Jean Delannoy

(Noisy-le-Sec, 1908 - Guainville, 2008) Director cinematográfico francés. Nacido en el seno de una familia protestante, estudió letras en las universidades de Lille y de París. Durante los años veinte comenzó a participar como figurante y posteriormente como actor en algunos filmes mudos gracias a su hermana, la actriz Henriette Delannoy. Dejó su trabajo en un banco para dedicarse por entero al cine.

En 1930 comenzó a trabajar en los estudios de la Paramount en Joinville, donde llegó a ser jefe de montadores. Tres años más tarde dirigió su primer cortometraje, Franches lippées. Entre sus primeras películas destaca Macao, el infierno del juego (1939), protagonizada por Erich Von Stroheim; la película tuvo que ser rehecha por otro equipo al ser prohibida por el gobierno de Vichy y las autoridades alemanas. Su primer éxito fue Un coronel del imperio (1942), una aventura ambientada en tiempos de Napoleón que fue interpretada como una llamada a la resistencia contra la ocupación nazi. Colaboró con Jean Cocteau, que escribió el guión de L'eternel retour (1943), una variación sobre el tema de Tristán e Isolda interpretada por Jean Marais con la que consiguió un gran éxito de público y crítica.

Después de la guerra, Delannoy realizó lo mejor de su producción. La Symphonie pastorale (1946), su mejor y más famosa obra, obtuvo la Palma de Oro a la mejor película del Festival de Cannes. Basada en una novela de André Gide, cuenta la historia de la obsesiva pasión de un pastor (interpretado por Pierre Blanchar) por una muchacha ciega (Michele Morgan), a la que ayuda y protege. Su siguiente película fue Les jeux sont faites (1947), una fantasía con guión de Jean Paul Sartre sobre el amor de un hombre y una mujer más allá de su muerte por asesinato.


La Symphonie pastorale (1946), de Jean Delannoy

Delannoy se consagró como el gran moralista del cine francés de postguerra. Con Dieu a besoin des hommes (1950) consiguió el Premio del Jurado internacional del Festival de Venecia. Durante años ocupó un lugar privilegiado en la industria francesa que le permitió emprender proyectos muy ambiciosos, como la adaptación del clásico de Victor Hugo Nuestra Señora de París (1956), para la que contó con dos estrellas internacionales de la talla de Gina Lollobrigida y Anthony Quinn.

Delannoy fue uno de los directores peor tratados en los influyentes Cahiers du Cinema como representante del "cine de qualité" que imperaba en Francia antes de la irrupción de los jóvenes de la nueva ola, como Truffaut o Godard. Su última gran película fue La princesa de Clèves (1960), adaptación de la novela homónima de Madame de La Fayette, un proyecto no realizado del director Robert Bresson. Durante los años sesenta su carrera decayó hasta que en 1972 abandonó el cine. En los ochenta su obra fue reivindicada. La Academia de Cine francesa le concedió el César honorario a su carrera y volvió a dirigir después de casi quince años de ostracismo.