy Carlos Ordóñez, discípulo de Charles Robin, que fue asimismo maestro de Aureliano Maestre de San Juan.

La revolución de 1868 favoreció, tras su regreso a Sevilla, el desarrollo de sus proyectos científicos y políticos. A petición suya, la junta revolucionaria local fundó, en octubre de dicho año, la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Sevilla, que fue la primera en España que contó con cátedras destinadas a las especialidades y a disciplinas básicas como la histología. Rubio se encargó en ella de la enseñanza de la clínica quirúrgica.

Por otra parte, fue elegido, en enero de 1869, para representar a Sevilla en las Cortes constituyentes, como cabeza de la candidatura republicana. Volvió a ser elegido diputado en 1871 y, al año siguiente, senador. La República lo nombró en 1873 embajador en Londres pero, como el Gobierno británico no llegó a reconocer al nuevo régimen español, volvió a aprovechar su estancia allí desde el punto de vista científico. También realizó el mismo año un viaje a los Estados Unidos, donde visitó las principales instituciones de Nueva York, Filadelfia y Chicago relacionadas con la cirugía.

A su regreso fijó su residencia en Madrid, adonde prácticamente se había trasladado desde comienzos de 1870. Lo mismo que en Sevilla, consiguió un gran éxito profesional como cirujano. Apartado de la política activa a partir de 1875, continuó, sin embargo, relacionado con los ambientes intelectuales más abiertos, en especial con el que rodeaba a Francisco Giner de los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza.

Desde el punto de vista médico se relacionó igualmente con las personalidades renovadoras y con las instituciones que, de acuerdo con el principio revolucionario de libertad de enseñanza, intentaron superar las estructuras anquilosadas del mundo académico oficial. Colaboró de esta forma con Ezequiel Martín de Pedro y José Eugenio de Olavide y fue profesor en la Escuela Libre de Medicina y Cirugía de Pedro González de Velasco.

El propio Rubio fue, más tarde, el fundador de la más importante y perdurable de dichas instituciones médicas renovadoras. En 1880 se creó bajo su dirección el Instituto de Terapéutica Operatoria en el Hospital de la Princesa de Madrid. A pesar de contar con unas instalaciones modestas, se organizó de modo muy exigente. Tenía salas para enfermos hospitalizados y dispensarios con consultas de ortopedia, otología y laringología y, más tarde, de urología, ginecología y otras especialidades. Disponía asimismo de gabinete de electroterapia, de anfiteatro anatómico y de laboratorios de histología y anatomía patológica.

Desarrolló una gran labor en la formación de graduados, convirtiéndose, sobre todo, en el auténtico núcleo de cristalización en España del moderno especialismo quirúrgico, gracias a figuras como Rafael Ariza, Enrique Suénder, etc. Su actividad científica se difundió, primero, gracias a sus Reseñas anuales (1881-1885) y, a partir de 1899, a través de la Revista Iberoamericana de Ciencias Médicas.

En 1896 el Instituto se trasladó desde sus locales en el Hospital de la Princesa a un edificio de nueva planta construido en la Moncloa con fondos procedentes, en su mayor parte, de una suscripción pública. El año anterior, Rubio había fundado en su seno la Escuela de Enfermeras de Santa Isabel de Hungría, que inició la moderna enfermería en España.

Aparte de su papel de promotor de instituciones renovadoras, hay que subrayar la importancia de la labor de Federico Rubio como cirujano práctico. Fue la más brillante de las figuras que, a lo largo del período 1860-1880, introdujeron en España las arriesgadas intervenciones que permitió la revolución quirúrgica. En 1860 practicó su primera ovariotomía, dos años después de que iniciara su serie Thomas Spencer Wells; en 1861, su primera histerectomía; en 1874, su primera nefrectomía; y en 1878, la primera extirpación total de la laringe, cinco años después de la efectuada por Theodor Billroth.

Prestó gran atención a la hemostasia, a la antisepsia y a las técnicas de anestesia, pero destacó especialmente por su interés hacia la histología normal y patológica y la microbiología, de las que fue uno de los más tempranos cultivadores españoles. Entre sus trabajos histopatológicos, iniciados en 1871, sobresalen los consagrados a los tumores. En 1872, expuso la clasificación y el significado etiológico de las bacterias en un trabajo en colaboración con José Eugenio de Olavide, autor con el que realizó, además, investigaciones experimentales sobre diversos parásitos microscópicos.

Hay que destacar, por último, que Rubio fue uno de los primeros médicos que llegó a formular de modo preciso lo que hoy llamamos patología social, principalmente en su discurso La Socio-patología (1890), así como en el libro titulado La Felicidad. Primeros ensayos de patología y de terapéutica social (1894), que publicó firmado con el seudónimo de «Doctor Ruderico».

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