Steffi Graf

(Stefania Maria Graf; Bruhl, Alemania, 1969) Tenista alemana. Considerada una de las mejores tenistas de todos los tiempos, impuso su hegemonía en las pistas en la década de 1990. En 1982 debutó en los circuitos profesionales, en los que fue consolidándose como una tenista capaz de una gran concentración y con una potencia inusitada en los golpes. En 1987 ganó el Roland Garros y el Masters de Nueva York, y al año siguiente se convirtió en la primera figura del circuito femenino al conseguir la victoria en los cuatro torneos del Grand Slam y la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Seúl. A partir de entonces su nombre empezó a ser sinónimo de victorias, y se convirtió en una de las tenistas más difíciles de vencer. Ganadora en numerosas ocasiones del Open de Australia, de los torneos de Roland Garros y de Wimbledon y del Open de Estados Unidos, entre otros certámenes, diversos problemas fiscales y familiares empañaron un tanto la brillantez de su carrera deportiva en los últimos años de la década de 1990. Se retiró de la práctica activa del tenis en 1999.


Steffi Graf levantando el Roland Garros (1999)

Su padre, Peter Graf, profesor y propietario de una escuela de tenis, se propuso convertirla en campeona. Steffi empezó a practicar a los tres años, con una raqueta de mango recortado. En 1981 ganó el Campeonato Nacional Junior alemán, año en que también se adjudicó la Orange Bowl, un torneo internacional para menores de doce años. Venció en el Campeonato Europeo para jugadoras de hasta catorce años en 1982, poco antes de pasar, con sólo trece años, a ser profesional. Peter Graf hizo construir cerca de su casa una pista de tierra, otra de hierba y otra de cemento, de manera que su hija pudiera preparar todos los torneos sin haber de desplazarse.

En 1984 alcanzó el segundo puesto de la clasificación nacional alemana, se proclamó campeona del torneo de exhibición de Los Ángeles y consiguió pasar a la cuarta ronda en Wimbledon. Pero el momento clave en su ascenso hacia la elite del tenis mundial se produjo en 1985: ese año llegó a las semifinales del Torneo de Flushing Meadows y ganó el Open de su país, el campeonato de la WTA y el Hilton Head, entre otros. En 1986 arrasó en ocho torneos individuales y consiguió vencer a las dos reinas del tenis femenino del momento: Martina Navratilova y Chris Evert.

En 1987 ganó 45 partidos consecutivos y cosechó once torneos (sobre trece disputados), entre ellos su primer Roland Garros, los abiertos de Italia y de Alemania y el Campeonato del Mundo de la WTA (o Masters). Ese año disputó 79 partidos y sólo perdió dos, ambos ante Navratilova (en las finales de Wimbledon y del Abierto de Estados Unidos). En agosto de 1987 alcanzó el primer puesto de la clasificación de la Asociación de Tenistas Profesionales, que desde 1980 sólo habían ocupado Evert y Navratilova. En 1988 se impuso en los abiertos de Australia y Estados Unidos, en Roland Garros y en Wimbledon, convirtiéndose en la quinta tenista que conseguía ganar en un mismo año los cuatro torneos que integran el Grand Slam (con anterioridad lo habían conseguido Don Budge en 1938, Maureen Catherine Connolly en 1953, Rod Laver en 1962 y en 1969, y Margaret Smith Court en 1970).

A partir de entonces, el balance de participaciones en torneos del Grand Slam arrojó un balance demoledor. A lo largo de su carrera sumó 107 títulos individuales del circuito profesional, incluidos 22 grandes: siete victorias en Wimbledon (1988, 1989, 1991, 1992, 1993, 1995 y 1996), seis en Roland Garros (1987, 1988, 1993, 1995, 1996 y 1999), cinco en el Abierto de Estados Unidos (1988, 1989, 1993, 1995 y 1996) y cuatro en el Abierto de Australia (1988, 1989, 1990 y 1994), además de cinco ediciones del Masters (1987, 1989, 1993, 1995 y 1996).

Este increíble número de victorias le permitió liderar la clasificación de la Asociación de Tenistas Profesionales durante 377 semanas (186 consecutivas) a lo largo de su carrera. También tuvo destacadas participaciones en los Juegos Olímpicos (fue medalla de oro en modalidad individual y de bronce en dobles en los celebrados en Seúl en 1988, y medalla de plata individual en los de Barcelona, cuatro años más tarde), así como en la Copa Federación (que ganó como integrante del equipo alemán en 1987 y 1992).

La hegemonía ejercida por Steffi Graf en el tenis femenino durante más de diez años se explica, básicamente, por su poderoso servicio, su inapelable volea, su incontestable drive y, en general, su dominio de toda suerte de golpes, en los que conjugaba potencia y calidad. Gracias a esas cualidades pudo derrotar, en todo tipo de superficies, a jugadoras de la talla de las ya citadas Evert y Navratilova, Gabriela Sabatini, Arantxa Sánchez Vicario, Conchita Martínez, Monica Seles, Jennifer Capriati y Martina Hingis, entre otras. Steffi Graf anunció su retirada en 1999, temporada en la que todavía se proclamó campeona en Francia y fue finalista en Wimbledon; ese mismo año fue galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de Deportes.

Enamorada de los animales, para cuya defensa participó en numerosos actos y organizaciones, lo único que lamentaba de su éxito era no poder llevar una vida normal a causa de las exigencias de la competición. Aprovechaba sus desplazamientos para visitar museos y llevaba siempre consigo a un profesor particular, con el que intentaba recuperar el tiempo dedicado a los entrenamientos. Dos acontecimientos dramáticos incidieron decisivamente en su carrera deportiva. El primero fue el atentado sufrido en Alemania por su gran rival, Monica Seles, a manos de un admirador suyo, que alejó a la serbia de las pistas por un año, sin que posteriormente volviera a alcanzar su nivel de competición anterior. Ello permitió a Graf volver a ocupar con autoridad el número uno del ranking femenino de la ATP. El segundo fue el encarcelamiento de su padre por evasión de impuestos, en agosto de 1995. Peter Graf salió al fin de prisión, para gran alivio de su hija, en noviembre de 1996.

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