Madame de Sévigné

(Marie de Rabutin-Chantal, marquesa de Sévigné; París, 1626 - castillo de Grignan, 1696) Escritora francesa que destacó en el género epistolar. En 1644 se casó con el marqués Henri de Sévigné y, al enviudar (1651), se dedicó a educar a sus dos hijos, en especial a su hija Françoise-Marguerite, futura condesa de Grignan, con quien inició, en 1671, una correspondencia que ofrece una de las mejores descripciones de la corte de Versalles bajo Luis XIV. Este epistolario se imprimió por primera vez en las Memorias de su primo Bussy-Rabutin (1696), y las primeras ediciones completas no aparecieron hasta el siglo XIX.


Madame de Sévigné

Nacida en el seno de una familia aristocrática, Marie de Rabutin-Chantal perdió a sus padres a los siete años y fue criada por sus tíos. En 1644 se casó con un noble de Bretaña, el marqués Henri de Sévigné, con quien tuvo dos hijos. Enviudó en 1651 y se dedicó a criar a sus hijos y a cultivar sus conocimientos.

Influida por la obra de Corneille y por uno de sus maestros, el poeta Voiture, Madame de Sévigné se interesó por la escritura y se acercó a los círculos culturales parisinos. Tuvo una vida social muy intensa, simpatizó con los jansenistas, abrió uno de los salones más importantes del reino y gozó de un importante prestigio intelectual.

En 1671, el traslado a Provenza de su hija Françoise-Marguerite, que acababa de casarse con el conde de Grignan, la impulsó a iniciar una correspondencia que se prolongaría por veinticinco años (entre 1671 y 1696) y daría lugar a una obra maestra del género epistolar.

Las cartas de Madame de Sévigné constituyen una especie de diario por el cual desfilan los personajes más notables del reinado de Luis XIV y se relatan desde los escándalos galantes hasta los asuntos de Estado, entre los que no ocupa precisamente el último lugar el famoso proceso de Fouquet. Su epistolario es una admirable galería de retratos y de cuadros de conjunto de la sociedad de entonces, sólo comparable a las Memorias del duque de Saint-Simon.

El tono predominante en las cartas es alegre; Madame de Sévigné está naturalmente dotada de un espíritu finamente humorístico que le permite lograr una serie de efectos graciosamente caricaturescos. Pero la obra de Madame de Sévigné aparece limitada por una cierta aridez de corazón por la que, absorta en el afecto hacia su hija, se muestra casi indiferente a las pasiones mundanas, cuando no cínicamente insensible a las desventuras que no afectan a su sociedad (recuérdese la carta en que describe un alboroto de gente pobre en Bretaña y la feroz represión que la siguió, con una frívola indiferencia que deja estupefacto y abrumado).

En cuanto al estilo, puede considerarse a Madame de Sévigné, juntamente con La Fontaine y Molière, entre los escritores de su siglo que más contribuyeron a dar a la literatura de la época aquel tono de absoluta naturalidad unido al más exquisito buen gusto y a la más rigurosa elegancia. Raramente se observa en sus cartas la menor sombra de artificio; la mayoría de las veces, aunque vigilando su escritura y calculando sus efectos, la autora logra dar una impresión de facilidad y sencillez extraordinarias. Ya sus contemporáneos apreciaban en ella esas cualidades: pronto se vio obligada a sacar copias de todas las cartas que escribía a su hija y a hacerlas circular entre sus amigas y amigos, que a menudo dejaron testimonio de su entusiasmo.