Eugenio Sellés

(Eugenio Sellés y Ángel, marqués de Gerona; Granada, 1842 - Madrid, 1926) Dramaturgo español. Hijo de un magistrado, estudió leyes, ejerció de abogado en Burgos y fue promotor fiscal en un pueblo de Extremadura.


Eugenio Sellés

Poco después marchó a Madrid, donde trabajó en el periodismo. Afiliado al partido de Sagasta, formó parte del equipo de redactores del periódico El Globo, donde publicó una serie de artículos satíricos sobre la política española que contaron con el reconocimiento de algunos intelectuales de su época, como Azorín, y que más tarde fueron recogidos bajo el título de La política de capa y espada (1876). También colaboró en las páginas de El Universal y Blanco y Negro, y dirigió La Revolución.

De su amistad con José Echegaray surgió su interés por la creación de obras dramáticas, y con su ayuda compuso La torre de Talavera (1877), obra romántica con la que obtuvo su primer éxito. En líneas generales, la producción teatral de Eugenio Sellés, escrita en verso, siguió en sus inicios la estela de Echegaray. Tras el drama histórico Maldades que son justicias (1878), estrenó en el teatro Apolo de Madrid El nudo gordiano (1878), una crítica de los planteamientos burgueses acerca de la infidelidad que generó una gran controversia entre sus detractores y defensores, y que fue un indicador de la modernidad en sus tesis sociales que conformó su obra. Su propósito crítico social, enmarcado en el realismo, también quedó plasmado en Las vengadoras (1884) y La vida pública (1885), ambas prologadas por Juan Valera; le siguieron Los domadores (1896) y La mujer de Lot (1903).

Eugenio Sellés compuso además libretos para zarzuelas (como La balada de la luz, con música de Vives), obras de género chico y también relatos breves de carácter ejemplar que recuerdan la prosa del siglo XVII y que fueron recogidos en el volumen Narraciones. Para los celosos, para los viejos, para los idealistas, para los holgazanes, para los soñadores, para los confiados, para los desesperados, para los filántropos, para los descastados, para los divertidos, para los jugadores (1893). Otros de sus cuentos fueron publicados en Blanco y Negro. En 1895 ingresó en la Real Academia Española, ocupando la vacante dejada por el fallecido Aureliano Fernández Guerra, con el discurso de recepción “El periodismo en España”.

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