Arnau de Vilanova

(Valencia, c. 1238 - ?, 1311) Médico y visionario catalán. Se introdujo en el estudio de la Biblia, del Talmud y del rabinismo en sus lenguas originales, así como de la lengua árabe y parte de la cultura musulmana. Estudió medicina en Montpellier y desde 1281 fue médico de Pedro el Grande y de sus sucesores. Aficionado a la teología, frecuentó a los franciscanos espirituales, lo que le condujo a un exaltado misticismo, hasta ver como inminentes la venida del Anticristo y el fin del mundo. Fue condenado por los teólogos de la Sorbona, aunque el papa mitigó su condena, aconsejándole que se dedicara exclusivamente a la medicina. Haciendo caso omiso de las advertencias del papa, al que por otra parte curó, se enfrentó a los dominicos, mientras interpretaba sueños de reyes que le llamaban para consultarle. Fue un médico excelente, razón por la cual se toleraron sus visiones delirantes. Sus numerosas obras médicas (se conservan más de setenta), escritas en latín, abarcan desde opúsculos a versiones de obras árabes, sobre todo de Avicena, aunque sus conocimientos médicos se basaban en el empirismo, mezcla de Galeno y Avicena. Sólo se conservan algunas de sus obras escritas en catalán: Confessió de Barcelona (Confesión de Barcelona), Lliçó de Narbona (Lección de Narbona) y Raonament d'Avinyó (Razonamiento de Aviñón, 1309).


Arnau de Vilanova

También llamado Arnaldus de Villa Nova, Arnaldus de Villanueva, Arnaldus Villanovanus y Arnaud de Ville-Neuve, apenas existen datos fiables sobre su vida, sumamente novelesca, ni tampoco sobre sus obras, muchas de ellas atribuidas. Sus orígenes son inciertos, si bien tienden a situarse en Valencia debido a su apellido, pues lleva a pensar en la posibilidad de que hubiese nacido en el actual barrio del Grao de Valencia, conocido en aquella época como Vilanova del Grao. Su familia, al parecer de extracción humilde, debió de instalarse allí poco tiempo después de la conquista de la ciudad (1238) por Jaime I de Aragón (1213-1276).

Pocas noticias se tienen de su formación, si bien es muy probable que estudiase con los dominicos de Valencia y tomase las órdenes menores para convertirse en un clérigo seglar. Asimismo, no es dudoso que hubiese aprendido el árabe (una lengua que dominaba a la perfección) con algunos maestros moriscos. De sus años de juventud datan sus dos primeras obras: Epístola de amore heroico, un análisis racional del amor, al que, siguiendo los preceptos de la época, considera un “trastorno de las pasiones” que debe apaciguarse, y De improbatione maleficiorum, en el que desautoriza la nigromancia por considerar que no hay arte humana que pueda dominar al demonio.

En 1260 viajó a Montpellier (Francia) para estudiar medicina en su universidad, donde obtuvo el grado de magister. Tras vagar por las ciudades y cortes europeas ofreciendo sus servicios, regresó al reino de Aragón. En 1281, el rey Pedro III (1276-1285) lo llamó a Barcelona para ofrecerle el puesto de médico real, que aceptó con gusto. Su interés por algunos aspectos de la filosofía más especulativa lo llevaron a estudiar hebreo y teología con fray Ramon Martí, mientras proseguía su labor teórica con la traducción del árabe de algunos tratados de Avicena y Galeno.

Tras la muerte del rey, Arnau de Vilanova siguió al servicio de sus tres hijos y herederos: Alfonso III (1285-1291), Jaime II (1291-1327) y Federico II (rey de Sicilia, 1296-1337). La confianza y la amistad que le brindaron los nuevos monarcas lo convirtieron en diplomático y consejero tanto en asuntos políticos como privados. Entre 1289 y 1291 aceptó una cátedra de medicina en la Universidad de Montpellier, donde pudo proseguir su carrera científica.

También en la Universidad de Montpellier se contagió de las ideas escatológicas y apocalípticas de los "espirituales". En 1299 abandonó el profesorado y se lanzó por el camino de las actividades diplomáticas; con ocasión de las mismas, desplegó una intensa campaña para la divulgación de su ideario religioso y la reforma de la Cristiandad, en la que cosechó múltiples sinsabores y contratiempos.

Obras de Arnau de Vilanova

La fama póstuma de Arnau de Vilanova se cimenta en sus numerosas obras médicas y científicas, que van desde los tratados generales hasta opúsculos monográficos breves y versan sobre una gran variedad de temas: higiene, medicina, cirugía, farmacia, astrología y alquimia. En su doctrina, la tradición griega hipocraticogalénica se combina con los nuevos conocimientos asimilados de los árabes. Arnau es considerado como el más conspicuo transmisor de la medicina árabe a Occidente.

Desde su cátedra de medicina en la Universidad de Montpellier, Arnau de Vilanova se convirtió en el principal representante de un movimiento de renovación (surgido tras el redescubrimiento de las teorías de Galeno, olvidado en Occidente y reintroducido a través de traducciones árabes) que se desarrolló durante el último cuarto del siglo XIII en varias facultades europeas. Vilanova, conocedor del Canon de Avicena desde sus años de estudiante, defendió la necesidad de recuperar el legado hipocrático y galénico para racionalizar los sistemas de diagnóstico y aplicación de remedios.

Su concepción de la medicina disentía cada vez más de la corriente imperante, deudora en muchos casos del pensamiento escolástico, y no tardó mucho en convencerse de la necesidad de renovar por completo el canon de lecturas. Para ello recurrió en un primer momento a las traducciones que comenzaban a llegar desde Toledo. Pese a que el corpus de obras de Galeno disponible en Europa era considerable, acometió la tarea de completarlo. En 1282 tradujo, en Barcelona, De rigore, tremore, iectigatione et spasmo. En 1300 preparó una refundición de los dos primeros libros de uno de los tratados más completos de Galeno, De interioribus.


Portada de una edición de 1480 de Regimen Sanitatis

Sin embargo, es en su obra original donde Vilanova demuestra su asimilación del galenismo. De intentione medicorum, uno de los primeros escritos que se conservan de su etapa como profesor en Montpellier, defiende la necesidad de que el médico se ciña al estudio de los síntomas y evite las teorizaciones demasiado alambicadas. Posteriormente analizó los mecanismos de curación en De consideracionibus operis medicine y abordó el problema de la gradación de los medicamentos en sus Aphorismi, muy influidos por las teorías de Al-Kindi y Averroes.

Por aquellos años, su prestigio lo convirtió en una auctoritas de obligada referencia y estudio en medicina, hecho que llevó a una de sus obras, Medicationis parabolae (una colección de 342 máximas en las que se compendiaba todo aquello que un médico debía poner en práctica), a convertirse en uno de los manuales más difundidos por toda Europa. Sin embargo, su texto más conocido fue el Regimen sanitatis ad regem Aragonum (1305 o 1307), un minucioso estudio de las condiciones de vida que debía seguir el rey Jaime II de acuerdo con su complexión física y sus deberes cotidianos. Del mismo periodo puede ser Speculum medicinae, tratado en el que sistematiza todos sus conocimientos médicos y que supone la culminación de su carrera científica.

Si bien prosiguió sus investigaciones, a partir de aquel momento sus obras son mucho más específicas y, en buena parte, permanecieron inconclusas; algunas de ellas, no obstante, como el Antidotarium y De veneris, fueron completadas por uno de sus discípulos, el aragonés Pedro Cellerer. Se le atribuye asimismo una gran cantidad de escritos médicos apócrifos, mientras otros son de atribución dudosa. Cultivó asimismo las ciencias ocultas, en especial la alquimia y la astrología; a su pluma se deben el Rosarius philosophorum, el Perfectum magisterium dedicado también al rey de Aragón, varios tratados alquímicos dedicados a Bonifacio VIII y los Capitula astrologiae. Además de estas obras auténticas, en los siglos XIV y XV le fueron falsamente atribuidas también en este campo otras muchas del mismo carácter.

En los últimos veinte años de su vida, Arnau de Vilanova compuso asimismo numerosos escritos de carácter religioso. Entre 1290 y 1300 dio a conocer varios tratados extensos, inspirados en la ideología del abad calabrés Gioacchino da Fiore, tales como una introducción a la obra apócrifa de dicho autor De semine scripturarum, una Exposición del Apocalipsis, un opúsculo sobre la significación del Tetragrammaton, un catecismo destinado a los hijos del rey de Aragón y, sobre todo, el famoso tratado sobre la venida del Anticristo, que suscitó una viva oposición en los teólogos de la Sorbona: hallándose en París como embajador del rey de Aragón, la Sorbona condenó a Vilanova por haber sostenido algunas proposiciones heréticas sobre el fin de los tiempos.

Detenido, el rey de Francia mandó respetar su condición de embajador; pero no pudo evitar que el libro de Vilanova fuese quemado, y su autor obligado a retractarse. Comenzó entonces para Arnau de Vilanova una etapa de persecuciones, a la que replicó con una agria polémica, rica en episodios; los más sonados ocurrieron en Gerona, en Lérida y en Marsella. De esta polémica queda una serie de tratados menores, opúsculos y documentos compuestos en ocasión de la misma. Vilanova buscó la impunidad en su condición de familiar del Pontífice y en el apoyo del rey de Aragón; la elección de Clemente V, amigo y simpatizante de Vilanova, detuvo la polémica.

Desde 1305, Arnau de Vilanova se dedicó a llevar a la práctica sus ideales de reforma de la Cristiandad, cuya ejecución encomendó a los dos reyes hermanos de Aragón y de Sicilia. Dirigió a éste una especie de manifiesto político titulado Allocattio Christiani, que desarrolló luego en un extenso programa de actuación. Para recabar el apoyo del Papa y del Colegio cardenalicio, leyó en consistorio público un largo documento, que se conoce con el nombre de Raonament d'Avinyó (Razonamiento de Aviñón, 1309); los cardenales del bando adverso le acusaron entonces ante Jaime II de haberle difamado. El rey le retiró la confianza, y, aunque su hermano Federico se mantuvo fiel a Vilanova, la empresa política quedó estancada.

Arnau de Vilanova murió durante una travesía por mar a fines de 1311, sin haber logrado aplacar el enojo de su monarca. Cinco años más tarde, habiendo fallecido Clemente V, los enemigos de Vilanova lograron que una reunión de teólogos convocada por el Inquisidor en Tarragona condenara catorce tesis y todos los escritos suyos de carácter espiritual.