Jules-Amédée Barbey d'Aurevilly

(Saint-Sauveur-le-Vicomte, 1808-París, 1889) Escritor francés. Miembro de una familia tradicionalista y monárquica, fue un excéntrico y un dandy en su vida social. Su obra presenta una mezcla de romanticismo exacerbado y de catolicismo ultramontano. Escribió unos 1.300 artículos sobre temas literarios. Algunas de sus novelas y de sus cuentos, ambientados en su Normandía natal, son memorables. Las diabólicas (1874) es su obra maestra.


Jules Barbey d'Aurevilly (detalle
de un retrato de Carolus-Duran)

Barbey d'Aurevilly se sirvió de un estilo depurado para crear una obra audaz y polémica, enmarcada dentro de la tradición literaria de los románticos. Estudió leyes en Caen, donde estuvo influido temporalmente por las ideas liberales. Luego, establecido en la capital, vivió una existencia disipada, entre gustos aristocráticos y refinamientos al estilo de Lord Byron, y colaboró en varias revistas; tras la quiebra de una sociedad industrial que arruinó a su familia, hubo de ganarse la vida modestamente en el periodismo.

Originario de una familia aristocrática y católica, integrado de buena gana en la sociedad burguesa y cercano a las clases aristocráticas parisinas, Jules d'Aurevilly adoptó la postura de un dandismo extravagante. Fue un defensor del catolicismo y de la Inquisición, más por sus implicaciones estéticas que por su significación moral. Creyente, tradicionalista y ferviente defensor de la monarquía, su retórica influyó en escritores como Léon Bloy, Georges Bernanos y Ramón del Valle-Inclán.

En sus novelas, que algunos críticos consideraron como un retorno al idealismo, cultivó una prosa sutil, provocadora y satírica, en la que mezcló elementos realistas y fantásticos. En la construcción de sus relatos trágicos logró fuertes efectos de contraste asociando la violencia de los sentimientos extremos con una fría descripción de los hechos. Aún vacilante en sus primeras novelas entre las influencias románticas, el documento realista y el "style artiste" de los Goncourt (El amor imposible, 1841; El anillo de Aníbal, 1843), su originalidad se fue concretando a partir de Una vieja dueña (1851).

Una mezcla idéntica de sensualidad y religión informó sus obras sucesivas: La hechizada (1854), El caballero de Touches (1864), Un cura casado (1865) y los célebres cuentos reunidos en el volumen Las diabólicas (1874), que fue condenado y recogido. Jules Barbey d'Aurevilly se defendió alegando querer únicamente "asustar al vicio con la descripción de escenas reales en todo su horror", y volvió sobre los mismos temas en Una historia sin nombre (1883) y Lo que nunca muere (1884). De su obra ensayística destacan El dandismo y Jorge Brummel (1845), y sobre todo Obras y hombres del siglo XIX (1861-1865), una serie de estudios literarios y dramáticos en la que demostró su agudeza y perspicacia crítica.

Dos mujeres le amaron: Madame de Bouglon, católica ferviente que le curó del alcoholismo, y la atea Louise Reid, la cual le asistió con gran paciencia. Léon Bloy le hizo objeto de un verdadero culto. El favor del público aumentó en sus últimos años gracias a los simbolistas, quienes sobrevaloraron el mérito de las alucinantes transfiguraciones que en sus páginas se manifiestan.

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