Sancho Garcés I

(?-925) Rey de Pamplona (905-925). Hijo de García Jiménez, se enfrentó a Fortún Garcés por el dominio del reino (905) y extendió sus posesiones al valle del Ebro. Con Ordoño II venció a un ejército cordobés en San Esteban de Gormaz (917), pero fue derrotado por Abd al-Rahman III en Valdejunquera (920). Desempeñó un papel importante en la política de la época y gobernó el condado de Aragón como tutor de su hijo, García Sánchez I.


Sancho Garcés I de Pamplona

Al parecer (ya que la cuestión todavía no ha sido aclarada en todos sus aspectos), Sancho Garcés I de Pamplona logró suplantar a Fortún Garcés (870-905), e instaurar así una nueva dinastía en el reino, la dinastía Jimena, con el apoyo de parte de la nobleza vascona (probablemente de la zona de Sangüesa y Leyre, de donde era natural su padre), de su tío Ramón II de Pallars y Ribagorza y, seguramente, con el de Alfonso III el Magno de Asturias (866-910), interesado en que el reino pamplonés pudiera cerrar el acceso natural de cordobeses y zaragozanos, remontando el valle del Ebro, hacia las tierras orientales de su reino (La Rioja, Álava, Castilla).

Una vez en el trono, Sancho Garcés I se lanzó de manera decidida a someter a los Banu Qasi, que aún dominaban los valles medio y alto del Ebro. Así, derrotó a Lope ibn Muhammad de Lérida, a quien dio muerte (907), y tomó sucesivamente las plazas de Monjardín (905), Cárcar, Falces (917) y Caparroso (917), amenazando peligrosamente la propia Tudela. Al mismo tiempo, por el frente oriental de su reino, lanzó una ofensiva contra el gobernador de Huesca, Muhammad Al-Tawil (911).

Pero sus mayores éxitos vinieron de la estrecha alianza que mantuvo durante todo su reinado con los reyes leoneses, primero con Alfonso III y, en especial, con Ordoño II (914-924). Con Ordoño participó en la expedición por la línea del Duero castellana que se saldó con la conquista de la plaza de San Esteban de Gormaz (917) y, más tarde, con la toma de Arnedo, Valtierra y Calahorra (918), mientras el leonés se hacía con la plaza de Talavera de la Reina (Toledo).

La respuesta del por entonces emir de Córdoba, Abd al-Rahman III, no se hizo esperar. Una poderosa aceifa lanzada en los años 918-919, mandada por el propio emir, rompió la línea del Duero, penetró en el corazón del reino (tomas de Calahorra y Cárcar) y venció a los ejércitos leoneses y navarros en la sangrienta batalla de Valdejunquera (920), a unos 20 kilómetros al suroeste de Pamplona.

No obstante, la dura derrota infligida por el emir no significó una merma territorial, sino únicamente un breve freno en la expansión de Sancho Garcés I hacia el sur del reino. En 923, y de nuevo con su fiel aliado Ordoño II, incorporó a sus dominios las plazas riojanas de Nájera (cedida por el leonés) y Viguera. De esa nueva colaboración surgió también el enlace matrimonial entre Ordoño y su hija Sancha (924), así como el traslado de la sede regia pamplonesa a Nájera, donde se mantuvo hasta 1076, una vez hubo asegurado los nuevos territorios, toda vez que la aceifa andalusí que en 924 saqueó el reino hasta las puertas de la misma Pamplona no tuvo mayores consecuencias.

Sancho Garcés I se preocupó también de fortalecer las fronteras orientales y occidentales de su reino: las primeras, gracias a la tácita tutela que ejerció sobre el condado de Aragón, por el matrimonio de su hijo, el futuro García Sánchez I de Pamplona (925-970), con Andregoto Galíndez, hija del conde aragonés Galindo II Aznar (893-922); por Occidente, según se deduce de la mención (920) a un tal Momo, comes biscahiensis, al parecer emparentado con la nueva dinastía Jimena.

En el ámbito interno, su reinado significó la primera gran expansión territorial de Pamplona, que conllevó el asentamiento prioritario en la zona media del reino, abandonando así de manera definitiva los valles pirenaicos y vascones; la importación de las estructuras sociales y administrativas de las cortes condales carolingias, con la adopción de la tradición hispanogoda; y la consolidación del dominio sobre su territorio, en el que dejó de haber zonas mal controladas por el poder central.

A Sancho Garcés I de Pamplona se debe también la fundación del monasterio riojano de Albelda (923-924). De su matrimonio con Toda Aznárez de Pamplona, a la sazón nieta de Fortún Garcés, tuvo, además de a su primogénito y sucesor García y a Sancha (que, a la muerte de Ordoño II, casaría sucesivamente con el conde Alvaro Herraméliz de Álava y con Fernán González de Castilla), a Oneca, que contrajo matrimonio con Alfonso IV de León (926-931); a Urraca, que casó (¿931?) con Ramiro II de León (931-951); a Belasquita, que enlazó sucesivamente con el comes Momo, con Galindo de Ribagorza y con el noble Fortún Galíndez, y a Orbita, que casó, probablemente, con Al-Tawil de Huesca. A su muerte accedió al trono su primogénito García Sánchez, por entonces un niño, bajo la tutela primero de su tío Jimeno y, a la muerte de éste, de la poderosa reina madre Toda. Fue sepultado en San Esteban de Resa, en las cercanías del Ebro.