Jean-Luc Dehaene

(Montpellier, 1940) Político belga fue primer ministro del país entre 1992 y 1999. Perteneciente a una familia católica de clase media acomodada, nació en Francia de forma accidental cuando su padre, psiquiatra de profesión, se vio obligado a abandonar su Brujas natal huyendo de la ocupación y posterior represión llevada a cabo por las tropas nazis de Adolf Hitler. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, la familia Dehaene regresó a Brujas, donde el joven Jean-Luc recibió una excelente educación que incluyó estudios de Humanidades y Lenguas Clásicas, tras de lo cual ingresó en el colegio jesuita de la ciudad de Alost. Su formación universitaria la completó en la Universidad de Namur y en la prestigiosa Universidad de Lovaina, en las que se licenció en Derecho y Economía, respectivamente.


Jean-Luc Dehaene

El inicio de su carrera política se produjo en el año 1965, al ingresar en el Sindicato de Trabajadores Cristianos, en el que permaneció siete años, tras los cuales fue nombrado vicepresidente de las juventudes del Partido Popular Cristiano (CVP), puesto en el que se mantuvo hasta el año 1971. Al año siguiente, Dehaene pasó a formar parte del órgano nacional dirigente del CVP, en el que trabajó como asesor del ministro de Obras Públicas, J. de Saeger, durante la presidencia del socialcristiano Eyskens. Entre los años 1972 a 1979, Dehaene desempeñó trabajos similares en distintos ministerios.

Las elecciones generales celebradas el 17 de diciembre de 1978 dieron el triunfo al socialcristiano Wilfried Martens, que nombró a Dehaene su secretario personal y hombre de confianza, para acabar siendo nombrado en diciembre de 1981 ministro de Asuntos Sociales y Reformas Institucionales, cargo que abandonó en 1988 para ser viceprimer ministro y ministro de Comunicaciones y Reformas Institucionales, nuevamente bajo un gabinete presidido por su valedor político Wilfried Martens.

Las elecciones generales del 24 de noviembre de 1991 estuvieron caracterizadas por un sintomático avance político de los grupos de extrema derecha xenófobos y de los ecologistas y el retroceso de los partidos tradicionales. Aún así, Jean-Luc Dehaene salió ganador en dichos comicios gracias a una coalición política, firmada el 7 de marzo de 1992, entre su propio partido y los partidos socialistas de las dos comunidades lingüísticas, la valona (franco-belga) y la flamenca.

La primera legislatura de Dehaene estuvo marcada por la crisis provocada por la creciente deuda nacional, por el colapso de la seguridad social, el desempleo y, sobre todo, por las continuas tensiones surgidas entre las comunidades valona y flamenca. Así pues, Dehaene decidió aplicar una política de tono conciliador con tendencia a relegar, de una manera temporal, la solución de los problemas entre ambas comunidades para dedicarse por entero a las áreas de trabajo y economía, mucho más necesarias que la anterior.

El Parlamento belga aprobó por unanimidad, el 6 de febrero de 1993, la propuesta de Dehaene de reformar el artículo 1º de la Constitución, por el que el reino de Bélgica pasó a ser un Estado federal con monarquía parlamentaria. Tras la repentina muerte del rey Balduino, el 31 de julio de 1993, mientras éste disfrutaba unas vacaciones en España, Dehaene apoyó la sucesión al trono de su hermano Alberto, príncipe de Lieja, oponiéndose a la propuesta inicial de casi toda la clase política de que Alberto cediera el trono a su hijo Felipe.

Partidario y gran entusiasta de los beneficios aportados por la Unión Europea, los miembros de la organización pensaron en Jean-Luc Dehaene como sucesor del socialista francés Jacques Delors al frente de la Comisión Europea en 1994. Pero la propuesta no siguió adelante, aún contando con los importantes apoyos de Francia, Alemania y España, pues el primer ministro británico, el conservador John Major, puso su veto al nombramiento.

A principios del año 1994, el pulso político de Bélgica fue sacudido por el grave caso de corrupción y cohecho que salpicó de lleno a importantes personalidades del partido socialista francófono conocido como el escándalo Augusta, es decir, el cobro de comisiones fraudulentas por parte de políticos socialistas gracias a la compra de helicópteros italianos marca Augusta en el año 1988. El affair forzó la dimisión de varios políticos valones, de los que el más relevante era el por aquel entonces viceprimer ministro federal Guy Cöeme.

Al año siguiente, se descubrió una participación en la trama de socialistas flamencos, lo cual sobredimensionó todavía más el escándalo. Entre éstos últimos se hallaban personalidades tan importantes como el ministro federal de Asuntos Exteriores, Frank Vanderbroncke, y el secretario general de la OTAN. A pesar de ello, Dehaene pudo mantenerse en el Gobierno adelantando las elecciones al 24 de mayo de 1995, en las que renovó su mandato para un segundo período legislativo al conseguir, la misma coalición con la que se presentó, 82 diputados sobre 150.

En su segunda etapa al frente de Bélgica, Dehaene articuló su política interior en torno a dos ejes: solucionar los continuos problemas entre las dos comunidades lingüísticas del país y aplicar una política de rigor económico -para la cual el Parlamento le concedió ciertos poderes excepcionales para gobernar por decreto-, que asegurase a Bélgica un papel relevante en la Unión Europea diseñada tras los acuerdos de Maastricht, objetivo este último que hoy día se ve cumplido con creces, tras el encuentro que tuvo lugar entre los principales mandatarios de la UE el 2 de mayo de 1998 en Bruselas, en el que se aprobó la lista de los once países que integrarían el grupo de vanguardia de la recientemente creada moneda única europea, el euro, en el que Bélgica está integrada de pleno derecho.

Por último, el Gobierno de Jean-Luc Dehaene volvió a soportar una grave crisis, de tipo más social que político, en agosto de 1996, cuando la policía belga descubrió una red de pedarastas que se dedicaban al secuestro, abusos sexuales y asesinatos de menores. El detonante fue la detención de un electricista en paro, Marc Dutroux, pedófilo ex convicto, que había sido puesto en libertad pocos años antes debido al vacío legal existente para estos casos en el código penal belga. Jean-Luc Dehaene tuvo que soportar durísimas críticas por parte de la oposición política, que le acusó de pasividad e incapacidad para resolver el caso.