José Francisco de Isla

(José Francisco Isla de la Torre y Rojo, llamado el Padre Isla; Vidanes, León, 1703 - Bolonia, 1781) Crítico, literato e historiador español, de la orden de los jesuitas. En 1719 ingresó como novicio de la Compañía de Jesús en Villagarcía de Campos (Valladolid). Estudió filosofía y teología en Salamanca y enseñó en Segovia, Santiago de Compostela y Pontevedra, hasta que fue expulsado de España junto con los demás miembros de su orden. Viajó entonces a Córcega y más tarde se instaló en Bolonia.


José Francisco de Isla

Su primera sátira, titulada La juventud triunfante (1727), recibió fuertes reprimendas de sus superiores, pero continuó publicando textos críticos y humorísticos, como las Cartas de Juan de La Encina (1732), y la Carta escrita por el barbero de Corpa a don José Maymó y Ribes (1758).

Pero su obra más célebre fue la narración novelesca Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1758), cuya escasa acción da pie a una divertida burla contra los predicadores de su tiempo y a su lenguaje trasnochadamente culterano. Publicado con el seudónimo de Francisco Lobón de Salazar, el libro relata el ingreso en una orden religiosa de Gerundio, hijo de campesinos, que aprende a pronunciar farragosos sermones instruido por el ridículo fray Blas.

Las pintorescas descripciones del ambiente rústico y su carácter de caricatura sitúan esta obra en la tradición picaresca, aunque las prolijas reflexiones teóricas sobre la oratoria sagrada merman su intensidad cómica. La primera parte del libro fue un éxito y los 1500 ejemplares impresos se agotaron en tres días.

Debido a las protestas de los que se consideraban aludidos la obra fue prohibida por la Inquisición en 1760, aunque no se pudo evitar que la segunda parte apareciera clandestinamente en 1768. El padre Isla realizó también una traducción de Las aventuras de Gil Blas de Santillana (1787), de Alain-René Lesage, creyendo que el escritor francés había robado el texto a un autor español. Poco después de su muerte se editaron sus Cartas familiares (1786) y sus Sermones (1792).

Fray Gerundio de Campazas

Los extravagantes floreos de la retórica del siglo XVII habían ya servido de blanco a los dardos de los mismos poetas barrocos, como por ejemplo Quevedo, Lope de Vega y Calderón de la Barca; no obstante, su sátira se había mantenido entre los límites de la caricatura verbal. En su obra más famosa, el padre Isla concentra con sarcasmo las matices ridículos en la figura del predicador culterano. El mismo nombre del personaje evoca su afición a un lenguaje rotundo entreverado de gerundios ciceronianos. Como personaje, fray Gerundio es el don Quijote del púlpito, y la intención de la obra del padre Isla no es otra que ridiculizar la charlatanería culterana de la oratoria sagrada contemporánea, igual que Don Quijote de la Mancha había sido una burla de los disparatados libros de caballería.

La acción de la novela se inicia con el nacimiento de Gerundio, hijo del aldeano Antón Zote (Zotico) y de Catania. Escuchando a los frailes predicadores de paso, que no faltan nunca a la mesa de Antón Zotico, el niño aprende precozmente a soltar sus primeras sentencias. Pronto un seglar, tenido por santo porque llamaba "serpientes a las mujeres y cordera a la Virgen", augura que Gerundio será un gran predicador. Animado por estos pronósticos y por los consejos de sus amigos, Antón Zotico pone a su hijo en la escuela con el cojo de Villaornate, que enseña al muchacho extrañísimos preceptos de gramática y de ortografía.

Gerundio ingresa luego en la escuela de gramática latina, regentada por un pedante similar; entra después en un convento y, terminado su noviciado, pasa a estudiar filosofía; pero se muestra más hábil en los juegos de manos en la despensa que en proponer silogismos. Halla por fin un profesor todavía más extravagante, fray Blas, maestro predicador en cuya escuela aprende a argumentar con gran facilidad sobre los más grotescos temas, como el que constituye el asunto de su primera práctica, en el que sustenta la tesis de que no es de menor valor el color verde por no ser amarillo que el azul por no ser rosa.

A pesar de la oposición del Padre Provincial, fray Gerundio es nombrado predicador y su primer sermón público parece a todos digno de fray Blas; los aplausos que recibe están en razón inversa de su comprensión. En vano fray Prudencio intenta volverlo al buen camino. Encargado por fray Blas de pronunciar el elogio fúnebre de un falsario, fray Gerundio alaba las cartas del muerto por la velocidad con que escribía, y sus armas por el cuchillo con que cortaba la pluma. En otra ocasión sostiene que Adán y Eva fueron los primeros sastres porque se cubrieron de hojas al ser expulsados del Paraíso. Se suceden las muestras de sus disparatadas predicaciones, y el autor cierra el relato invitando al lector a decidir si la de fray Gerundio es historia o novela.

Las larguísimas digresiones didácticas que, a modo de verdaderos tratados (de oratoria, de teología o de poética) están intercaladas en la narración, diluyen su escasa acción, de manera que la novela tiene mucho más de pieza satírico-didáctica que de relato. Con todo, la figura de fray Gerundio está dibujada con tan grotesco relieve y significación de máscara que se ha convertido en símbolo de su época. El tipo del predicador que sigue una moda fatua y se aleja deliberadamente de toda norma y lógica aparece tan vivamente caricaturizado que el nombre de fray Gerundio pasó a ser la denominación proverbial del orador extravagante. Los demás personajes, los frailes ávidos y mentirosos, los aldeanos supersticiosos y santurrones, los predicadores ignorantes y presuntuosos y los superiores litigiosos, completan la caricatura. El padre Isla se reveló en esta obra como escritor vigoroso, con una riqueza de invención verbal que recuerda a Miguel de Cervantes y Francisco de Quevedo. Se complace en pormenores y anécdotas y se maneja con desenvoltura en un estilo que ya preludia el siglo XIX.

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