Donald Woods Winnicott

(Plymouth, 1896 - Londres, 1971) Pediatra y psicoanalista británico. Estudió en la Universidad de Cambridge y, después de ejercer la pediatría durante más de cuarenta años, se especializó en psicoanálisis infantil. Centró sus estudios en la relación madre-lactante, considerada como una unidad indisoluble, y enunció la teoría del «objeto transicional». Entre sus obras destacan El niño y el mundo externo (1957), Escritos de pediatría y psicoanálisis (1958) y La consulta terapéutica y el niño (1971).


Donald W. Winnicot

Winnicott dio del desarrollo infantil una visión que integra los procesos de transformación biológica con la elaboración psicológica que el niño hace de los mismos, proceso para el que acuñó el término self (en inglés "sí mismo"). A pesar de que no era un psicoanalista de niños, su contribución en este campo ha sido esencial y duradera. Durante algún tiempo fue discípulo de Melanie Klein, de la cual se distanció ligeramente en el momento de la disputa entre ésta y Anna Freud, hija del creador del psicoanálisis, Sigmund Freud. Pensador solitario, no sistemático, con intuiciones geniales, fue notablemente influido por su actividad como pediatra.

Para Winnicott no existe "un lactante", sino "un lactante con alguien": de ello se deduce que el crecimiento psicológico del individuo depende de la posibilidad de tener inicialmente a disposición un "ambiente facilitador", es decir, "cuidados maternos suficientemente buenos" que consientan el desarrollo de las potencialidades innatas. Si ese apoyo es deficitario o inexistente, el niño se encuentra expuesto a traumas a los que no consigue hacer frente ("primitivas angustias mortales" o "angustias impensables"), preludio de la evolución psicológica, o bien crea defensas más evolucionadas, a las que el autor denomina "falso Yo". En estos casos, la mente del niño puede asumir parte de las funciones maternas, es decir, el pensamiento se convierte en un sustituto de los cuidados maternos: "el niño se hace a sí mismo de madre por medio del entendimiento, de entender demasiado". La consecuencia es una grave escisión entre el "falso Yo" y el "verdadero Yo" psicosomático, "escondido y quizás perdido".

Donald Winnicott estudió el desarrollo del individuo centrando su atención en el paso del niño del estado de dependencia absoluta al de una dependencia relativa en la que acepta la existencia del "no-Yo". Esta operación fundamental se centra en la capacidad del niño para usar el "objeto transicional", constituido por un juguete, la esquina de una cubierta o cualquier otra cosa, cuya posesión constituye una actividad antidepresiva. La angustia asociada al descubrimiento del "no-Yo" vendría atenuada y elaborada por el objeto transicional, el cual constituiría la zona de la ilusión: no es "Yo" ni "no-Yo", y representa el lugar de paso de la fusión con el ambiente a la separación de éste.

El pediatra británico estableció una conexión entre el buen uso del objeto transicional y el desarrollo del juego, de la creatividad; por el contrario, un mal uso puede conducir al fetichismo, a la mentira, a la drogodependencia o a los rituales obsesivos. Otros aspectos de sus teorías recuerdan conceptos propios del pensamiento kleiniano. "La actividad social -escribe- no puede ser satisfactoria a no ser que se base en un sentimiento de culpa personal respecto a la agresión". Los trabajos más rigurosamente clínicos del autor son coherentes con el desarrollo de su pensamiento, centrándose en la función de "contención" ("holding") del analista y de su marco ("setting"), en el uso de la regresión y en la capacidad del analista de aprender de su propio paciente.

Entre sus obras más conocidas se encuentran Trastornos de la infancia (1931), El niño y el mundo externo (1957), El niño y la familia (1957), Escritos de pediatría y psicoanálisis (1958), La familia y el desarrollo individual (1965), Los procesos de maduración y el ambiente facilitador (1965) y La consulta terapéutica y el niño (1971). En Realidad y juego (1971) recogió una serie de ensayos que repiten y desarrollan la teoría ya expuesta en 1951 (en un artículo también incluido en la colección y titulado "Objetos de transición y fenómenos de transición"), según la cual la mayoría de los niños experimenta una fase de apego afectivo a un objeto inanimado (exterior a su propio cuerpo y distinto del cuerpo materno) vivido como un auténtico "compañero" animado. Estos objetos (mantas, almohadas, osos de peluche y otros parecidos), por ser blandos, suaves y cálidos, son substitutos del pecho materno y constituyen las primeras propiedades "no yo" del niño (ya que el pecho es una propiedad que el niño pequeño no distingue de sí mismo).

Por lo tanto, este objeto-substituto "de transición" pertenece a un espacio intermedio situado entre la realidad psíquica interior, mágica (cuyo prototipo es la relación "mágica" con el pecho materno) y la realidad externa, constituida por objetos compartidos con otros sujetos. El objeto de transición es el prototipo de toda una serie de fenómenos indispensables para el equilibrio psíquico incluso en la vida adulta. Son "fenómenos de transición" de la vida y la cultura adultas todas aquellas "ilusiones" que no entran directamente en conflicto con la realidad: el arte, las ideologías, el juego, los sentimientos religiosos, el soñar despiertos, el fetichismo de lo perverso, robar, las toxicomanías y los talismanes de los rituales obsesivos. Todos ellos son el resultado del proceso de desilusión que se inicia en la infancia cuando el niño se ve obligado a elaborar su "desencanto", al no poder ya creer en la omnipotencia de la madre.

En el ensayo siguiente de Realidad y juego (1971), titulado "Soñar, fantasear y vivir", Winnicott parte de un caso clínico para ilustrar la profunda diferencia existente, según su forma de ver las cosas, entre el soñar y el vacío fantasear, en que el sujeto está psicológicamente disociado y es incapaz de desarrollar una relación creativa con la realidad. En otros ensayos de este libro, el autor elabora una auténtica teoría del "juego" y de la "creatividad", no considerados como fugas de la realidad, sino como una etapa evolutiva hacia el abandono de la imaginaria omnipotencia del sujeto y como una iniciación a la realidad exterior, que sólo puede percibirse como espacio de "inter-juego" entre distintos sujetos. Este espacio de juego potencial, que se desarrolla primero entre el niño y la madre y después entre el individuo y la sociedad y entre el individuo y el mundo, está relacionado con todas aquellas experiencias que inducen al individuo a nutrir sentimientos de confianza.

Como consecuencia de este punto de vista teórico, que pone en primer plano los fenómenos de transición del juego, la creatividad y la ideología, la técnica psicoterápica de Winnicott se basa en una actitud "permisiva", siendo índice de esta permisividad su tendencia a confiar en la iniciativa terapéutica de los padres (guiados por el psicoterapeuta) más que en la intervención directa del médico a propósito del niño perturbado; así lo indica su "respeto" por el síntoma, que es tolerado, en lugar de "curado" de inmediato o impedido.

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