Francisco de Saavedra

(Sevilla, 1746 - id., 1819) Político español. Participó en la toma de Pensacola (1781) y fue intendente de Caracas (1783). Godoy, posteriormente, le encomendó la Secretaría de Hacienda (1797) y de Estado (1798). Durante la guerra de la Independencia fue miembro de la Junta Central y del Consejo de Regencia (1810).


Francisco de Saavedra (detalle de un retrato de Goya)

De origen noble, Francisco de Saavedra se doctoró en teología en el colegio del Sacromonte de Granada. Si bien en un principio parecía estar abocado a seguir la carrera eclesiástica, finalmente se inclinó por la militar, e ingresó, primeramente, como cadete de infantería en el regimiento del Rey, del que pasó (1775) al de Saboya; ese mismo año tomó parte en la expedición a Argel comandada por el general O’Reilly.

A su vuelta, trabajó en la secretaría de Estado; en 1778 fue destinado como secretario a la embajada española en Portugal, y en 1779 se le adjudicó una plaza en el ministerio de Indias, del que fue trasladado, en comisión de servicio, a América, donde se puso bajo las órdenes de Bernardo de Gálvez, comandante del regimiento de Luisiana (Estados Unidos).

Una vez declarada la Guerra de Independencia Estadounidense (1775-1783), España se puso de parte de las trece colonias e inició diversas operaciones bélicas desde su base de operaciones en Luisiana; en una de ellas, Saavedra fue hecho prisionero y trasladado a Jamaica, aunque, liberado poco después, participó en la toma de Pensacola (1781; Florida Occidental), por la que recibió la condecoración de la Cruz de Carlos III. Durante el mandato del gobernador general de Venezuela, Manuel González Torres de Navarra (1782-1786), fue nombrado (1783) intendente de Caracas, y de allí regresó a España en 1788.

En 1797 fue nombrado secretario de Hacienda por el primer ministro Godoy y, un año más tarde, responsable de la secretaría de Estado, desde la que acometió las relaciones con el Directorio francés y diversos asuntos de índole económica; a él se debió la formación de una Junta de Hacienda que debía mirar por el aumento de los recursos del Estado, desde la que propuso, entre otras medidas, la venta de bienes reales y de encomiendas y la entrada en España de judíos capitalistas.

Volvió a su Sevilla natal aquejado de problemas de salud, que le apartaron por un tiempo de la vida pública, y en esa ciudad le sorprendió la invasión francesa que desembocó en la Guerra de la Independencia (1808-1814). Allí, fue nombrado presidente de la Junta sevillana (mayo de 1808), de la que pasó, poco después, a la Junta Central (en septiembre de 1808), como ministro de Hacienda en sustitución de Martín de Garay. En mayo de 1810 fue elegido, de nuevo, presidente de la Junta Suprema de Sevilla, y como tal, formó una Junta Militar para la defensa de la ciudad, aunque finalmente tuvo que refugiarse en Cádiz.

Entre enero y noviembre de 1810 formó parte igualmente del Consejo de Regencia. Al ser restituido en el trono el rey Fernando VII, éste premió su lealtad nombrándole presidente de la Compañía del Guadalquivir y otorgándole la Gran Cruz de Carlos III. Llegó a ser, así mismo, miembro de la Academia de Buenas Letras de Sevilla, donde presentó su Disertación sobre la dificultad de demostrar matemáticamente el año fijo de la muerte de Cristo por la profecía de las semanas de Daniel. Escribió también sus memorias, que tituló Decenios.