Confesiones de una máscara

Esta novela del escritor japonés Yukio Mishima fue publicada en 1949 y supuso la consagración del autor en el panorama literario de posguerra. La narración, efectuada en primera persona, y que evidentemente tiene connotaciones autobiográficas, nos cuenta las vivencias del protagonista desde su más tierna infancia y a través de la adolescencia hasta los veintidós o veintitrés años. El autor empieza diciéndonos que durante mucho tiempo afirmó, y estaba en realidad convencido, de recordar el instante de su nacimiento. Con esta aseveración el lector ya se da cuenta, desde el comienzo del libro, de que se encuentra ante una personalidad singular y fuera de lo corriente.

Sigue contándonos sus primeros años. Por ser el primogénito de la familia y estar ésta completamente dominada por la personalidad de la abuela, vivió al lado de ella, durmiendo en su mismo dormitorio, "siempre cerrado y con el aire impregnado de los olores de la enfermedad y de la vejez". En esta primera etapa de su vida, Kochan, como le llaman los demás, se nos muestra como un chico imaginativo que ya desde sus primeros años se siente atraído por todo lo masculino. Pero cuando la realidad le atrae excesivamente, su carácter retraído le impulsa a huir: "Ante aquello que he esperado con excesivas ansias, ante aquello que he embellecido en demasía en mis sueños previos, lo único que puedo hacer es huir".


Yukio Mishima

Su carácter extraño, su constitución enfermiza y la atracción que siente por su mismo sexo, aunque de pequeño y en su primera juventud no entienda lo que esto significa, le convierten en un muchacho diferente de los demás, que con toda evidencia los demás no comprenden. "En aquellos tiempos había comenzado a comprender vagamente aquel mecanismo según el cual lo que los demás consideraban una impostura, por mi parte, en realidad, era expresión de la necesidad de afirmar mi propia manera de ser; en tanto aquello que los demás suponían mi verdadera forma de ser no era más que una impostura".

Una vez terminada su infancia, Kochan nos habla de su adolescencia y del despertar del sexo, momento en que adopta la costumbre de masturbarse, acompañando siempre su excitación sexual con imágenes homosexuales y sádicas. A este propósito, nos habla del deleite que le proporciona la contemplación del "Martirio de San Sebastián" de Guido Reni y de la atracción que ejercen sobre él la sangre y la muerte. Se imagina la suya como la de un héroe que perece ensangrentado y en medio de los mayores sufrimientos.

Después de narrar su época escolar, durante la cual se enamora de un compañero mayor que él, inicia sus estudios universitarios, que coinciden con la Segunda Guerra Mundial. En esta época él, que ya se ha dado cuenta de que es distinto de los demás, pues las mujeres, de las que tanto oye hablar a sus compañeros, no le atraen en absoluto, se cree enamorado de la hermana de un amigo.

Ello le proporciona la esperanza de que al final podrá convertirse en una persona normal. Se engaña una vez más. Cuando por fin la besa, no siente excitación alguna; sus imaginaciones eróticas nunca tienen por protagonista a Sonoko (éste es el nombre de la joven) sino los atractivos efebos con que se cruza durante el día en la calle, en el tranvía o en cualquier otro lugar. Y cuando la familia de ella quiere saber sus intenciones, huye una vez más y renuncia, dando excusas que nada tienen que ver con la verdadera razón.

Terminada la guerra, cumplidos ya los veinte años y aún virgen, acepta la proposición de un amigo para ir con unas prostitutas. Una nueva decepción que le demuestra definitivamente su naturaleza. Habiendo encontrado a Sonoko (la cual se ha casado) reinicia una serie de encuentros con la joven, la cual en cierto momento le plantea el dilema de que las cosas no pueden seguir así. Termina el relato saliendo los dos de una sala de baile donde él, en lugar de bailar con ella, ha permanecido todo el tiempo contemplando a un atractivo muchacho.

Mishima tituló certeramente el libro Confesiones de una máscara: ésta es la esencia del personaje, enfrentado a una realidad ante la cual se ve obligado a fingir constantemente. Pero no solamente finge y engaña a los demás, también finge y se engaña a sí mismo, al querer dar a las cosas un sentido y una razón distintos de los que tienen en realidad. A este respecto, resulta muy significativa su actitud ante la guerra. A pesar de la atracción que siente por el suicidio y la muerte violenta, se vale de su aspecto enfermizo y de fingimientos para conseguir que le declaren inútil, evitando de tal modo ir al frente. Libro muchas veces morboso y en ciertos momentos desagradable, tiene el interés de ponernos al descubierto los recovecos de un alma y un carácter contradictorio que pretende ser sincero a pesar de ser tan sólo una máscara.

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