Rafael Tejeo

(Caravaca, 1798 - Madrid, 1856) Pintor español. Discípulo de José Aparicio en Madrid, estudió también en Roma (1824-1827). En su obra, de raíz neoclásica, se advierte a la vez una profunda visión romántica de la vida; cultivó los temas mitológicos y otros de gusto romántico. Fue también un gran retratista.


Detalle de un Autorretrato de Rafael Tejeo (c. 1840)

Tras iniciar su formación académica en la Real Sociedad de Amigos del País de Murcia, Rafael Tejeo pasó a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde tuvo como principal maestro a José Aparicio, y depuró su técnica junto a Fernando Branbila, pintor italiano afincado en España. En 1824 decidió ampliar sus conocimientos en Roma por su cuenta. En el viaje de ida a la capital italiana su barco naufragó, aunque tuvo la suerte de ser recogido por unos marineros. Enfermo y sin dinero, llegó finalmente a su destino, donde sólo su entusiasmo artístico le permitió seguir adelante.

En Roma fue alumno de Camuccinni y se entregó al estudio de los maestros de la escuela boloñesa, especialmente de la obra de los Carraci y Guido Reni, así como al conocimiento de las técnicas de los pintores barrocos. Desde Italia envió a España cuadros como La curación de Tobías y una Magdalena penitente que se exhibió en el Museo del Prado.

Un año después de regresar a Madrid (1827) fue nombrado miembro de mérito de la Academia de San Fernando gracias al lienzo Lucha de Hércules y Anteo. Su bien formado gusto clásico y su segura técnica le permitieron acometer empresas pictóricas tan complejas como la Comunión de San Jerónimo (1829), el Combate de centauros y lapitas o Diana sorprendida en el baño por Acteón, obras que le hicieron célebre entre sus contemporáneos, a pesar de una artificiosidad, bastante forzada, en la composición y el color.


Lucha de Hércules y Anteo (1828), de Rafael Tejeo

Durante años presentó obras a las exposiciones nacionales de Bellas Artes, y si no desfalleció en la representación de motivos mitológicos y personajes clásicos, desde Faetón hasta la reina Cleopatra, tampoco desdeñó el tema sacro y el retrato de políticos, aristócratas y artistas de su época, series que la posteridad ha querido reconocer como lo mejor de su arte por la delicadeza de la ejecución, la verosimilitud y la viva caracterización de los modelos, valores que lo inscribían entre lo mejor del romanticismo pictórico. Algunos retratos excelentes son los de Pedro Benítez y su hija, José María Benítez Bragaña (su cuñado), Juan Antonio Ponzoa, Señora con sus hijos, Niña sentada y Pedro Martínez Godoy.

En 1839 fue nombrado teniente director de pintura de la Academia de San Fernando y, tres años después, director honorario, cargos a los que renunció en 1846. Pintó para el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Estado, el Casino de la Reina y el Palacio Real, donde realizó al temple la Caída de Faetón. Un año antes de su muerte concurrió a la Exposición Universal de París con la obra Atentado contra los Reyes Católicos en la tienda de los marqueses de Moya. Otras obras de interés son Isabel II, Francisco de Asís, Cleopatra, San Sebastián, La Virgen de los Dolores y Bandido contemplando la cabeza de su compañero puesta en un palo para escarmiento.

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