Clemens Brentano

(Clemens Maria Brentano; Ehrenbreitstein, 1778 - Aschaffenburg, 1842) Narrador y dramaturgo alemán, miembro del grupo de escritores románticos dedicados al estudio del folclore y la historia germánicos y uno de los maestros de la literatura fantástica romántica.


Clemens Brentano (retrato de Emilie Linder, c.1837)

Hermano de la también escritora alemana Bettina Brentano, Clemens Brentano era hijo del comerciante Antonio Pedro Brentano, de origen italiano, y de Maximiliana la Roche, amada en su juventud por Goethe. Tuvo una educación irregular, singularmente por el carácter mudable de su alma sensible y a causa de una extremada fantasía, peculiaridades que hicieron inestable toda su vida.

Reacio a seguir las actividades mercantiles de la familia, Clemens Brentano intentó estudiar ciencias jurídicas en Halle, donde entabló una fraternal amistad con Achim von Arnim; luego pasó a Jena, centro entonces (1798) del primer cenáculo romántico. Participó en los debates del grupo y sorprendió a sus contertulios con una «novela silvestre», Godwi (1799-1801), inspirada en Wilhelm Meister y en la que intercaló algunas bellísimas poesías (como la celebérrima Balada de Loreley) entre las incompletas peripecias del protagonista.

La obra fue como una prefiguración de la historia íntima de Clemens Brentano, que en una comedia no menos singular, Ponce de León (1801), enviada sin éxito a un concurso establecido por Goethe y Schiller, se señalaba a sí mismo el matrimonio como camino de salvación. Al casarse (1803) con una escritora mayor que él, Sophie Mereau, el autor esperaba románticamente hallar la feliz unión de vida y poesía. Tras "un poco de paraíso y mucho infierno", en tres años nacieron y murieron otros tantos hijos, el último de los cuales falleció junto con la madre.


Clemens Brentano

A partir de entonces Clemens Brentano anduvo errante en busca de apoyo; se acogió a la amistad de Achim von Arnim, con el que editó la conocida colección de cantos populares El cuerno maravilloso del niño (1806-1808, en tres volúmenes), que proporcionó fresca linfa a la joven poesía alemana, y cooperó en la idealización de la Edad Media con diversos textos aparecidos en la revista Zeitung für Einsiedler. Brentano pensó también en reunir una colección de cuentos; pero juntó muy pocos, y prefirió refundir artísticamente algunos del Pentamerón de Giambattista Basile (los mejores) y desarrollar en Cuentos del Rin (escritos hacia 1811) temas populares en una especie de epopeya llena de significados míticos.

Un grandioso conjunto épico de poemas asonantados (de los que sin embargo sólo llegó a componer veinte, escritos entre 1804 y 1812) habían de constituir los Romances del Rosario, que relatan una historia de culpa y redención ambientada en la Bolonia del siglo XIII. Los infortunios de un nuevo y desgraciado matrimonio le indujeron a buscar refugio entre los parientes y amigos: en Landshut, junto al jurista Friedrich Karl von Savigny; en Berlín, como compañero de Heinrich von Kleist y Achim von Arnim en la preparación literaria de la agitación política; residió asimismo en Bohemia, donde escribió el poema dramático La fundación de Praga (1812), y en Viena.

De nuevo en Berlín, mientras componía algunos de sus más bellos cuentos (entre ellos, la Historia del bravo Gaspar y de la bella Anita) y relatos legendarios (como la Crónica de un estudiante vagabundo), contemplaba, doliente, el naufragio de su existencia. Había sido siempre un improvisador; su poesía, muy original en algunos pasajes y luego difusa e informe, presentaba en gran parte un carácter fragmentario y era juzgada ahora por Clemens Brentano como una vanidad inútil.

Una amiga, cuya mano había pedido, le indicó el refugio salvador del catolicismo. El poeta volvió a sus prácticas religiosas (1817), pasó seis años junto al lecho de una monja estigmatizada y recogió sus visiones, en las que se inspiró luego para escribir dos libros sobre la pasión de Jesucristo (La dolorosa pasión de Nuestro Señor Jesucristo en las meditaciones de la beata Catalina Emmerich) y la vida de la Virgen María. Puesto nuevamente en camino, vivió en Coblenza, Francfort, Ratisbona y Munich como un peregrino penitente, compuso todavía un cancionero religioso y transformó algunos cuentos de su juventud en pesadas alegorías llenas de los propios remordimientos.