Ceferino Suárez Bravo

(Oviedo, 1825 - Barcelona, 1896) Escritor español. Tras obtener un gran éxito con el drama Amante y caballero (1842), se trasladó a Madrid, donde colaboró en La España y El contemporáneo. Tras un exilio sufrido por su condición de carlista, en 1876 fundó el diario El fénix, órgano de Unión Católica. En su producción destacan algunos dramas en verso, de corte romántico (Enrique III, 1847), una novela sobre la primera guerra carlista (Guerra sin cuartel, 1885) y una colección de sátiras (Perfiles senatoriales).

Aunque de familia modesta (era hijo de un acreditado relojero ovetense), Ceferino Suárez Bravo cursó al parecer estudios universitarios en su ciudad natal. Influido por Espronceda, Zorrilla y el duque de Rivas, con sólo diecisiete años publicó seis poemas inequívocamente románticos en el semanario asturiano El Nalón. Aún en Oviedo (1843) estrenó con éxito los dramas Amante y caballero e Hidalguía y lealtad, no mucho antes de establecerse en Madrid con poco más que una carta de recomendación para el político asturiano Alejandro Mon.

Éste le proporcionó un modesto destino público que Suárez Bravo abandonó para sentar plaza de bohemio en la capital y dedicarse al periodismo en La España, El Contemporáneo, El Pensamiento Español, etc. Además, entre 1846 y 1854 estrenó algunos dramas de asunto tétrico y carácter efectista (Los dos compadres: verdugo y sepulturero, El bufón del rey, etc.), así como varias comedias (Un motín contra Esquilache, ¡Es un ángel!) y la zarzuela Las señas del archiduque (1850).

De esta época data la publicación de su novela El cetro y el puñal (1851-1852) y su matrimonio (1851) con Ángela Olalde, sobrina del político Ramón de Egaña, pero también su evolución hacia un catolicismo reaccionario, batallador e intransigente. Esa agresividad es la nota dominante de El Padre Cobos (1854-1856), popular semanario satírico que él mismo ayudó a fundar y en el que se ocupó de la sección "Fisonomía de las sesiones", mordaz comentario sobre la vida parlamentaria.

Sin embargo, por espacio de tres lustros, abandonó las letras para ocupar diversos puestos al servicio del Estado. El primero se lo facilitó O'Donnell al designarle cónsul general de España en Génova (1857), antes de ponerle al frente de los consulados generales de Burdeos, Bayona (1864), Lisboa (1865) y de nuevo Bayona (1867). Allí se encontraba cuando estalló la Revolución de Septiembre de 1868, durante la cual permaneció en el extranjero hasta que Carlos de Borbón inició la Tercera Guerra Carlista (1872-1876). Consecuente con su ideología, tomó partido por el tradicionalismo y pasó a las filas carlistas. Carlos de Borbón le nombró entonces corregidor de Guipúzcoa, secretario de Negocios Extranjeros de su gobierno y director del periódico El Cuartel Real (1873-1874).

Restablecida la paz, marchó a Francia, donde residió hasta 1876, año en que regresó de forma encubierta a la Península. Se cree que estuvo oculto en Mondragón (Navarra) hasta que pudo reintegrarse a la vida civil. Amparado por Antonio Cánovas del Castillo y Adelardo López de Ayala, no quiso acatar la Constitución y desplegó desde Madrid una feroz campaña a favor del tradicionalismo a través de sus colaboraciones, desde 1877, en el diario católico El Siglo Futuro (bajo el seudónimo de Ovidio) y, entre 1879 y 1881, en El Fénix, que él mismo ayudó a fundar como órgano del partido Unión Católica.

De esta etapa de su vida datan, además, algunas poesías, la comedia La mancha en la frente (1877), el cuadro dialogado Robespierre (1886) y dos novelas largas, Guerra sin cuartel (1885) y ¡Soledad! (1893), la primera de ellas premiada por la Real Academia Española. Guerra sin cuartel es sin duda su obra más apreciada: a medio camino entre la novela histórica y la de costumbres, relata un episodio sentimental bajo la guerra carlista, con abundancia de complicadas peripecias y amores románticos.

Ya retirado de la vida política y diplomática, Suárez Bravo decidió instalarse en Barcelona. Todavía en 1890 fundó en esta ciudad La Semana Popular Ilustrada, dedicada a la clase obrera, donde antes de su muerte aparecieron varias de sus novelas cortas. Cabe citar además dos recopilaciones fruto de su intensa labor periodística: España demagógica (1873) y En la brecha. Hombres y cosas del tiempo (1878).

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