David Lynch

(Missoula, 1946) Director de cine estadounidense. El padre de Lynch, botánico, no escatimaba energías a la hora de viajar de un Estado a otro, analizando recursos forestales. Este constante trasiego hizo del futuro director un niño solitario, afectado por el hecho de no contar con amistades duraderas. Por otro lado, sus progenitores eran bastante convencionales en su modo de vida, así que, siendo ya un adolescente, Lynch comenzó a mostrar su inclinación por aquellas rarezas que pudieran vulnerar la tranquilidad familiar.

De su paso por la Corcoran School of Art, en Washington, se derivó una vocación pictórica que luego pudo enriquecer en la Boston Museum School. En relación a este centro, fue más que notable el influjo de algunos profesores que supieron encauzar en Lynch un deseo de transformar sus pinturas de aire surrealista en cortometrajes experimentales. El primero de ellos, The alphabet (1968), ya era un síntoma de lo que más adelante sería frecuente repetición de temas escabrosos.


David Lynch

Al mostrar ese interés por el cine, la Academia de Bellas Artes de Pensilvania, donde estaba matriculado, subvencionó The grandmother (1970), el primer cortometraje que Lynch exhibió de una forma organizada. Con su estilo aún por cultivar, el director mostraba en ese film a un niño que planta una semilla de la cual crece su abuela. En suma, un recurso metafórico ya explotado por otros artistas, pero que en este caso era planteado con una singular capacidad de sugestión.

Al tiempo que estudiaba y exponía su obra pictórica, David Lynch trataba de acercarse al universo íntimo de artistas como Francis Bacon y Edward Hopper. Esa cuidadosa introspección se combinaba con una ajetreada vida social, pues cambiaba de trabajo a un ritmo frenético. Repartidor de periódicos, conserje, empleado en una tienda de fotocopias: Lynch probó distintos modos de ganarse la vida, aunque ninguno le satisfizo.

En 1970 ingresó en el Center for Advanced Film Studies de Los Ángeles, donde adquirió la destreza técnica necesaria para dedicarse con mayor seriedad al negocio del cine. Con una beca del American Film Institute comenzó el 29 de mayo de 1973 el rodaje de una cinta experimental, Cabeza borradora, que no pudo completar hasta 1977. Se trataba de un filme vanguardista y un tanto pretencioso, pero cuando lo vio Mel Brooks, éste comprendió que había encontrado al cineasta adecuado para dirigir el largometraje que se disponía a producir, El hombre elefante.

La película relataba una historia real, ambientada en Londres en 1884, cuando el doctor Frederick Treves (Anthony Hopkins) descubrió en una feria ambulante a la criatura que llamaban hombre elefante y que en realidad era John Merrick (John Hurt), un joven de 21 años afectado por una neurofibromatosis múltiple que lo convertía en un ser deforme. Con los cuidados de Treves, Merrick demostró ser un hombre bondadoso y sensible que además supo conmover a la sociedad de su tiempo.

El largometraje debía rodarse en blanco y negro, y para ello Lynch contó con la ayuda de Freddie Francis, director de fotografía a quien se debe la melancólica atmósfera que envuelve todas las escenas del filme. Del diseño de producción se encargó Stuart Craig y el maquillaje que convertía a John Hurt en la maltrecha criatura fue obra de Chris Tucker.

Cuando completó El hombre elefante, Lynch ya se había convertido en una de las jóvenes promesas del cine estadounidense. Ahora bien, no fue aquel un momento especialmente feliz en lo que concierne a decisiones profesionales: defendió un proyecto irrealizable, Ronnie Rocket, y además se permitió rechazar la oferta de George Lucas para dirigir El retorno del Jedi (1983). Consiguió con ello ganarse cierta fama de arbitrario, que trató de limitar aceptando la dirección de otro largometraje de gran presupuesto, Dune.

En 1963 la revista Astounding SF había publicado el relato "El mundo de Dune", convertido dos años más tarde por su autor, Frank Herbert, en una saga novelística de gran éxito. En 1972 el productor Arthur P. Jacobs se hizo con los derechos de la novela, que a su muerte pasaron a ser propiedad de Michel Seydoux. En un principio iba a ser Alejandro Jodorowsky el responsable de dirigir el proyecto, que contaría con un reparto compuesto por Orson Welles, Gloria Swansom, Charlotte Rampling, Alain Delon y Mick Jagger, cantante de los Rolling Stones. El equipo de diseño estaba integrado, entre otros, por los dibujantes H. R. Giger y Jean Giraud "Moebius".

Pero cuando la financiación del film se hizo imposible, el productor italiano Dino de Laurentiis compró en 1980 los derechos de la novela y encargó su versión cinematográfica a Ridley Scott, quien declinó la oferta. La hija de Laurentiis, Raffaella, halló en David Lynch un adecuado sustituto, y así fue como el joven director se vio al mando de un enorme equipo de setecientos técnicos, cincuenta actores y 20.000 extras. La filmación, iniciada el 30 de marzo de 1983, transcurrió en los Estudios Churubusco, en México, agitada por constantes presiones. Tanto se criticaron en su momento los resultados, que con el tiempo Dune se ha convertido en un film a redescubrir, lleno de momentos de interés, sobre todo en el terreno estético.

El fracaso comercial de Dune puso en entredicho la carrera de Lynch, quien quiso resarcirse con Terciopelo azul (1986), un curioso homenaje al cine negro que tenía cualidades que lo acercaban a los universos de Franz Kafka y Luis Buñuel. Kyle MacLachlan, un recuperado Dennis Hopper y la casi debutante Isabella Rossellini protagonizaban una historia que se iniciaba con el hallazgo casual de una oreja cercenada y derivaba luego a entornos de violencia y fetichismo.


Fotogramas de Terciopelo azul (1986)
y Twin Peaks (1990)

Tan personal era la propuesta que los teóricos del postmodernismo encontraron en Lynch valores inesperados, sintomáticos de un periodo en que los géneros iban demostrando su invalidez. De acuerdo con esa etiqueta postmoderna, Lynch se dedicó a ofrecer nuevas muestras de su arte, como la colección fotográfica que realizó en 1988 con la colaboración de Linda Mason y Paul Gobel, titulada "Estructuras anímicas postmodernas".

Interesado por el mundo de la televisión, probó luego suerte con un teledrama donde pretendía reformular todas las convenciones del género policiaco, Twin Peaks, emitido por la cadena ABC. El argumento de esta serie giraba en torno al asesinato de Laura Palmer, un crimen lleno de misterio que desataba los demonios ocultos de un original conjunto de personajes. Pero si en un principio Twin Peaks fue una moda, con el tiempo decayó estrepitosamente. Así, aunque Lynch fue premiado en el Festival de Cannes por Corazón salvaje, su carrera comenzó a oscurecerse.

Sus nuevas películas fracasaron en taquilla y el público empezó a desatender las excentricidades del director. En este nivel, intentó poner en marcha la carrera cinematográfica de su hija, Jennifer Chambers Lynch, pero su primer filme no dio los resultados esperados. Cuando el director aceptó realizar un anuncio televisivo por encargo de una firma de tests para embarazo, muchos críticos se preguntaron qué había malogrado la carrera de un creador tan prometedor e influyente. En 1996, después de una relativa ausencia, pareció adquirir protagonismo con Carretera perdida, un filme opresivo e inquietante. En 1999 sorprendió a crítica y público con Una historia verdadera, un filme intimista muy alejado del resto de su obra, y en 2001 volvió a su rebuscamiento y excentricidad habituales con Mulholland Drive.

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