André Antoine

(André Léonard Antoine; Limoges, 1858 - Le Pauliguen, 1943) Director teatral francés. André Antoine influyó de modo determinante en las reformas teatrales del siglo XIX que derivaron de las ideas naturalistas de Émile Zola, expresadas en su artículo de 1881 El naturalismo en el teatro. A través del Théâtre Libre de París (1887-1894), se anticipó además a las teorías que posteriormente concretaría Stanislavski, creador del método que lleva su nombre. Paradigma del teatro naturalista, Antoine puso en escena a los principales autores de esa corriente (Strindberg, Ibsen, Zola), creó el concepto de "cuarta pared" y exigió a sus actores que ignorasen la presencia del público y que trataran de conseguir una plena identificación con sus personajes, a fin de lograr una mayor verosimilitud; intentó asimismo el máximo detalle corpóreo en la escenografía, rompiendo con los decorados pintados.


André Antoine

En su juventud tuvo que desempeñar múltiples oficios para poder subsistir; finalmente se trasladó a París, donde trabajó en la casa Hachette y fue empleado de la Compañía del Gas entre 1877 y 1887; prestó su servicio militar en Túnez durante cuatro años. Acudió a clases de dicción en el Gimnasio de la Palabra de Marius Laisné. Formó parte de la claque de la Comèdie-Française para poder ver las representaciones, y llegó a debutar como figurante, lo que le permitió observar de cerca a divos como Mounet-Sully o Sarah Bernhardt. Intentó entrar en el Conservatorio, pero no lo consiguió.

Finalmente ingresó en el Círculo Gaulois, asociación en la que fue alimentando sus ideas de crear un grupo independiente. Alentado por figuras de la novela como Zola, los Goncourt y Daudet, y tras haber efectuado los ensayos con un grupo de aficionados en el pequeño café Aux Bosquets de la calle de Maistre, el 30 de marzo de 1887 realizó lo que sería la primera salida escénica del Théâtre Libre. Ello fue posible mediante el subarriendo de la sala en que daba sus representaciones el Círculo Gaulois, un humilde teatro al pie de la colina de Montmartre denominado L'Elysée des Beaux Arts, tan pequeño que en los intermedios el público (que no llenaba los trescientos asientos) tenía que salir a la calle. Para su debut Antoine eligió cuatro obras cortas, la última de las cuales era una adaptación de una novela de Zola, Jacques Damour.

Un mes más tarde, gracias al apoyo de Zola y de Daudet, consiguió tener un gran éxito. La crítica más avanzada acogió bien las propuestas de renovación de Antoine, y muchos autores jóvenes acudieron al Théâtre Libre para representar obras que no encontraban cabida en los teatros comerciales al uso, dominados por empresarios que querían ganar dinero a toda costa. El repertorio de la compañía llegó a contar en los años siguientes con más de ciento veinte obras de sesenta autores, casi todas escritas bajo la estética del naturalismo.

El Théâtre Libre funcionaba mediante un sistema de cuotas que abonaban sus socios, y las representaciones se hacían sólo para ellos, sin que hubiese venta de entradas al público en general. Por este hecho, los autores pudieron escribir sus obras sin miedo a la censura o al fracaso de público, substituyendo el estilo ampuloso de autores populares en la época como Augier, Dumas o Sardou por otro más real y popular. En sus primeras representaciones, Antoine invirtió dos meses de su sueldo y montó la escena con sus propios muebles, creando una atmósfera sin efectismos y buscando la motivación emocional en los caracteres. El Théâtre Libre cambió pronto de local. Fue primero a una sala más grande, de ochocientas butacas, en el Barrio Latino, y después, al Teatro Menus-Plaisirs, más céntrico. A pesar de su éxito entre el público más adelantado, en 1894 Antoine tuvo que cerrar a causa de las deudas, que arrastró a lo largo de su vida.


Representación de Vieille renommée (1906)

No obstante, entre 1896 y 1906 abrió otra sala que llamó Teatro Antoine, y en ese año, el mundo teatral parisino reconoció su labor nombrándole administrador del Teatro Odeón, donde continuó hasta su retirada de la escena en 1913. Tras la Primera Guerra Mundial se convirtió en crítico teatral. Escribió además un libro de memorias: Mis recuerdos sobre el Odeón y el Teatro Antoine.

La estética realista de André Antoine había partido del trabajo de la compañía del Duque de Meiningen, pero fue más lejos que él mostrando al público los tipos y los personajes tal cuales eran, con su vulgaridad y su sordidez. Antoine hacía que sus actores desapareciesen detrás del personaje, al contrario que los divos; para ello se valió siempre de actores aficionados y modestos. Intentaba dar la impresión al espectador de sorprender los secretos de los personajes como si los mirase a través del ojo de una cerradura y contemplase un trozo de vida (une tranche de vie) palpitante y real.

Su juego escénico naturalista, antiespectacular y verista, no dudaba en trasladar al escenario todo tipo de enseres y objetos de la realidad cotidiana, que chocaban con la escena de cartón y los telones pintados habituales en la época. Colgaba trozos de carne fresca para ambientar una carnicería, los actores manipulaban comida verdadera, se oían los ruidos de la vida real. Sus puestas en escena significaron un antes y un después en el teatro occidental.

André Antoine montó obras nuevas y difíciles para el público, como El poder de las tinieblas, del novelista y dramaturgo ruso León Tolstói; Espectros, del autor noruego Henrik Ibsen; Los tejedores, del autor teatral alemán Gerhart Hauptmann. Divulgó tanto a autores franceses naturalistas (Zola, Eugène Brieux y François de Curel) como a otros tan dispares como Shakespeare. Dio a conocer a Turgueniev, a Björnson y al sueco August Strindberg.

Su modo de trabajar basándose en la ley del conjunto, a la que subordinaba los divismos actorales, preludió el papel del director contemporáneo que busca la autenticidad y la honestidad profesional. El interés para acudir a sus representaciones debía basarse en algo más que en los nombres de los actores. Antoine cuidaba personalmente de la fidelidad histórica del vestuario, acordándolo con la categoría social del personaje. Terminó con el vicio de los parlamentos dichos ante las candilejas en busca del aplauso fácil, y repartió el movimiento de los actores por todo el escenario, aunque quedasen de espaldas al público si ello era adecuado a una mayor naturalidad con respecto a la posición de los otros personajes. Suprimió las candilejas, lo que le motivó no pocas críticas, y buscó la intensidad emocional mediante luces indirectas.

La visión teatral de André Antoine se proyectó en toda Europa: Rusia (Stanislavski y su Teatro de Arte), Alemania (Otto Brahm y su Freie Bühne), Gran Bretaña (Independent Theater de Londres), España (María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza incorporaron algunos de sus principios). Impulsor del realismo psicológico y de la dicción, y enemigo de la declamación, Antoine sirvió de transición hacia Jacques Copeau y los cuatro del Cartel (Cartel des Quatre), y fue el primer maestro de Gémier y Lugné-Poe. Su carácter dominante le llevó a enfrentarse a este último, pues llegó al exceso de creer que el trabajo colectivo implicaba la anulación de las diversas personalidades de los actores. Sin embargo, es indiscutible su puesto de primer regisseur contemporáneo.