Erich Raeder

(Wandsbek, 1876 - Kiel, 1960) Almirante alemán. Como jefe supremo de la Armada entre 1928 y 1943, Raeder fue responsable del proceso de rearme y reorganización de la flota de guerra alemana en los años finales de la República de Weimar y durante la mayor parte de la etapa nazi.


Erich Raeder

Nació en el seno de una familia de clase media. Tras cursar el bachillerato en el Gymansium de Grünberg (Silesia), en 1894 ingresó como cadete en la Marina de guerra alemana. Tres años después fue ascendido a subteniente y, en 1900, a teniente. Entre 1903 y 1905 estudió en la Academia de Marina de Kiel y se graduó como teniente comandante. Al año siguiente entró al servicio de la Oficina de Información de la Armada imperial, donde se ocupó de labores de archivo.

Entre 1910 y 1912 sirvió como oficial en el yate imperial Hohenzollern, con el rango de capitán de corbeta desde 1911. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) participó en diversas misiones bélicas, entre las que destacó la batalla de Skagerrak (mayo-junio de 1916), en aguas de Dinamarca, por la que fue condecorado. En abril de 1917 fue ascendido a capitán de fragata y al año siguiente se le encomendó el mando del pequeño crucero Köln.

Después de la Gran Guerra, Raeder entró al servicio del mando central de la Marina alemana. En noviembre de 1919 fue ascendido a capitán. Durante esta época redactó para el Almirantazgo un informe en dos volúmenes sobre la actuación de los cruceros en tiempos de guerra (Kreuzerkrieg in ausländischen Gewässern). En 1922 fue ascendido a contralmirante y nombrado inspector de la Marina. Dos años después le fue asignada la comandancia de la flota ligera del Mar del Norte y, en 1925, el mando sobre todas las bases de la Armada en la costa del Báltico. Ese mismo año fue ascendido a vicealmirante. En octubre de 1928 se convirtió en jefe del estado mayor de la Marina alemana al ser elevado al rango de almirante.

A pesar de estar téoricamente al servicio del régimen constitucional de la República de Weimar, durante su mandato como almirante Erich Raeder se negó a cumplir las condiciones impuestas al ejército alemán en el Tratado de Versalles. En este sentido, cabe atribuirle la máxima responsabilidad en el proceso de rearme y reconstrucción de la Marina de guerra alemana. Bajo su férula, la pequeña Marina permitida a Alemania en el Tratado de Versalles se transformó en una potente maquinaria de guerra. Raeder actuó a menudo a espaldas no sólo del parlamento, sino también del gobierno alemán, para ocultar la violación de los pactos de Versalles.

Su implicación en el rearme secreto quedó recogida en un informe sobre la lucha de la Marina alemana contra el Tratado entre 1919 y 1935, publicado en secreto por el Almirantazgo del Reich en 1937. A partir de 1928, el mando de la Armada volvió a ordenar la construcción de navíos Panzer y puso en marcha los programas secretos de desarrollo de los submarinos experimentales U-Boot y E-Boot, además de crear diversos servicios de inteligencia y redes ilegales de financiación.

La actuación de Raeder (que, como comandante en jefe de la Marina, contaba con una gran capacidad de actuación con independencia del gobierno y los organismos de control parlamentario de la precaria República de Weimar) fue decisiva en este proceso de rearme naval y en los planes de atacar Polonia que, al menos desde 1930, acariciaba el alto mando militar alemán.

En 1933, tras la subida al poder de los nazis, Raeder expresó públicamente su apoyo a Hitler y se mostró dispuesto a acelerar el proceso de rearme. Fue el principal artífice de la cooperación entre la Marina y el movimiento nacionalsocialista. En junio de 1934 insistió ante Hitler en la necesidad de desarrollar la flota de guerra para hacer frente a Inglaterra y propuso que, desde 1936, los grandes navíos alemanes fueran armados con el mismo potencial que los navíos británicos del tipo King George.

Raeder convino con Hitler en mantener en secreto el desarrollo de los submarinos U-Boot, en vistas, sobre todo, a no provocar a la comunidad internacional antes del plebiscito del Sarre. Además, se encargó de negociar con Hitler las partidas presupuestarias que se dedicarían secretamente al rearme naval. El 2 de agosto de 1934, fecha de la muerte del presidente Hindenburg, Raeder expresó su apoyo al Führer al prestar un juramento solemne de lealtad no ya a Alemania, sino a Hitler.

En octubre de 1935, en plena reorganización de las fuerzas armadas alemanas, fue nombrado por Hitler comandante en jefe de la Armada. Desde este puesto dirigió la reconstrucción de la flota de guerra alemana y su rearme. Aunque en 1936 se opuso en principio a la marcha nazi sobre la zona desmilitarizada de Renania, después apoyó abiertamente las decisiones de Hitler que conducirían de manera inexorable a la Segunda Guerra Mundial. En 1937 recibió la insignia dorada del Partido Nacional Socialista (NSDAP), en reconocimiento a su labor en pro del régimen nazi.

Pero Raeder no sólo desempeñó un papel importante en el rearme de la Armada alemana, sino que, desde 1933, estuvo también estrechamente vinculado a los círculos políticos del gobierno nazi. En abril de ese mismo año se unió al recién creado Consejo Secreto de Defensa del Reich, y en febrero de 1938 fue nombrado miembro del Consejo Secreto de Asuntos Exteriores. Por lo tanto, tomó parte en las decisiones políticas del régimen desde 1933 mediante su participación activa en los cuerpos consultivos más importantes de la cúpula nazi.

Durante toda esta etapa, Raeder, al igual que Hitler, pensaba retardar la guerra con Gran Bretaña hasta 1944 o 1945, a fin de completar la reconstrucción de la flota de guerra y, sobre todo, de la flota submarina. Pero el devenir de los acontecimientos internacionales provocó el estallido de la Segunda Guerra Mundial mucho antes de lo que esperaba el gobierno alemán, en un momento (1939) en el que el proceso de rearme estaba en su "estadio inicial".

En abril de ese año, Raeder fue ascendido a gran almirante, rango creado expresamente por Hitler para él. Desde entonces dirigió el Seekriegsleistung, el alto mando de la Marina de guerra. En un discurso que pronunció en esa misma época, Raeder declaró su total adhesión al Tercer Reich en su lucha contra "el comunismo y el judaísmo internacional" (no obstante, su antisemitismo era al parecer moderado, pues se negó a relevar a oficiales judíos de la Marina y, junto con Karl Dönitz y Günther Lütjens, protestó en 1938 contra los sucesos de la «Noche de los Cristales Rotos»).

En 1940, siguiendo órdenes de Hitler, dirigió la operación Wese-Ubung contra Noruega. Sin embargo, durante toda la guerra Raeder se mostró partidario de concentrar todos los esfuerzos de la Marina contra Gran Bretaña. Su objetivo era debilitar a los británicos mediante el estrangulamiento de su comercio exterior y sus comunicaciones marítimas a través del bloqueo naval. Se opuso, por tanto, a mantener dos frentes de guerra, como pretendía Hitler al planear el ataque a la Unión Soviética después de la invasión de Noruega y de la ocupación de gran parte de Europa occidental.

Raeder consideraba que no era el momento de atacar la Unión Soviética; convenía asegurarse primero la victoria sobre Gran Bretaña. Al mismo tiempo, defendió una política mediterránea agresiva, cuyo objetivo sería controlar Oriente Próximo, el Canal de Suez y Turquía para garantizar el éxito de un ulterior ataque naval a Rusia. Estas opiniones lo distanciaron progresivamente de Hitler. Por otra parte, desde distintos frentes se le acusó de retardar el desarrollo de la flota de submarinos, que resultaba más eficaz que la flota de superficie. Para defenderse, alegó que el desarrollo de la fuerza aérea restaba recursos a la Marina para completar su programa de rearme.

El 30 de enero de 1943, Raeder presentó a Hitler su dimisión. El motivo de su renuncia fue la decisión de Hitler de dar prioridad a la flota de submarinos (U-Boot-Waffe) frente a los navíos de superficie. En realidad, la flota de superficie, dirigida personalmente por Raeder, había sufrido derrota tras derrota, provocando la ira del Führer, mientras que la flota de submarinos, dirigida por el vicealmirante Karl Dönitz, principal colaborador de Raeder, conseguía excelentes resultados. Finalmente, Hitler forzó la renuncia de Raeder para entregar el mando de la Armada a Dönitz. Raeder fue degradado a comandante supremo y nombrado almirante inspector de la flota de guerra, cargo este puramente honorífico.

En 1945, Erich Raeder fue prendido por las tropas aliadas y juzgado por el Tribunal Internacional de Nuremberg. Hallado culpable del cargo de crímenes contra la paz por su probada implicación en el plan nazi de agresión bélica, fue condenado a cadena perpetua el 1 de octubre de 1946 y encarcelado en la prisión de Spandau, en Berlín occidental, donde permaneció hasta su excarcelación en 1955 por motivos de salud. En 1956-1957 publicó los dos volúmenes de sus memorias, bajo el título Mein Leben (Mi vida). En ellas presentaba a Hitler como una figura heroica y defendía su propio papel en el proceso de rearme de la Marina alemana.