Franz von Stuck

(Tettenweis, 1863 - Múnich, 1928) Pintor alemán, uno de los miembros fundamentales de la Sezession de Múnich. Procedente de una familia sin tradición artística (su padre era molinero en Baviera), Stuck comenzó sus estudios artísticos en la Academia de Múnich. Finalizada su etapa de formación, presentó por primera vez su obra en la Exposición Internacional de Múnich que se celebró en 1889.


Autorretrato (1905)

La obra expuesta que resultó galardonada en el certamen fue El guardián del Paraíso. Su realización muestra, por una parte, su tendencia al tratamiento realista de la figura humana, pero, a la vez, su composición se completa con numerosas referencias simbólicas. Esta característica lo relaciona con sus contemporáneos Arnold Böklin (1827-1901) y Max Klinger (1847-1920), pintores que se caracterizan por su capacidad de hacer converger el sentimiento clásico del siglo XIX con las posiciones abiertamente vanguardistas de sus contemporáneos.

El ambiente artístico que se respiraba en Múnich a finales de siglo era extraordinariamente variado y prolífero; frente a los círculos académicos, apareció una generación de jóvenes artistas que, bien de forma individual, como Thoma, Trübener, Schuch o Zügel, o bien agrupados en asociaciones, contribuyeron a hacer más fértil el panorama artístico muniqués. Las asociaciones de pintores que más dinamizaron el ambiente cultural de la última década del siglo XIX fueron los pintores de Neu-Dachau y, especialmente, los que constituyeron la Sezession, entre los que se encontraba Franz von Stuck.


El guardián del Paraíso (1889)

La Sezession (Muchener Sezession), fundada en 1892 como reacción de esta joven generación frente al arte de los salones oficiales, fue una agrupación artística integrada por pintores alemanes que preludia la fase post-impresionista de la corriente simbolista. Fue en realidad dos años más tarde, en 1894, cuando, con la instauración del Salón de la Secesión, adquirió carácter de manifiesto plástico. La principal característica integradora de este grupo fue precisamente la disparidad estilística de sus componentes, puesto que artistas aparentemente tan distintos como Stuck, H. von Habermann, Fritz von Uhde o W. Trübner coincidieron en su rechazo a las posturas academicistas frente a la modernidad. La Sezession se convirtió en un ejemplo para otros movimientos contemporáneos similares que se desarrollaron en el resto de Alemania y Austria.

Dos años después de la exposición fundacional del grupo, Stuck fue nombrado profesor de la Academia de Bellas Artes de Múnich, de la que posteriormente pasó a ocupar la dirección. Durante su estancia en la Academia de Bellas Artes fueron alumnos suyos Paul Klee (1879-1940) y Wassily Kandisnky (1866-1940). Éste último manifestó en numerosas ocasiones su admiración por la facilidad y contundencia de los dibujos de su maestro.


El beso de la esfinge (1895)

Si bien Stuck fue el maestro de numerosos pintores alemanes que luego se adherieron al expresionismo, como Klee y Kandinsky, su obra no tiene continuidad en sus discípulos. En este sentido habría de considerar la obra de Franz von Stuck como el final del simbolismo, puesto que sus alumnos se aproximaron a posturas abiertamente expresionistas. Junto con Klinger y Böklin, Stuck dio nueva vida a la pintura alemana y constituyó la generación de transición entre el fin de siglo y la progresiva tendencia germana a un expresionismo cada vez más subjetivo; se especializó en el desnudo femenino, tratado con un dibujo refinado heredero de la tradición renacentista italiana.

Stuck supo combinar su disposición para el dibujo de la figura humana, de un rigor academicista, con la integración en la obra de elementos ornamentales de carácter simbólico. Entre las obras que le granjearon su prestigio se encuentran las pinturas alegóricas y los cuadros de tema mitológico, siempre llenos de referencias veladas y enigmáticas, con figuras tratadas con su característica exquisitez plástica. Entre las pinturas alegóricas podemos destacar sobre todo las que tienen como tema central la figura femenina, rodeada de elementos simbolistas que enriquecen la lectura de la obra. Es el caso de obras como El Pecado, El Vicio, Sensualidad o Medusa, en las que el maestro alemán desplegó un rico repertorio alegórico y exploró a la vez su interés por los efectos de contraste entre la figura humana y los elementos alegóricos.